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Aurelio Nuño, el presidenciable que es más meme que político

Cuando el Partido Revolucionario Institucional (PRI) anunció que eliminaría los “candados” que limitaban a algunos para postularse como candidatos, dos nombres empezaron a correr en los pasillos del PRI: José Antonio Meade y Aurelio Nuño. Del Secretario de Desarrollo Social se ha escrito mucho, ¿pero quién le ha dicho a Nuño que puede ser presidenciable?

Como muchos otros presidenciables, Nuño nunca ha sido votado para ninguno de los puestos que ha ocupado en gobiernos federales o estatales; su nombre nunca ha perfilado en una papeleta, pero sí en una lista corta de nombres y favoritos. Cercano al canciller Videgaray y un gran mercadólogo para las campañas de Eruviel Ávila y Enrique Peña Nieto, su carrera política ha sido justo eso: construir una marca.

Cuando empezó el gobierno de Enrique Peña Nieto, actúo detrás del escenario, aunque sí se asomaba a veces a ver los reflectores: coordinó campañas tan sonadas como fatales como el Pacto por México y la “Cruzada Nacional Contra el Hambre”, llenas de slogans, logos y discursos que prometieron mucho pero se quedaron, como buena campaña, tan sólo en las promesas (y los escándalos). (Vía: Newsweek)

Desde agosto del 2015, Nuño ha sido el titular de la Secretaría de Educación Pública, entró en sustitución de Emilio Chuayffet, que parecía no poder con la presión social y política de la Coordinadora Nacional de Trabajadores de la Educación (CNTE), ni contra los cuerpos legislativos que se negaban a aprobar la “Reforma” educativa del presidente.

En cuanto entró a la SEP, Nuño tomó un discurso combativo y casi militarista: la campaña “por la educación” se lucharía sin importar contra quién se enfrente… lo de menos era el contenido o si ésta era en realidad reformista, lo importante (y eso aparecía una y otra vez en sus entrevistas e intervenciones) era ganarle a la CNTE y a las secciones “rebeldes” del Sindicato de maestros (SNTE) que por muchas razones se oponían a ésta. (Vía: Excélsior)

Su lucha perdió interés, salió de las primeras planas una vez que más y más maestros aceptaban las evaluaciones pero se enfrentaban a que, en realidad, nada cambiaba en el sistema educativo nacional, y Nuño (otra vez) cambió su imagen completa: ya no era el sargento, sino el chavo buena onda que sonríe con los niños, que acepta uno que otro chiste y que, además, les habla en inglés.

No es raro que los secretarios con más atención mediática se conviertan en “presidenciables” y, en hacerlos, comiencen a lanzar propuestas que son más aire y promesas que políticas bien pensadas, dialogadas y… bueno, políticas. A finales de julio de este año, por ejemplo, Nuño anunció que, para siguiente ciclo escolar (2018-2019), todas las escuelas públicas tendrán clases de inglés… porque lo de menos es que haya piso de tierra, baños ineficientes o una deserción escolar que rebasa el 50%. (Vía: Aristegui Noticias)

Las pifias del secretario de Educación rápidamente se han convertido en virales, y, contrario a la incapacidad de Peña Nieto de “subirse al tren”, el politólogo/mercadólogo Nuño se aprovecha de ellas y explota esta última imagen que quiere dar de sí: un político “joven”, cercano a los jóvenes y a las redes pero “preparado y con experiencia”.

El problema, el grave problema es que nunca ha tenido experiencia gobernando: ha sido asesor, mercadólogo, publicista y diseñador de imagen de pactos, políticas y enfrentamientos, pero nunca ha ganado un espacio por su empatía con los votantes, ni sus políticas han sido… eso: sus políticas.

En buena medida, su figura se parece mucho más a la del Enrique Peña Nieto que improvisa en el estrado (causando dolores de cabeza a todo su staff), que la de un “estadista” o un político tradicional; más que un presidenciable, Nuño será siempre la línea de un chiste que olvidamos cómo terminaba.