Hasta 30% de los votos se definen hasta estar en la casilla

Las encuestas electorales han ocupado gran parte de la discusión sobre las campañas que nos llevarán a votaciones el primero de julio. Algunas han sido desacreditadas por sus resultados y otras cuestionadas por su origen.

Los partidos en contienda, finalmente, han juzgado cada una por sus deliberaciones, que pueden o no beneficiarles. Sin embargo, el INE ha buscado dimensionarlas poniendo en claro que, finalmente, no son más que una herramienta estadística.

Paula Ramírez Hohne, coordinadora de asesores del secretario ejecutivo del Instituto Nacional Electoral (INE)explicó que, aunque los resultados de estas son determinantes, entre el 20 y 30% de los electores, definen su voto hasta llegar a la casilla.

La coordinadora de asesores, señaló que las encuestas tienen funciones específicas, además de ser un termómetro de intención de voto. Al mismo tiempo que revelan preferencias, buscan o sirven para incidir sobre la percepción del electorado.

Así mismo, explicó que las encuestas tienen que estar sustentadas en una base científica que acredite su verosimilitud con herramientas estadísticas rigurosas. Al respecto, el INE registró 321 encuestas que cumplen con los requisitos científicos matemáticos para ser consideradas reales.

Estas herramientas forman parte de la publicidad, pues aunque muchas operan de manera independiente a través de casas encuestadoras, muchas también son contratadas por los partidos políticos, poniendo en cuestionamiento su objetividad.

“No conozco ningún estudio concluyente que pueda señalar que hay una manipulación de la voluntad ciudadana expresada en las urnas a través de las encuestas. Las encuestas son información adicional, un elemento informativo más, que tienen los ciudadanos para formar su opinión y formar su decisión de voto”.

Es complejo comprender si existe un uso fincado en la búsqueda de la manipulación del electorado. La condición científica de cada una de estas asegura que están basadas en datos que pueden ser interpretados con fidelidad.

Sin embargo, estas pueden tener sesgos en su elección de muestras representativas, pero estos sesgos también aparecen dentro de la metodología que utilizó para realizar cada una de ellas. Por otro lado, estas también sirven como herramienta para definir el voto a través del avance o retroceso de cierta preferencia:

“Se habla de la utilidad que tienen las encuestas para el ‘voto útil’. Como ciudadano te puedes dar cuenta qué posición tiene cada uno de los contendientes. Con esa información puedes decidir por quién vas a votar. (…) La opinión pública y la decisión del voto es una definición que la gente toma basado en múltiples factores, desde la conversación familiar o una experiencia particular con el gobierno en turno. Se calcula que entre el 20 y el 30% del electorado define su voto en la urna”.

Saber, también, que el voto es una elección hecha en el momento final, puede hacer que las encuestas tengan otra problemática de origen. No es posible saber si quien respondió lo hizo con honestidad o si cambiará conforme avance el proceso.

Incertidumbre Estadística

Es un riesgo inmanente a estos ejercicios estadísticos, pues miden las sensaciones de elección y panorama en tiempos determinados. Es por eso que muchas casas encuestadoras realizan ejercicios semanales, buscando un patrón de conducta en los electores.

Por otro lado, también es un hecho que estas no representan la forma en que se vota, es simplemente una herramienta que recolecta opiniones variadas y las interpreta de acuerdo a su muestra.

Gráfica: IMO

Ejemplos como el Brexit dan muestra que el ánimo del elector se refleja finalmente en la casilla. Una encuesta, nuevamente, cumple una función informativa, no definitoria del voto real de un ciudadano. (Vía: BBC)

Las elecciones y los procesos de este tipo, se mueven por las sensaciones del elector. Su voto está condicionado por elementos que no son cuantificables ni medibles fielmente por una encuesta, sea cual sea su respuesta.

Estas también sirven para los partidos, para definir estrategias de campaña y buscar modificar esos resultados. Por ello mismo, la autoridad electoral (y nadie, en realidad) puede decir que una encuesta (rigurosamente construida en su método) sea buena mala.

Lo único que se puede hacer es medir, de manera estadística, su fiabilidad en procesos científicos y de rigurosidad numérica estadística. La calidad de una encuesta es definida por cada miembro de la sociedad, que puede adoptarse o no a los resultados de las mismas. (Vía: El Financiero)

Finalmente, la credibilidad de una encuesta es científica y estadística. Sin embargo, esta se puede adoptar a cierto sesgo, que está expresado en la metodología de la misma.

La decisión y el elector

Estas herramientas sirven para aquellos electores que están indecisos. Un votante convencido no se verá afectado (o no necesariamente) por los resultados de las mismas, pero sí es un contenido informativo que ayuda a ese 30% que definirá su voto en las urnas y que si forma parte del muestreo no corresponde a una respuesta fidedigna, que tampoco es medible para un encuestador.

El ejercicio democrático debe estar más allá de las encuestas, porque estás no reflejan tu voto (que es personal, libre y secreto). Que muestren, o no, a un candidato encima de otros no incide directamente en lo que se vierte en las urnas.

El sistema de pesos y contrapesos parlamentarios en la política mexicana asegura que la participación ciudadana, incluso de un partido que no figura dentro de las mayorías ganadoras, pueda tener incidencia en la vida política de cada administración.

Por Freddy Campos | @Freddorific