Las dudas y la frustración que rodearon el caso Chimalpopoca

Uno de los edificios que desde los primeros reportes había acaparado la atención mediática fue la fábrica ubicada en Chimalpopoca esquina con Bolívar. 

El edificio dedicado a los textiles se vino abajo dejando a muchas trabajadoras atrapadas en el interior.

No pocos brigadistas comentaron que se habían rescatado a mujeres asiáticas y, paralelamente, se encontró al menos un diccionario español-coreano, lo que movió a pensar que en esa fábrica trabajaban indocumentadas.

Ayer se vivieron momentos sumamente álgidos en lo que fue un edificio a las espaldas de una Bodega Aurrerá en la colonia Tránsito. (Vía: El Universal)

Por momento algunos medios y brigadistas aseguraron que en el edificio había un sótano que podría haber albergado gente, viva o muerta, a la espera de ser rescatada. (Vía: Chilango)

Al paso de las horas y los desmentidos, todo parece indicar que las brigadas habían dado con una cisterna pero no con un sótano.

En el recorrido que hoy hizo Plumas Atómicas, donde se entrevistó gente que estuvo mucho tiempo en las labores de rescate y limpieza, no hubo una sola persona que pudiera ofrecer certidumbre sobre el sótano o cisterna de Chimalpopoca.

Un policía, una mujer de protección civil y un brigadista que paleaba solitariamente, hablaron de una cisterna, con tanta frustración como desánimo.

Todos los entrevistados admitieron que, aún sin tener certidumbre sobre lo que podía o no ocultar el edificio, bien pudieron haber sido presas de otro caso de confusión semejante al de ‘Frida Sofía’ en el colegio Rébsamen.

Es decir: acaso una serie de malentendidos se aliaron con la voluntad de encontrar personas vivas en los escombros. Es comprensible el ánimo de buscar vida a toda costa y la frustración de ver u oír un suspiro humano donde sólo hay piedras, sin embargo, la cisterna de Chimalpopoca impide prestar plena atención a los otros problemas que tenía el edificio. (Vía: Emeequis)

Aunque la tierra se mueve con la misma violencia para todos, son los edificios los que cobran vidas; y no todas las construcciones se hacen con el mismo esmero ni con el mismo rigor, aunque la ley así lo exija: hay temblores para ricos y temblores para pobres. (Vía: Animal Político)

Eso fue sumamente notorio en Chimalpopoca: un talón de pago por poco más de 600 pesos descubierto por un voluntario movió a pensar que en ese edificio se abusaba de indocumentados.

 

Chimalpopoca, como tantos edificios, pudo haber caído, ante todo, por corrupción, un mal más peligroso que los sismos.

El curso de los días podría revelar lo que sucedía en ese edificio antes de desplomarse. Quizás ese sea el misterio más grande ahora.

Plumas Atómicas estuvo presente en dos ocasiones en Chimalpopoca. La primera vez, en el día 20 de septiembre, estuvo presente en un rescate exitoso. La segunda vez, el día de hoy, el desánimo campeaba libremente entre los pocos que aún trabajaban en el sitio. 

La imagen que ofrecían las ruinas era agridulce: se salvaron vidas, pero la incógnita para algunos no desaparece con desmentidos.

Cuando el equipo de Plumas abandonó la zona acordonada, notamos el nombre de una calle, paralela a Bolívar, que nunca apareció en las notas sobre el derrumbe: Triunfo. Un letrero deslavado, un sustantivo casi ilegible; acaso así podrían sentirse los brigadistas que ahora enfrentan la frustración.