#PuroIris: Sophie, pop para máquinas emocionales

Todos hemos escuchado las peroratas con las que algunos exquisitos suelen descartar el pop corporativo: rara vez propone una ruptura musical, fagocita otros géneros para edulcorarlos hasta la insignificancia, antepone el desarrollo inorgánico de un producto a la creación orgánica de una obra. Todo esto puede ser cierto, pero deja de lado experiencia estética del público, tan legítima como la del público del jazz; y, ante todo, ignora lo que un artista puede lograr cuando deja de lado las fórmulas comerciales, pero no las demás convenciones del género.

Sin duda, Sophie sería el ejemplo más reciente de lo que puede ocurrir cuando un artista retoma las convenciones y las paradojas de un género y las convierte en una obra radical. Oil of Every Pearl’s Un-Insides, su primer álbum de estudio, es una mezcla de baladas artificiosas (“It’s Okay to Cry”) con experimentos donde las voces angelicales no se oponen a los ruidos agresivos que las acompañan (“Faceshopping”).

Hay una anécdota que resume la propuesta artística de Sohpie: en alguna ocasión le preguntaron por el género musical de sus composiciones y ella respondió “publicidad”. Ciertamente, las melodías que propone podrían integrarse en anuncios de perfumes. Retoma una estética mercantilista, cercana al vaporwave, pero la agresividad de sus arreglos y composiciones es mucho mayor.

Tanto el trabajo de Oil of Every Pearl’s Un-Insides como el vaporwave tienen en común que podrían ser el soundtrack de una película semi distópica basada en una novela de Philip K. Dick.

Sin embargo, el trabajo de Sophie es capaz de rebasar la mera sátira del consumismo; aún si su primer compilado, luego de haber producido para Madonna, tuvo el contundente nombre de Product.

“Ponyboy”, por ejemplo, expone toda un ala del BDSM donde los participantes se confunden con estilizados animales. No menos llamativa es “Faceshopping”, donde Sophie aborda una paradoja intensa: solo en un mundo altamente teconologizado, donde el cuerpo puede ser modificado gracias a la ciencia, algunas personas tienen la oportunidad de ser la versión más auténtica de sí mismas, como lo es el caso de la comunidad trans.

En ese tema, Sophie concibe su propia condición trans como un proyecto que roza ciencia ficción de Philip K. Dick; ella narra su pasada transición como una amalgama de “florecimiento artificial” y “realidad sintética”.

Los cambios en su cuerpo tienen un origen inorgánico pero tienen como fin la autenticidad; aliada de un notable uso del oxímoron, Sophie declara hacia el final de un verso: “soy real cuando compro mi rostro”.

Oil of Every Pearl’s Un-Insideses es la obra de pop radical que Denis Villeneuve debería tomar en cuenta para integrar el soundtrack de su próxima película, donde lo artificial no se opone a lo orgánico y lo sintético no opaca lo auténtico: Sophie compone música para máquinas emocionales.

Por @edegortari

Por: Redacción PA.