BlacKkKlansman: lo estúpido y risible (y terrible) del racismo

Reseña de BlacKkKlansmen: evidenciar la estupidez del racismo

La última película del multipremiado Spike Lee, BlacKkKlansman, retrata una historia verídica que se siente irreal: un oficial afroamericano se infiltra en el Ku Kux Klan. Y toda la historia no es tanto para platicar la historia de ese oficial, sino para evidenciar lo violento y estúpido del racismo en los Estados Unidos de ahora.

BlacKkKlansman (o, en un horrible ejercicio de traducción, El Infiltrado del Klan) es la última película de Spike Lee. Estrenada en Estados Unidos desde finales del 2018, es contendiente en seis categorías de los Oscar, y en México apenas tiene dos semanas en cartelera.

Spike Lee, desde su primera pieza, Nola Darling (1986), hasta Do The Right Thing (1988), ha sido una de las figuras centrales para hablar de racismo y discriminación en los medios masivos. Su biografía de Malcolm X, del mismo nombre, ha sido señalada como una de las mejores películas biográficas sobre líderes de la lucha por los Derechos Civiles.

La difícil plática sobre racismo y discriminación

La discusión racial en Estados Unidos atraviesa todo: desde la política partidista hasta las premiaciones de la industria cultura. Es la lucha más obvia y con la que más fácilmente se puede convertir en capital liberal, como lo hace Hollywood una y otra y otra vez.

Sin embargo, a pesar de estar siempre en boca de todos, no es discutida a detalle ni con la urgencia e interseccionalidad con la que siempre se anuncia. Esto, porque el racismo es institucional, es complejo y abarca el “alma” y el Estado de Derecho de toda una cultura y una nación.

Desde el 2008, con la llegada de Barack Obama a la Casa Blanca, muchos liberales alzaron los brazos en alegría: con el primer presidente afro en los Estados Unidos era evidente que se había terminado el racismo en ese país… El problema es que el racismo no es fácilmente erradicable, e, incluso que lo sea es debatible.

El mundo “post racial” era una falacia liberal que buscaba ocultar los verdaderos causantes de la discriminación: no se trata de personas, sino de instituciones, leyes e historia: el racismo no es individual, sino estructural, escribió Manning Marable a los pocos meses de la victoria de Obama.

Barack Obama y su familia, la noche de su victoria electoral (Imagen: Especial)

La victoria de Trump y la escalada de los crímenes de odio en todo el país (incluidos los ataques terroristas por extremistas blancos a mezquitas, sinagogas, iglesias negras y protestas pro derechos civiles) es, en términos de Susan Faludi, algo “natural” cuando grupos privilegiados ven en riesgo su posición dominante.

Eso pasa ahora, eso pasó en los Estados Unidos de los 70 y 80, luego de las revueltas sociales de los 60. Por ello, la decisión de Spike Lee de narrar esa historia en ese tiempo no es gratuita: hablar de racismo entonces y ahora, es narrar una historia de derrota, aún entre victorias pírricas.

Ilhan Omar y Alexandra Ocasio Cortez, recién electas representantes demócratas en elecciones del 2018 (Imagen: Especial)

Los problemas de una película necesaria

Bueno, ¿y la película? Quizá BlacKkKlansman no es la mejor pieza de Lee, pero es una necesaria. La dinámica de la pareja protagonista, John David Washington como el novato Ron Stallworth, y Adam Driver como el detective Flip Zimmerman, hace dinámico un guión que si bien es simple, profundiza las complejas relaciones con y frente el poder político y el Estado policíaco.

La comedia que permea toda la obra de Lee no es extraña aquí, y es que la historia en la que se basa no podía no ser tomada, en momentos, con humor: cómo no hacer cagado que un policía negro se hiciera amigo por teléfono del líder nacional del Klan, David Duke.

La película, una pieza de género (“buddy cop movie”), mantiene los ritmos y expectativas de su público hasta la conclusión. El epílogo, esos dos minutos del final, son lo que convierten esta película en una pieza de Spike Lee. ¿Cuál es ese giro? No te lo voy a decir, porque ya eché dos que tres “spoilers”.

Películas como esta no se trasladan fácilmente al público mexicano. Quizá, en parte, porque nuestra propia discusión sobre el racismo mexicano es constantemente cancelada; quizá porque de verdad creemos que es un tema exclusivamente estadounidense… Y ese, también, es un problema grave del racismo mexicano.

Raúl Cruz V. (@rcteseida)