Chiapas, Anahí y el espectáculo de la política

Tras el sismo de la noche del jueves y los daños masivos que generó en los estados de Oaxaca y Chiapas, los gobernadores de dichas entidades han hecho lo que deben hacer: tomarse cientos de fotos “evaluando los daños y ayudando a las familias”.

El gobernador no sólo es la figura del poder ejecutivo de un estado, sino que también es la representación en una sola persona de los poderes institucionales del Estado, es decir: si se toma una foto en un edificio derruido, si va a hacer una gira a varios países o… es fotografiado comprando en los mejores almacenes de Las Vegas, en buena medida todo el estado lo hace con y a través de él.

Después de que el presidencialismo dejara de funcionar, la gubernatura parece ser, más bien, tan solo un trampolín para los políticos que buscan “la grande” (la Presidencia) o que intentan estar cerca de los círculos cercanos al poder, con diputaciones, curules en el Senado o puestos altos en sus organismos partidistas.

El sexenio de Manuel Velasco termina en 2018, como el de muchos otros gobernadores, y su nombre suena más y más como uno que podría estar en las boletas presidenciales, a pesar de su pésima labor en Chiapas, de las sospechas de corrupción de su gobierno, el retraso generalizado que mantiene su estado o la violencia que fue permeando una entidad que se pensaba “blindada” por su larga tradición de resistencia.

El sismo del jueves, que cobró la vida de alrededor 15 personas en Chiapas y dejó daños millonarios, parece ser un espacio ideal para el espectáculo electoral y político en el que el gobernador Velasco Coelo tiene bastante práctica.

Ataviados con un chaleco verde chillón y gorra blanca, Anahí y Manuel Velasco “inspeccionaron” y ofrecieron su ayuda a los damnificados y deudos por el temblor. En una cobertura mediática y de redes extraña (porque no deja de aparecer la Primera dama chiapaneca abrazando o llorando con ellos), lo importante no parecen ser los afectados, sino cómo le afectan a Anahí las historias de los damnificados. (Vía: Guruchuirer)

Como era de esperarse, las redes se lanzaron contra ella, no como personaje dentro de una narrativa electoral, sino contra ella como mujer por el hecho de ser mujer (nada nuevo dentro de la cultura machista enquistada en las redes sociales). El papel que “juegan” muchas veces las parejas de los políticos, justamente es la de humanizar a sus parejas: como en un espejo, las telenovelas entre las que creció Anahí se reflejan en un conflicto electoral que, parece ser, será de los más disputados de la historia moderna de México.

¿No es tiempo de que, en lugar de atacar a alguien que hace un papel, critiquemos a quien construye la necesidad de ese mismo papel?