La URSS que pudo haber sido: el testamento de Lenin

Cuando nos cuesta trabajo voltear la mirada hacia el pasado inmediato tendemos a construir universos paralelos: “¿qué hubiera pasado si…?”, construcciones igual de complejas (pero igual de inútiles) que los hechos reales que nos negamos a aceptar.

Lentamente, los miembros de los Partidos Comunistas del mundo fueron dándose cuenta de los crímenes y errores de la URSS; lentamente, también, la consciencia sobre el origen del Terror Rojo y las guerras satelitales de la “fría”, comenzaron a develar algo que siempre había estado ahí: algo, en un punto específico desvió el camino de lo que debió de haber sido una utopía.

Para muchos, esa larga cadena de errores comienza con el mismo Marx; para otros, con Lenin, pero, para la gran mayoría, los errores comenzaron inequívocamente con Stalin. ¿Qué hubiera pasado si no hubiera sido el sucesor de Lenin, qué hubiera pasado si a ese hombre se le hubiera expulsado de la URSS y Trotsky hubiera tomado su lugar y se hubieran seguido las “recomendaciones”?

Lenin murió el 21 de enero de 1924, apenas 7 años después de que ganara la Revolución de Octubre. Supo que moriría casi un año antes: su enfermedad crónica le otorgó siempre consciencia del poco tiempo que le quedaba para hacer todo lo que tendría que hacer.

En 1923, en medio de un conflicto grave entre los Comisarios de la recién creada República Socialista Federativa Soviética de Rusia (la parte rusa de la URSS, pues), Lenin escribió su Carta al Congreso, conocido popularmente como su testamento. Según contó Nadiezhda Krupskaia, esposa de Lenin, la carta tenía que se entregada y leída en el Congreso de los Soviets hasta el momento de su muerte.

El texto, dividido en tres periodos, está compuesto de una serie de consejos y llamamientos: a ampliar la base obrera del Comité Central de los Soviets, a mantener constante vigilancia por la contrarevolución… 12 páginas que, en un tono semajante a sus Tesis de Abril consolidan la figura de un político pragmático pero bastante embebido en una teoría que, sabía, no había forma de mantener ortodoxa.

Sin embargo, un añadido, escrito en otro papel y, según fuentes cercanas a Lenin, escondido por él mismo, ampliaba la lista de llamamientos. Estos se centraban en Iosef Stalin, quien ya entonces comenzaba a dar señales de su autoritarismo dentro del Partido: le escribía al 12º Congreso de los Soviets y los invitaba a

pensar en la manera de quitar a Stalin del cargo de Secretario General del partido, con la esperanza de encontrar a uno más tolerante, más cortés y más atento con los compañeros, menos caprichoso.” (Vía: La historia falsa y otros escritos, Luciano Canfora)

Según el filólogo italiano, Luciano Canfora, algo falló en el envío (o recepción) de la addenda de Lenin, pues en ese Congreso nadie sugirió la remoción del Secretario General; pero, ajeno a la noticia, Lenin le envió una carta a Stalin, regañándolo y amenazándolo con romper relaciones con él después de que el Secretario General tuvo una llamada telefónica muy violenta con Krupskaia.

Los conflictos entre Stalin y el resto de los bolcheviques que rodeaban a Lenin tenían una larga historia: rechazo o simple indiferencia frente a alguien que no era, aún, Stalin, sino Ioseb Jugashvili, Koba, un seminarista georgiano. China Miéville, en su historia de la revolución lo resume así:

Un organizador capaz, pero no particularmente brillante. En sus mejores momentos, un intelectual “adecuado”, en los peores, uno vergonzoso. No era ni de la izquierda ni de la derecha bolchevique, sino que se movía con las corrientes. La impresión que dejaba… era que no dejaba una gran impresión. Sukhanov diría de él que no era más que un ‘borrón gris’” (Vía: October, Miéville)

De borrón gris a una mancha que definió la huella de la Unión Soviética con sangre, hierro y terror.

Lenin y su legado: una carta perdida y Stalin

Una carta, un añadido de una carta hubiera cambiado la historia para siempre… o no. Lo que ocurrió tras la victoria de octubre fue una mezcla de realpolitik y cancelación de la utopía, en pos, justamente, de aterrizar la utopía comunista. Los constantes intentos de desarticular la revolución y las decisiones sangrientas, crueles y criminales que se tomaron, pero también los caminos amplios que se fueron abriendo para millones: las promesas que se dieron a las mujeres, a las minorías raciales y religiosas, el origen anti-imperialista de esa Rusia socialista. (Vía: “Why Lenin”, Tariq Ali)

Tal como cierra Miéville su resumen de la historia de Octubre:

Octubre [de 1917] seguía siendo tierra cero para los debates sobre cambios sociales fundamentales y radicales. Su degradación todavía no ocurría, no estaba escrita en las estrellas.
La historia de sus esperanzas, conflictos, tensiones y derrotas que seguirían a 1917 ya fueron contadas y lo volverán a ser. Esa historia, y sobre todo, las preguntas que de ella salen (la urgencia del cambio, de cómo es posible, de los peligros que anidan en él) se prolongan más allá de nosotros. (Vía: October, Miéville)

Carnet de preso político de Stalin
Carnet de preso político de Stalin

Hoy son cien años de la victoria de la Revolución de octubre y, como la carta de Lenin, su legado está en riesgo, pero, también, asegurado en quienes recordamos que necesitamos, con urgencia, aprender de lo peor de sus errores, de lo mejor de sus aciertos.

Por: Redacción PA.