El complejo y contradictorio legado de John McCain

El sábado 25 de agosto murió John Sidney McCain III, senador republicano por Arizona, luego de un cáncer cerebral que le fue diagnosticado a finales del 2017. Su presencia, en el Estados Unidos de Trump, era una oposición firme dentro del partido republicano, pero su legado, contrario a lo que personajes como Felipe Calderón y Luis Videgaray escribieron, está muy lejos de la ‘amistad’ con México.

McCain era un republicano poco ortodoxo: más liberal que el promedio de su partido, fue una voz crítica constante respecto al creciente racismo y misoginia dentro de los republicanos y defendió las leyes que defendían los derechos de esas minorías.

Al mismo tiempo, sus cinco años y medio como prisionero de guerra durante la Guerra de Vietnam le introyectó un racismo bastante específico contra la población surasiática y nunca se preocupó mucho por ocultar su anti islamismo.

En su campaña presidencial del 2008 propuso ampliar la barrera fronteriza comenzada a construir por Bill Clinton y reforzada por George W. Bush. Para McCain no había contradicción alguna entre atacar la migración ilegal y, en el piso del Senado, procurar la ampliación de derechos para los migrantes ‘legales’.

Quizá el legado de McCain sería la contradicción latente en Estados Unidos entre el ideal y la praxis: por mucho que se declaró en contra de la ley SB 1070, no hizo mucho en el Senado (y menos como la figura influyente dentro del conservadurismo que siempre fue) para plantear leyes que se le opusieran a nivel federal.

Si bien por su propia carrera personal se convirtió en un duro crítico del gasto opaco de Defensa, no por eso dejó de ampliar año con año un presupuesto que ha sido cuestionado por representantes de ambos lados del Senado y la Casa de Representantes. (Vía: LA Times)

Del mismo modo, la tortura constante de la que fue víctima en Vietnam (y que le dejó secuelas de por vida, como su cojera y movilidad limitada de los dos brazos) marcó su postura frente a las “técnicas avanzadas de interrogación” que se revelaron en 2005 que la CIA usaba contra sus detenidos en sitios secretos y clandestinos como Abu Ghraib y prisiones escondidas en sus bases militares en Alemania.

Sin embargo, cuando tuvo la oportunidad de posicionarse y promover una ley que lo frenara, no lo hizo… o no del todo: la opinión popular tras los ataques del 9/11 y el giro político que logró la administración de Bush lo forzaron a ceder. (Vía: Vox)

Calderón y McCain en Washington, 2011
Calderón y McCain en Washington, 2011

Quizá para lo único que McCain sí fue ‘amigo’ de México fue para la negociación de planes de cooperación de seguridad y narcotráfico, como el Plan Mérida, para el que fue una pieza fundamental. Del mismo modo que su asesoría y cercanía con la diplomacia mexicana significó un apoyo constante para los gobiernos de Felipe Calderón y Enrique Peña Nieto.

En la política interna de los Estados Unidos, McCain fue una voz fuerte contra Trump pero, específicamente, contra quienes realmente han estado gobernando detrás del presidente. Su negativa a la revocación del Obamacare y el trabajo conjunto con los demócratas para el presupuesto de los últimos dos años demostraron la urgencia de voces como la suya (en esos temas).

Como todos los muertos, McCain está siendo aplaudido como un prócer del diálogo, la diplomacia y el bipartisanismo en estas épocas de fanatismos y odio. Quizá él se vio a sí mismo como eso, pero sus acciones, como siempre, hablaron más fuerte que sus discursos.

Por: Redacción PA.