El marxismo cultural existe… como teoría de la conspiración

Y como toda teoría de la conspiración, es un chiste muy mal contado
El marxismo cultural es una teoría de la conspiración

Un fantasma recorre YouTube, el fantasma del marxismo cultural. Desde hace unos años, múltiples autores de derecha se sacaron de la manga un término sin acreditación alguna en la academia, “marxismo cultural”, con el cual buscan describir a autores tan distintos como Benjamin o Foucault.

Para ejemplo están los videos y textos de Jordan Peterson, quien aunque ha dicho que no ha leído a Marx habla mucho sobre él y sus lectores. Peterson es psicólogo, autor de autoayuda popular en círculos de derecha como lo sería Agustín Laje en Latinoamérica. Lo que los hermana es una presunta cruzada contra el “marxismo cultural”.

¿En qué consiste esto? Según estos autores, el marxismo cultural sería la última mutación del marxismo luego del declive de la URSS y el capitalismo de estado. Pero, ojo, a esta tesis otros autores añaden que el marxismo cultural es una conspiración de judíos y masones con el fin de destruir la civilización Occidental.

Peterson afirma que cuando el choque de clases perdió caché, los ideólogos de izquierda atendieron conflictos de otro tipo. A su parecer ya nadie se tragaba el cuento de la lucha de clases y por eso era mejor fijarse en otras luchas, como los conflictos raciales o la liberación sexual.  ¿Describir el conflicto entre negros y blancos es marxismo? No. Ni de lejos. Pero Peterson y compañía lo creen así. ¿Hay una tradición que describe el conflicto en las sociedades? Sí, pero una tradición es muy distinta a un disfraz.

Esto sucede cuando hablas de cosas que no has leído para gente que tampoco lee: el marxismo y el postestructuralismo (que no marxismo cultural) son escuelas distintas con fines y búsquedas dispares.

Mientras el marxismo cree en la lucha de clases, algunos autores postestructuralistas como Foucault describen el ejercicio del poder de una forma que trasciende las clases sociales. Mientras el marxismo ve un peso moral en la causa obrera y de ahí construye un proyecto político, Foucault no moraliza ni tiene proyecto político alguno. Mientras el marxismo es teleológico (es decir, que la sociedad tiene un destino inexorable), los postestructuralistas creen que la sociedad no tienen ningún camino predefinido. Las diferencias son también amplias entre el marxismo clásico y la Escuela de Frankfurt.

Que una escuela o autor describa el conflicto no los hace marxistas. Decir que algo es marxista solo porque señala un conflicto es tan inexacto como decir que somos idénticos al Australopithecus.

El marxismo cultural no es un término académico; muy por el contrario el marxismo cultural es una teoría de conspiración. Esto queda aún más claro cuando escuchas a sus presuntos detractores señalar, por ejemplo, que el marxismo cultural busca terminar con la civilización Occidental y el cristianismo. O que es una conspiración financiada por judíos. O que el marxismo cultural ha reemplazado a la masonería.  

Fue la derecha anglosajona la primera en relacionar el presunto marxismo cultural con la conspiración judeo-masónica, pero ese matiz xenófobo y conspiranoico ha ido introduciéndose lentamente en Latinoamérica. ¿No es irónico que grupos nacionalistas conservadores acudan a ideas “extranjeras”?

Por ejemplo, este autor, Ivo Rocher, se presenta como un presunto experto pero habla de “decadencia” moral en el arte (un término que no tiene lugar en la sociología o la filosofía)  y “judíos”. En cualquier universidad Ivo Rocher hubiera sido reprobado por ignorancia y reprendido por antisemita. Lo mismo sucede con Nicolás Márquez, quien presenta ideas estrafalarias y sensacionalistas, hechas pasar por análisis sociológico, sin rigor ni conocimiento académico. ¿Ustedes tomarían en serio a alguien que cree que “el concepto de hegemonía se creó para destruir la cristiandad”?

En el plano político, el marxismo cultural es un formidable enemigo imaginario, muy útil para la derecha. Es mucho más redituable decir “Son malos porque son marxistas culturales que buscan destruir el cristianismo y a Occidente”, que decir “Son malos porque se oponen al racismo y la homofobia”. Como estrategia política es útil, sí, pero nunca encontrarán un sociólogo o un filósofo que tome en serio el “marxismo cultural”.

No es una escuela crítica, no es un término académico; el marxismo cultural es una teoría de la conspiración y. en el mejor de los casos, es una tomada de pelo con fines políticos. El problema, acaso, es la clase de extremos a los que puede llegar la presunta lucha contra el marxismo cultural; no olvidemos que la masacre de Noruega fue perpetrada por un conspiranoico convencido de que luchaba contra el marxismo cultural. 

Alguien que usa este término o no sabe lo que es marxismo o es un cínico. Basta ver el siguiente video de Habermas, acaso el último gran filósofo vivo, para ver qué tan bobo es el invento del marxismo cultural:

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