Multa de mil millones a afores revela que jóvenes son negocio para todos menos para los propios jóvenes

Esta semana la Comisión Federal de Competencia Económica (COFECE) reveló que multará con mil millones de pesos a cuatro bancos por prácticas monopólicas. Estas afores habían conformado un cártel para evitar traspasos de clientes y así mejoras sus ganancias al ahorrar en publicidad. (Vía: El Economista)

En teoría, las afores son instrumentos de inversión diseñadas para el retiro, donde el trabajador debe obtener considerables ganancias en el largo plazo. Los tiempos indispensables para percibir auténticos réditos son a 20 o más años. Como las cirugías, todo instrumento de inversión conlleva un riesgo, pero las afores son catalogados de los más seguros instrumentos de inversión.

Hasta hace no mucho, los trabajadores no tenían amplia flexibilidad para cambiar de afore según su conveniencia. Muy por el contrario, parte del sistema de retiros estaba amañado para que fueran las compañías quienes dictaran las pautas.

Esas directrices que sólo convenían a las prestadoras de servicio cambiaron para beneficiar la competencia y así a los clientes. Pero, claro, eso no gustó a cuatro bancos que decidieron en lo oscuro limitar el número de traspasos de cuentas para ahorrar así en publicidad, el gasto más fuerte de las financieras.

Tan sabían que lo que hacían era una práctica ilegal y monopólica que todo se hacia en secreto: según declaró la COFECE, el cártel (cuando dos o más actores económicos deciden juntarse para imponer sus reglas) mantenía sus comunicaciones de forma clandestina por correo electrónico.

Sin embargo, la multa millonaria a Sura, XXI Banorte, Principal y Profuturo GNP revela un hecho colateral mucho más tenebroso: la calidad de vida se precariza para las clases medias y trabajadoras pero no para los bancos y demás prestadores de servicios financieros. CONSAR reveló que fueron al menos seis ocasiones en que directores generales de estos bancos realizaron estas operaciones ilegales entre el 2012 y el 2014. (Vía: El Financiero)

Desde que se empezó a desmantelar en México el estado de bienestar que se impuso desde mediados del siglo pasado ha habido muchos ganadores: el gobierno alega que pudo reducir su burocracia (que es sólo parcialmente cierto); el sector privado hace su agosto con servicios que antes proveía el Estado; pero los grandes perdedores somos nosotros: la generación que ronda los treinta años no podrá alcanzar el bienestar económico de sus padres, no porque no se esfuercen sino porque el sistema económico lo impide.

Los millenials (término útil para el marketing pero inocuo en sociología) han demostrado ser en los últimos años un mercado fértil para prestadoras de servicios que antes eran acaparados por el Estado, aun cuando 6 de cada 10 jóvenes carece de una afore. Curiosamente, son ellos mismos, el sector que más cambios de afore hacen; es decir, el público de las afores joven es parcialmente reducido pero altamente exigente. Incluso así, lo que las afores no te dicen es que aunque ahorres mucho es altamente probable que nunca vayas a jubilarte. Las afores son instrumentos indepensables pero no pueden paliar la disparidad económica. (Vía: El Financiero)

Por otro lado, a nadie debe sorprender que la irresponsabilidad criminal de un banco o una prestadora de servicios pueda poner en aprietos a sus clientes; sigue siendo materia de economistas e historiadores la forma en que Lehman Brothers mandó al caño la economía global en 2008 por la falta de controles gubernamentales a sus operaciones. CONSAR declaró que en esta ocasión no hubo afectaciones a los usuarios de los cuatro bancos pero nadie puede asegurar que será igual en el futuro.

Los riesgos de malos manejos con el dinero de los ahorradores son muy acotados pero no inspira confianza que los encargados de recolectar tu jubilación hagan tratos en lo oscuro. La gran duda es si habrá sido suficiente la multa de mil 100 millones de pesos para que estas cuatro afores aprendan.