¿Cuál es el proceso por el cual deportan a un migrante en los Estados Unidos?

Tan sólo en 2017, el gobierno de los Estados Unidos deportó alrededor de 226 mil personas. Si bien es un número 6% menor que en el 2016, eso no significa que la situación de millones de migrantes indocumentados sea más segura.

Entre enero y septiembre de ese mismo, ICE (siglas en inglés del Servicio de Inmigración y Control de Aduanas) detuvo alrededor de 311 mil personas por su estatus migratorio, 42% más que el año anterior. (Vía: Reuters)

La deportación no es un proceso sencillo: requiere de un proceso legal y diplomático complejo del que el afectado tiene todo el derecho a defenderse. Por lo mismo, muchos de estos detenidos por ICE pasan meses (si no es que años) en Centros de Migración que son más cárceles que centros de procesamiento de migrantes.

Así mismo, los ciudadanos de países en guerra o en crisis políticas (persecuciones ideológicas, religiosas o étnicas) como El Salvador, países del Medio Oriente, África y Asia, que están en medio de un proceso de solicitud de asilo, muchas veces también terminan en esos mismos centros por el sistema de apelaciones y los tribunales de inmigración.

Varias cortes por todo los Estados Unidos reciben y procesan los casos de asilo y deportaciones. Sin embargo, éstas tienen retrasos hasta de 3 o 4 años. Sin que la mayoría tenga acceso a un abogado de oficio o, a veces, a un traductor, tienen que “encontrar la forma” de convencer a un juez de inmigración de que sus casos son válidos para procesar un asilo político.

Periodistas amenazados, exparejas sentimentales de capos y delincuentes, minorías raciales, religiosas y étnicas perseguidas, todos tendrían derecho a pedir asilo político. De hecho, migrantes bajo este paradigma han crecido exponencialmente en los Estados Unidos, una vez que la administración Obama comenzó a procesar más casos de asilo de países como Myanmar, El Salvador, Guatemala, Yemen e, incluso, Siria y México.

Sin embargo, a diferencia del demás sistema de cortes, éstas no dependen del poder Judicial, sino de la rama ejecutiva: es decir, las decisiones, las políticas y hasta el poder de rebatir una sentencia está en el Presidente de los Estados Unidos, pero en especial, del Secretario de Justicia, quien, en la administración Trump, es un duendecito racista mejor conocido como Jeff Sessions.

Sin certezas a largo plazo (más que el miedo constante a la deportación o a ser detenidos por años en un centro de migración), millones de peticionarios de asilo preferirán la clandestinidad, la vida precaria de los migrantes ilegales, antes de regresar a su país de origen donde, tarde o temprano, podrían ser asesinados.

En estos momentos, la vida de miles de personas dependen de otras dos profundamente racistas (más que xenófobas son racistas). La vida de niños y niñas de 2, 4, 17 años, la de periodistas amenazados por preguntar, la de personas por tener otra religión (o no tener ninguna)… En estos momentos, miles no saben qué será de ellos.