Medios deben dejar de presentar a presuntos feminicidas como ‘jóvenes promesas que se equivocaron’

Cada día se comenten, en promedio, siete feminicidios. Por lo mismo, cada día, siete personas se convierten en feminicidas. Creemos, por una vieja tradición moral y jurídica, que el crimen es igual a una “desviación” psicológica: los asesinos, secuestradores, narcotraficantes son seres corruptos que se relacionan en una esfera aparte de la nuestra, por eso mismo, todas las personas con las que nos relacionamos, guardamos amistades o compartimos espacios de trabajo no podrían delinquir, menos realizar un crimen violento: los conocemos, no son capaces “de eso”.

El feminicidio (enmascarado como “crimen pasional” las más de las veces) y la violencia de género no se parecen a esos otros crímenes violentos, y las mismas estadísticas lo confirman: no son “monstruos” ni seres perversos los que asesinan a las mujeres por su condición de mujeres, sino hombres. Sin calificativos.

El último caso de un feminicidio mediático, el de Karen Ailén Grodzinki en un hotel de la Ciudad de México, presuntamente, por un actor conocido en su medio y que estaba trabajando en una serie de televisión producida por la cadena Telemundo reavivó una vieja estrategia mediática y, acusan en redes, de complicidad masculina: recuperar lo “normal”, “buena persona” y “brillante” que es el presunto feminicida.

Medios como El UniversalReforma prefirieron buscar entrevistas con el director de la serie y con quienes conocen a Áxel Arenas (el presunto feminicida), que dar una imagen completa de Karen, la argentina víctima de feminicidio que, según una de las líneas de investigación de la misma Procuraduría General de Justicia de la Ciudad de México, podría haber sido víctima de explotación sexual y trata.

“Me sorprende mucho toda esta historia, quiero creer que no es cierta y que todo esto haya sido un error, ojalá. Es alguien a quien le tengo mucho cariño y gratitud por haber estado siempre ahí […] Si yo pudiera describirlo, diría que es una persona muy dulce, muy caballeroso, muy solidario, yo sólo conozco virtudes suyas, no conozco ninguna acción o actitud con la que yo pudiera decir ‘era un tipo problema’, él siempre fue muy colaborador“, dijo a El Universal Roberto Fiesco, director de varios proyectos en los que trabajó Arenas.

El presunto feminicida ya fue vinculado a proceso la madrugada de este jueves y dependerá de la PGJ-CDMX que la investigación no deje impune el feminicidio de Karen, sin embargo, en la respuesta editorial que varios medios han tenido respecto al crimen parece haber una intención de “salvar” la memoria de la “joven promesa” que era Arenas antes del “error” que cometió.

En 2014 se hizo público y sumamente mediático un feminicidio ocurrido en Tlatelolco el año anterior, en junio de 2013. El cuerpo de Sandra, una joven de 17 años, fue encontrado descuartizado en diferentes contenedores de basura de la unidad habitacional. El feminicida, que fue detenido en la ciudad de Guanajuato un par de años después, había sido tercer lugar de la Olimpiada Internacional de Física en 2012 (¡ah!, y tocaba el piano).

Los medios se volcaron sobre una anécdota del feminicida y no sobre su crimen, menos aún sobre la víctima, que quedó invisibilizada, señalada y olvidada por “la joven promesa” que “se equivocó”.

Lo mismo ha ocurrido en varias ocasiones: el feminicida de Mara Castilla, el de Victoria Salas (un skater mexicano famoso y otra “joven promesa”), pareciera que las vidas ejemplares no terminan cuando se trata de racionalizar las acciones de un feminicida.

En buena medida creemos que los crímenes violentos los cometen seres “desviados” porque, así, nosotros estamos lejos de cometerlos, porque están lejos y no hay forma alguna de que nos perdamos tanto en el camino como para cometer un crimen así. De la misma forma, la defensa de los feminicidas que llevaban vidas “normales” (peor aún: “ejemplares”) no es tanto una defensa de los criminales como la defensa de “todos” los que llevan vidas normales.

Nota sobre el presunto feminicida de Karen en Reforma

Nadie quiere saberse capaz de un feminicidio, nadie quiere verse en la situación de saberse capaz de terminar con la vida de una mujer por su condición de mujer, o, como el Reforma escribe sobre el feminicidio de Karen, una “venganza pasional”.

Es hora, para todos, de entender que un feminicida no es un “enfermo”, sino cualquiera, y no hay defensa alguna para su crimen: no es un “error”, es un crimen en el que nada tiene que ver la vida que llevara antes. Es un crimen que se comete porque se puede cometer, porque se sabe que la impunidad, los medios y la sociedad estarán de su lado.

Y ya es hora de que eso deje de pasar.