¿Qué opinan los extranjeros de nuestro Metro?

No existe un solo chilango que no se haya quejado alguna vez del Metro. Incluso los que nunca se han subido a un tren naranja en su vida (sí, los hay) tienen a la mano un amplio catálogo de quejas al respecto: la lentitud, el exceso de pasajeros, la inseguridad. ¿Son legítimas nuestras quejas? Probablemente sí, pero puede que pasemos por alto también ciertas bondades del transporte subterráneo de la CDMX.

Lo crean o no, hay extranjeros que no opinan exactamente lo mismo que nosotros acerca del Metro de la Ciudad de México; de hecho, parece ser que lo aprecian más que muchos nativos. ¿Estarán mal de la cabeza? ¿O los chilangos exageran como solo ellos saben hacerlo?

¿Bueno, bonito y barato?

Ciertamente, los turistas son expertos en percatarse de los milagros que la cotidianidad hace invisibles a los ojos locales; y es difícil imaginar un milagro mayor que mover diariamente a casi 8 millones de personas.

 

‘Limpio y sin grafitis’, decía el autor norteamericano

Este mes un medio californiano publicó un texto, que tuvo gran auge en Reddit, donde confrontaba desde la experiencia el Metro de la Ciudad de México contra el servicio subterráneo de Nueva York. La competencia no es menor: el Metro de la CDMX es el segundo sistema más grande del continente, sólo por detrás del de la Gran Manzana. 

Sin embargo, para el autor, Barry Evans, nuestro Metro es limpio, mientras que el de Nueva York es escandalosamente sucio; el nuestro no tiene grafitis, mientras que el neoyorquino debería ya mejor ser galería de arte urbano.

“Mucho más limpio y barato que el Metro de Nueva York”.

También a su parecer, nuestro Metro es eficiente: según el autor, nunca esperó más de diez minutos a que apareciera un convoy y alabó mucho que en horas pico los trenes pasaran prácticamente uno detrás de otro con escasos 30 segundos de diferencia, mientras que uno puede envejecer esperando un tren en Nueva York. (Vía: Lost Coast Outpost)

Vaya: incluso alabó que casi todos nuestros trenes opten por llantas neumáticas en lugar de ruedas metálicas (cof, cof, Línea 12). Sus halagos son tan amplios que dan ganas de subirse a ese servicio que parece imaginario y que, para colmo, a su parecer es baratísimo: 25 centavos de dólar por viaje es nada en comparación contra el costo que puede tener un servicio semejante en el extranjero.

Un museo con ruedas

¿La opinión de Evans es aislada? ¿Solo él pudo apreciar las bondades ocultas del Metro de la CDMX? Parece ser que no, aunque, por supuesto, hay que matizar tanto piropo. Para muestra está un artículo publicado en el sitio australiano Lindsay.

La autora, Molly McLaughlin, presta especial atención a las cualidades culturales de nuestro Metro: desde el pasaje de librerías entre Zócalo y Pino Suárez hasta el Túnel de la Ciencia en metro La Raza, para la autora un viaje subterráneo es, también, un involuntario paseo turístico que incluso incluye exposiciones en algunas estaciones y hasta ruinas arqueológicas. (Vía: Lindsay)

“No te preocupes de los carteristas sino del sobrecupo”

El sitio de viajes Tripadvisor no tiene opiniones tan lejanas a la de ambos autores. Basta una somera revisión en los foros del sitio de viajes para constatar que los turistas se preocupan mucho por el posible robo de una cartera pero reciben advertencias de otro tipo. La queja o precaución número uno en el sitio de viajes es, por mucho, el sobrecupo.



Por cada turista que pregunta si debe poner los billetes en los calcetines hay diez personas que recomiendan, mejor, que guarde mucho, pero mucho oxígeno en los pulmones, pues los apachurrones y los empujones abundan mucho más que los carteristas en el Metro.

Hay más gente amable que carteristas“, presume un turista; “parece intimidante pero es fundamentalmente seguro“, secunda otro. Todos concuerdan en que el Metro solo tiene un gran defecto: demasiada gente, demasiada gente por todos lados.

En resumen, para los extranjeros los atributos positivos del Metro de la CDMX son la limpieza (al menos en comparación con otras ciudades), el precio (mucho más bajo que el promedio) y el incidental recorrido turístico que implica: bueno, bonito y barato. Pero todos pueden reconocer sin empacho que nuestro Metro, el noveno más grande del mundo en movimiento de pasajeros, está más que sobrepoblado.

El defecto que opaca todas las bondades

Pero hay un punto terrible de nuestro sistema de transporte que opaca todos sus posibles atributos: la seguridad para las mujeres. El Metro de la Ciudad de México es el segundo más inseguro del mundo para las mujeres, sólo detrás de su homólogo en Bogotá (aunque es, más bien, un metrobús). (Vía: Washington Post)


A pesar de las cámaras y los vagones exclusivos, el acoso hacia las mujeres sigue siendo el gran talón de Aquiles de nuestro sistema de transporte
. ¿La razón? La ineficiencia en seguridad que hace creer a los acosadores que sus acciones no tienen consecuencias. Así lo demostró un estudio del mismo Metro que por años entrevistó a los acosadores detenidos en los túneles.

“El segundo sistema más inseguro del mundo para las mujeres”.

Este ominoso problema no pasó desapercibido para la prensa internacional: en una nota del L.A. Times, por ejemplo, se narra, no sin sorpresa, el infructuoso intento de Mancera de revertir el acoso con silbatos. Sí: también en el extranjero sienten pena ajena de lo obtusos que pueden ser nuestros gobernantes.

Visto así, todas las posibles maravillas que describen algunos extranjeros de nuestro Metro dejan de ser fuente de orgullo cuando nuestras autoridades son incapaces de garantizar la seguridad de la mitad de la gente que sube a los vagones cada día.

Sería preferible tener un Metro donde ninguna mujer fuera acosada, aunque dejara de costar cinco pesos y se llenara de grafitis. Y, por cierto, tal vez los turistas no lo sepan, pero en el 2017 aumentó un 207% el número de robos en el Metro. Así que, en resumen, el Metro solo es relativamente limpio y muy barato. 

Aun si fuera horrendo y sucio, el cariño de los chilangos hacia el Metro no está en duda. La seguridad de las mujeres, eso sí, es una estación pendiente en el recorrido.