Lo que podemos entender (y explicar) de la audiencia de James Comey ante el Senado

Tras la audiencia de James Comey, ex director del FBI, y la respuesta de Donald Trump, su abogado personal y una parte del partido republicano, quedan las lecturas de las declaraciones del ex funcionario, que, si bien no hizo más que confirmar lo que ya había corrido en medios de comunicación, la plena certeza de que hayan ocurrido establece, para muchos analistas, el inicio de un juicio de desafuero (o impeachment) que podría derrumbar la Casa Blanca.

Como ya te lo habíamos platicado, el jueves, James Comey, quien hasta el 4 de abril fuera director del FBI, habló frente a un comité especial del Senado en referencia no a su despido ni a los conflictos de intereses de Donald Trump, sino sobre la posible colusión del gobierno ruso con la campaña presidencial del 2016. Te hemos mantenido al tanto de todo lo que ha ocurrido, sin embargo, lo ocurrido el día de ayer, lo dicho por Comey, ha levantado serias dudas sobre lo que podría hacer alguien como Donald Trump, con todo el poder que tiene, si no es limitado por nadie: ni por el derecho, ni por la diplomacia, ni por los tratados internacionales. Como escribió Benjamin Wittes, asesor legal de la administración de George W. Bush:

Esta es la presidencia de Trump. No hay evidencia de que este presidente sea atado por ninguna cadena: ni abogados, ni normas, ni procedimientos, ni siquiera errores reiterados, de esos de los que aprenden algunos líderes, y, defintivamente, tampoco la mera expectativa que se suele tener de servidores públicos decentes. Pero el problema es que los Estados Unidos sí es responsable por sus acciones—y estamos pagando a diario el costo por ellas, especialmente en nuestras relaciones internacionales, pero también en nuestra gobernabilidad. (Vía: Lawfare Blog)

Cuestionado en varias ocasiones sobre por qué consideró necesario hacer anotaciones sobre sus encuentros con Trump; sobre la exactitud de las palabras dichas por el todavía presidente sobre la investigación penal que su oficina llevaba sobre Michael Flynn; incluso en su declaración inicial, todo apuntó a un solo punto: Donald Trump y todo el equipo de la Casa Blanca mienten y, por tanto, no pueden ser confiables (y, por tanto, el gobierno estadounidense completo no puede ser ni confiable ni sólido con alguien como él al frente). (Vía: Vox)

Como ha ocurrido a lo largo de la administración Trump, los medios a su favor y su personal de prensa han tratado de encontrar la forma de que uno de los golpes más directos a su presidencia sean interpretados por su público (por sus simpatizantes) como positivos: según ellos, la declaración de Comey fue la reivindicación definitiva de Trump, pues confirmó que no había una investigación en su contra y “aceptó que, explícitamente, nunca le ordenó que el FBI abandonara la investigación a su cargo. (Vía: The Guardian)

Algo hay que detenerse un momento a señalar: durante su audiencia, los senadores republicanos no dejaron de preguntar a Comey sobre por qué dijo explícitamente que no a Trump, que sus acciones significaban una violación directa a la cadena de mando y que podría ponerlo en un problema mucho más grave del que estaba tratando de “arreglar”; en este acto de responsabilizar al agredido, muchos están viendo un símil con la revictimización de las víctima de acoso y agresiones sexuales, si bien la comparación es algo estirada, la lógica detrás de ella no es tanto: hay una invisibilización constante del abuso del poderoso (y eso que, en este caso, la víctima es ni más ni menos que el ex director del FBI).

Comey, al contrario de Trump, es un funcionario con una amplísima trayectoria en Washington: sabe tomarse su tiempo, medir sus reacciones y decide de antemano dónde y cuándo enfrentar a sus adversarios, no por nada fue él el que filtró los memos sobre sus reuniones con Trump vía un tercero, esperando que esto desencadenara una reacción que llevaría a su audiencia pública; Trump es un troll, no uno virtual, sino real: vive debajo de un puente y espera a atacar sólo por proximidad, no hay plan, no hay mesura ni estrategia. (Vía: Washington Post)

El abogado personal de Donald Trump (no de la Casa Blanca, no de su administración: su abogado personal, que buscó justo cuando empezó a ponerse complicada la cosa), Marc Kasowitz, lanzó una declaración a las pocas horas de la audiencia de Comey en el que, en el juego tradicional trumpeano, lo llama mentiroso y dice que Trump jamás dijo nada de lo que fue declarado. El staff de la Casa Blanca tuvo que tener entretenido al presidente (sí, como un niño chiquito en un restaurante) para que no tuiteara… le quitaron el castigo en la madruga sólo para dejarnos en claro algo a todos: en un juicio cercano en el que se comparen las declaraciones de ambos, estamos casi seguros de a quién se le va a creer. (Vía: New York Times)