¿Cómo le hizo Wes Anderson para hablar sobre discriminación con perritos en Isle of Dogs?

Isle of Dogs es la última película de Wes Anderson, su segunda animada y, posiblemente, la que tiene una mayor crítica social y política de su filmografía. Y todo lo hizo a partir de perritos que hablan.

Es imposible no reconocer una película dirigida por Wes Anderson: desde el diseño de producción hasta la construcción narrativa de sus películas, su reparto repetido en cada ocasión y los temas recurrentes… El “arte de Anderson” se construyó a partir de la estética del cine alemán y ruso de los 30, pero logró dar la vuelta y, ahora, se convirtió en una marca, una que, de hecho no logra ser repetida por más que haya quienes lo intentan.

Anderson nunca ha sido explícitamente político en sus películas, por mucho que sus personajes constantemente se rebelen contra las expectativas que los encierran. Moonrise KingdomThe Grand Budapest Hotel, incluso The Darjeeling LimitedThe Royal Tenenbaums, todas sitúan personajes inconformes y, hasta cierto punto, gratuitamente rebeldes pues sus luchas no significan ningún cambio real en las estructuras de poder contra las que se enfrentan.

Hotel Budapest, luego de la invasion nazi según Anderson

Sin embargo, eso cambia con Isle of Dogs. Desde la primera aparición del antagonista (con un abierto guiño a Citizen Kane), la película completa gira alrededor de la discriminación y la construcción discursiva de ésta: una enfermedad que aqueja a una población específica de los habitantes de la ciudad ficticia de Megasaki ha ‘obligado’ a las autoridades a aislarlos a todos (enfermos y sanos) en una isla de basura donde han sido abandonados a su suerte.

El destierro de los perros ha provocado discenso en la ciudad: las políticas autoritarias del alcalde de Megasaki se ha enfrentado con oposición política (del ‘Partido Científico’, y cualquier metáfora se queda corta ahí) y manifestaciones civiles en las calles. Sin embargo, nadie se opone directamente ni reta al alcalde excepto su hijo adoptivo, Atari, quien roba un avión del gobierno y llega a la Isla de basura a rescatar a su perro.

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Históricamente, la discriminación y el racismo se han construido no sólo desde lugares comunes, sino a través de justificaciones “científicas”: por siglos, la frenología y la eugenesia justificaron que la ‘raza’ blanca fuera superior a cualquier otra a través de supuestos estudios y verdades irrefutables que, hoy, no son más que chistes aterradores.

Enfermedades y ‘peligros para la población’ siguen siendo utilizados hoy para marcar todo un segmento poblacional: los refugiados sirios y del Medio Oriente y los que buscan asilo en México y Estados Unidos provenientes de Centroamérica se enfrenan a señalamientos de supuestas enfermedades que… o no existen o que tiene toda la población.

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Isle of Dogs es la segunda película animada de Anderson; pero muy poco tiene que ver con Fantastic Mr. Fox, adaptada de la novela de Roald Dahl. Hay quien podría asegurar que el cine de Anderson, como ‘todo en Hollywood’ es inofensivo y un mero juego de artificio, pero en un momento como el que vivimos, nada es inofensivo: todo es político, incluso perritos que hablan y ayudan a un niño a encontrar a su perro perdido.

Por: Redacción PA.