“Ustedes por nosotras y nosotras por ustedes”: Así fue la primera marcha feminista en Ixtapaluca

Comienza la primera marcha feminista en la historia de este municipio del oriente Estado de México
Marcha feminista Ixtapaluca. Imagen: Dulce Victoria

“Hoy vamos a hacer historia”, dice una joven de 16 años que se dirige en combi a la primera marcha feminista realizada en Ixtapaluca.

La acompaña otra menor de edad y una mujer de más de 60 años. Su emoción se refleja en sus ojos brillosos que se alcanzan a ver en su rostro cubierto por una capucha y un cubrebocas.

Bajan en el Gimnasio Polivalente  —el lugar donde las convocó la Colectiva Libertad Morada Ixtapaluca por redes sociales— ahí las esperan cerca de 50 mujeres y niñas y una decena de policías. Mientras llegan sus demás compañeras, pintan pancartas y terminan de cubrirse el rostro.

Un grupo de mujeres, integrantes de la Red de Mujeres del Oriente, inician un ritual de protección con semillas, flores y copal. Una mujer de la tercera edad sopla el humo a las asistentes para protegerlas.

Minutos después se escucha un grito: “¡Alerta! ¡Alerta! ¡Alerta que camina la lucha feminista por América latina! Es la señal que todas esperaban.

Comienza la primera marcha feminista en la historia de este municipio del oriente Estado de México.

Al frente van las madres de víctimas de feminicidio, cargan lonas con el rostro de sus hijas asesinadas. Detrás de ellas va el contingente separatista. A los costados, las integrantes de la colectiva cuidan a las manifestantes. Al final de la marcha caminan algunos hombres, son familiares o conocidos de las víctimas.

La primera parada es en el Ministerio Público de Izcalli, un lugar descuidado y sucio que mantiene sus puertas cerradas “¡No sirven para nada! ¡Aquí tuvieron dos meses el caso de mi hija y nunca se hizo nada!”, grita la señora Teresa, madre de Alejandra, una joven asesinada presuntamente por su exnovio en abril de 2020 en la colonia Los Héroes. Alejandra era madre de una niña de dos años. A casi un año de los hechos, nadie ha sido detenido por ese caso.

Ahí nombran a todas las víctimas de feminicidio en el municipio y pegan hojas con consignas feministas en las paredes. “¡La policía no me cuida, me cuidan mis amigas!”, gritan mientras las observan los uniformados. Luego continúan su camino sobre la carretera que atraviesa de oriente a poniente el municipio que, debido a la violencia contra las mujeres, cuenta con doble Alerta de Género.

En las bocinas de una combi que va en la cabeza de la marcha suena la canción Vivir Sin Miedo de Vivir Quintana, una de las piezas musicales más representativas del movimiento feminista en México. Mujeres de todas las edades entonan la letra de la canción, pero a algunas se les quiebra la voz al ver la fotografía de Renata, una niña de 13 años que fue asesinada por la expareja de su madre el pasado 24 de noviembre en la colonia Chocolines, a pesar de que su mamá ya había denunciado al agresor y había pedido una orden de restricción. Atrás, los familiares de Renata entregan a los transeúntes folletos con información sobre su feminicidio.

Cada vez son más mujeres las que marchan y la tensión entre ellas y los automovilistas aumenta. Conductores de combis y motociclistas tratan de pasar entre las manifestantes que avanzan ocupando todos los carriles que llevan al Palacio Municipal.

—¡Pinches viejas, dejen de estorbar, váyanse a su casa! —gritan coléricos los choferes mientras tocan el claxon una y otra vez.

—¡Chinga a tu padre! ¡Bájate, culero! —responden las mujeres.

Al mismo tiempo, otros conductores aplauden a las manifestantes y tocan la bocina de sus autos para mostrar su apoyo. Mujeres desde sus casas agitan pañuelos morados y algunos vendedores ambulantes que ofrecen papas o fruta en los semáforos alzan su pulgar como señal de aprobación a las consignas que se gritan.

