Trump despide a James Comey, director del FBI, único con el poder de investigarlo

El día de ayer, en un movimiento tan sorpresivo como impactante para Washington, la Casa Blanca anunció el despido del director del FBI, James Comey. Primero, a través de cables noticiosos, posteriormente con una carta enviada por Donald Trump a quien, hasta ayer, dirigía una de las principales instituciones judiciales de los Estados Unidos.

Para Comey, la noticia de su despido será una anécdota algo divertida que contar: mientras estaba en las oficinas del FBI en Los Ángeles hablando con empleados de la agencia, los monitores detrás de él que transmitían noticiaron locales informaron de su despido, él lo pensó como una buena broma, pero poco después sería informado de la carta de terminación de la Casa Blanca en su oficina en Washington. (Vía: New York Times)

El FBI es un organismo autónomo de la Casa Blanca, si bien su titular es nombrado por el presidente (y él mantiene todo el tiempo el poder para despedirlo), su nombramiento tiene que ser aprobado por el Senado y, a diferencia de otros puestos en las agencias federales, el periodo de un director del FBI es de diez años para, supuestamente, blindar su posición de interferencia político-electoral.

Comey, que había sido aprobado por una mayoría bipartisana apenas hace 3 años, fue severamente criticado por lo que, para muchos, fue una intervención directa en la campaña presidencial cuando anunció, un par de días antes de las elecciones, que la investigación contra Hillary Clinton sería reabierta sin dar, después, resultados claros respecto a ello. (Vía: The Guardian)

Entonces, Trump aplaudió el “coraje” del director para “enfrentar el sistema quebrado”, pero el cariño por Comey se desvaneció una vez que, ya en la Casa Blanca, el FBI anunció en una audiencia con el Comité de Inteligencia del Senado, que cualquier relación entre el equipo de campaña de Donald Trump y agentes rusos sería investigado.

El despido de quien fuera subprocurador durante la administración Clinton, se hizo a través del argumento de que sus declaraciones sobre la investigación a Clinton rompió el debido proceso, por lo que se calificaba que Comey no podía seguir dirigiendo uno de los pilares de la procuración de justicia de los Estados Unidos, sin embargo, hay una larga serie de problemas con esta justificación.

Primero, quien redactara la recomendación, Rod J. Rosenstein apenas lleva dos semanas en el cargo de subprocurador general, tiempo insuficiente para que él mismo (como dice en el texto que envió a Jeff Sessions y a Donald Trump) lograra una investigación cabal y completa del caso; segundo, la recomendación está fechada el día de ayer, lo mismo que la carta del Procurador General Sessions y la carta de Trump, lo que ha dado oportunidad a no pocos de apuntar que el despido de Comey era algo inminente y que sólo estaban esperando el momento (no el pretexto) para hacerlo; tercero, si el actuar del exdirector fue tan reprobable, ¿por qué esperar tres meses para hacerlo?; cuarto, el despido llega justo cuando la investigación de las conexiones con Rusia está cobrando forma y toca a las puertas del yerno de Trump, Jared Kushner y, posiblemente, del presidente mismo. (Vía: New York Times)

 

Varios demócratas han llamado la acción como algo “nixoniano”, como un guiño a cuando, en medio de la investigación que le costaría la presidencia, Nixon despidió al fiscal especial del caso, lo que llevó a una crisis que aceleró su propia renuncia; sin embargo, sólo en otra ocasión se ha dado el caso de que el presidente despida a un director del FBI: Bill Clinton en 1993, cuando exigió la renuncia de William S. Sessions por un comprobado abuso de su puesto. (Vía: Washington Post)

El despido de Comey es el “canario en la mina” para muchos analistas. Si bien Comey se ganó el repudio tanto de demócratas como republicanos, esto mismo es una muestra de la independencia de un director que era admirado en el Buró y que, en los pocos más de 100 días del gobierno de Trump, había sido un freno constante para la administración. (Vía: Lawfare)

Si Trump logra “salirse con la suya” colocando a alguien leal (por encima de alguien eficaz, comprometido o, cuando menos, leído en el asunto), los Estados Unidos podrían estar entrando a una crisis constitucional como no habían enfrentado.

Nosotros ni nos sorprendemos ante la intervención del Ejecutivo en investigaciones, en instituciones “autónomas” o con que poderes extranjeros “metan mano” en nuestros procesos democráticos (porque siempre supimos quiénes eran y con qué fines), ésta es la primera vez para Estados Unidos, ¿qué tanto estaremos viendo el fin de el mundo como lo conocíamos?