Asamblea Constituyente en Venezuela: ‘única solución’ para Maduro, ‘confirmación del autoritarismo’ para la oposición

Pareciera que Venezuela vive una crisis permanente: inflación, hambre, un gobierno que busca anclarse a como dé lugar en el poder, la amenaza constante de la intervención política y económica (y la memoria de la militar) de los Estados Unidos y la reacción violenta y aterrada de una derecha cada vez más arrinconada y, por lo mismo, peligrosa… Ahora, se enfrenta a una Asamblea Constituyente.

Va un mes de protestas constantes: desde que por un mandato presidencial, Nicolás Maduro disolvió temporalmente la Asamblea Nacional (el poder legislativo venezolano en poder de la oposición), las noticias de protestas y represión en Caracas y por todo el país se han convertido en algo del día a día a lo que, los que vivimos fuera, no podemos encontrarle sentido: ¿cómo un gobierno “de izquierda” utiliza técnicas y aparatos policiales tan semejantes a los de los “de derecha”?, ¿cómo es que la oposición, esa que está manifestándose y tomando las calles -como se hizo en México tras la Noche de Iguala, la represión de Atenco o las elecciones de 1988, 2006 y 2012-, pueda ser apoyada por personas tan… oscuras como Felipe Calderón, Donald Trump o Enrique Ochoa Reza?

Como te hemos informado en estas últimas semanas, una ola de protestas ha logrado unificar la oposición contra Nicolás Maduro: no sólo la oposición chavista “tradicional”, sino, también, miles de partidarios de la “revolución bolivariana” se han unido a Henrique Capriles no tanto por una adhesión ideológica, sino una mera exigencia económica, cuando hay hambre, no hay suficiente consciencia política que resista.

Una de las exigencias de los protestantes ha sido adelantar la convocatoria a elecciones, originalmente planeadas para el 2018, pues, como apuntan, la crisis política, económica y social en la que están enfrentados no permite que ni el gobierno en el poder ni la oposición puedan hacer nada más que enfrentarse sin resultados reales. Parecería que Nicolás Maduro sólo escuchó una parte de esas exigencias, pues por fin ha convocado a algo que involucra elecciones: una Asamblea Constituyente.

La última Carta Magna que fue aprobada por el país fue la de 1999, cuando Hugo Chávez subió al poder y, en medio de su primer victoria, estableció una constitución que estableció y consolidó mucho de lo que constituye el chavismo: autonomía comunal, democracia directa y un sistema legal y político que permitió -hasta hace poco- un sistema económico y político dirigido hacia esas mismas pequeñas organizaciones comunitarias. Los últimos años de Chávez (muerto en 2013) y los que lleva Maduro han llevado a la crisis actual y, aunque no es descabellada la idea de una nueva constitución que se actualice frente a las circunstancias del país, la oposición y los miles que están marchando hoy mismo en las calles de Caracas (y de las principales ciudades de Venezuela) es que ésta sea un pretexto para perpetuarse en el poder, rodeado de un grupo de partidarios cercanos y peligrosamente militarizados. (Vía: El País)

La Asamblea Constituyente estará conformada por 500 miembros que, de acuerdo a lo firmado por Maduro, una mitad de éstos serán elegidos por la estructura comunal, fiel al chavismo oficialista, y la otra, por votación “directa y secreta” en los distritos electorales. Con la mitad de los asambleístas bajo su poder, hay poco que pelear para la conformación de una constitución que, para no alienar a los chavistas más radicales, están promoviendo como una “mejora” de la firmada en 1999.

Julio Borge, presidente de la Asamblea Nacional y uno de los pocos opositores que mantienen un puesto en el gobierno, ha declarado que de lograrse lo que ha propuesto Maduro, podría destruirse uno de los legados de Hugo Chávez: la constitución de 1999. (Vía: BBC)

Venezuela sigue siendo un tema central para América Latina no por el espectáculo de la caída de uno de los gobiernos de izquierda que se suponía más sólidos de la región, sino porque la forma como sus vecinos y los países que tienen intereses económicos y políticos en ella reaccionarán frente a su crisis humanitaria.

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