Llegan a la estación de bomberos de Tlapacoya y ahí realizan la segunda parada. En un puente peatonal, el gobierno municipal de Antorcha Campesina ha colgado una manta que expresa su apoyo a las mujeres con motivo del 8 de marzo. Las manifestantes suben y tapan la manta con otra que ellas realizaron. La propaganda gubernamental queda cubierta con la frase: “Vivas nos queremos”.

La tercera parada es en el Centro de Mando de la Policía Municipal, ubicado enfrente de las grandes letras de colores que tratan de adornar el municipio con la palabra “Ixtapaluca”. Ahí, la señora Karen Reyes, madre de Renata, toma el megáfono y dice:

“El comandante Leonel Bastida se presentó en el velorio de mi hija, dijo que iba a ayudarme con el caso, ahora ni las llamadas me contesta. A mi hija no la mataron en una fiesta, ni en la calle, me la mataron en mi casa, ella estaba durmiendo y el culpable está libre”.

Todas acompañan con consignas las palabras de Karen y protestan porque la doble Alerta de Género no ha sido atendida. Afuera de la estación de policía pegan stickers que dicen: “Ixtapaluca feminicida”.

El recorrido continúa hasta un puente peatonal que se encuentra cerca de la presidencia municipal. Ahí, madres de las víctimas, integrantes de la colectiva y sobrevivientes de violencia corren para romper una lona con propaganda política, en lugar de ella colocan mantas con los rostros de sus hijas. El resto del contingente aplaude la acción y grita: “¡Fuimos todas! ¡Fuimos todas!”.

Finalmente llegan al Palacio Municipal. Familiares de las víctimas de feminicidio toman la palabra. “María del Rosario Arias Castro, quien era directora del Instituto para la Protección de los Derechos de la Mujer y ahora es directora del DIF Ixtapaluca me negó su ayuda. Me dijo que mi hija se lo merecía por puta, que ella se lo buscó. Ya va a ser un año del feminicidio de mi hija y no he tenido justicia. Estoy aquí y agradezco a las chicas que vinieron y a las de la colectiva porque nosotras por ustedes y ustedes por nosotras”, dice la señora Teresa, madre de Alejandra.

Primera marcha feminista en Ixtapaluca. Imagen: Dulce Victoria

Después toma la palabra la madre de Lourdes, una joven que en 2017 fue asesinada y tirada en el canal de aguas negras de San Isidro, ubicado en el límite entre Ixtapaluca y Los Reyes La Paz.

“El caso de mi hija no es muy conocido porque no he tenido quien me ayude a difundirlo. A mi hija la mataron y hay un video pero no quieren que se haga público, ya pedí las demás cámaras y me dicen que no sirven. Ese día, a pocos metros había una patrulla y dicen que no vieron nada. Yo no puedo llorarle a mi hija porque tengo una enfermedad lagrimal y es lo que más me duele”.

Lourdes dejó huérfanos a cuatro niños, el más chiquito tenía 10 meses. Cuando su madre le pidió ayuda a Marisela Serrano Hernández, presidenta municipal de Ixtapaluca, sólo le entregó una despensa. “Mis nietos me preguntan por su mamá y yo trato que no la olviden, les enseño sus fotos y cuando ven una palomita blanca dicen que su mamá vino a verlos”, dice la señora con la voz entrecortada.

“¡No está sola! ¡No estás sola!”, gritan todas. Luego Carmen toma el micrófono. Ella es una sobreviviente de un ataque de ácido. Su expareja la atacó hace siete años. “Me han querido usar para fines políticos, nada más para eso, pero les recuerdo que no pertenecemos a ningún partido político”.

Después de que terminan las participaciones, las manifestantes rayan con aerosol el nombre de las víctimas sobre las puertas de cristal del palacio y arrojan diamantina morada que termina pegada en los vidrios. Queman la propaganda política que quitaron de los postes. Entre las cenizas se ve ardiendo la imagen del presidente Andrés Manuel López Obrador.

La primera marcha feminista realizada en Ixtapaluca, uno de los municipios más peligrosos para ser mujer en México, ha terminado.

Texto: Dulce Victoria

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