#PuroIris: El enorme éxito detrás de El mal querer de Rosalía

Un teclado que sigue cuatro acordes sobre una base percusiva flamenca. Ese minimalista inicio de diez segundos ingresó sin mucho apuro en la colección de los minutos más propositivos que haya tenido la música en español durante esta década. Suena nuevo, pero no extraño. Es una entrada intrépida, mas familiar. La canción es “Malamente” y la autora es Rosalía, la artista española que más ha emocionado a propios y extraños en mucho tiempo.

A estas alturas del año, en que para nadie es secreto que El mal querer es el disco que definió el 2018, su éxito se ha diseccionado varias veces desde múltiples aristas. Personalmente, no me interesa tanto la hechura conceptual del álbum de Rosalía como la labor orfebre depositada en cada uno de los tracks. El mal querer es una obra maestra de composición e ingeniería conformada por virtuosas sutilezas.

El mal querer está atravesado de múltiples pequeños gestos de innovación que en conjunto suponen una ruptura frontal con la forma en la que se había desarrollado la música popular en español en el último lustro. Donde uno espera una percusión computarizada, aparecen castañuelas y palmadas. Donde hay un arpegio flamenco, un sintetizador reemplaza a la guitarra.

Acaso el punto que más me impresionó de todo lo ocurrido alrededor del fenómeno que levantó Rosalía en los últimos meses es la forma en que su música es distribuida. El mal querer es un disco compuesto de forma orgánica, pero es vendido de forma corporativa. Por ejemplo, en sus videos colaboró el mismo estudio detrás del video “The Less I Know the Better” de Tame Impala; y la imagen de estos fue construida con el cuidado que se pondría en un video de Taylor Swift.

Pero este empaquetado en ningún momento supuso que Rosalía renunciara a su autenticidad. Ese triunfo es semejante a un chef que coloca su comida en McDonalds sin renunciar a un solo ingrediente cultista de sus recetas.

Por décadas, los malos tratos de las disqueras nos enseñaron que cuando una corporación toma decisiones suele ser en detrimento de una obra y un artista. A veces parecía que maximizar la venta de discos suponía diluir el contenido hasta volverlo irreconocible.

Ninguna de estas viejas atribuciones se ha cumplido en el caso de Rosalía. Su música se ha vendido con un diseño corporativo pero respetando en todo momento su espíritu orgánico. Esta es una victoria de la cual pocos, muy pocos artistas podrían jactarse.

A punto de llegar al final del 2018, sabemos que El mal querer habrá de colarse a muchas listas de lo mejor del año con posiciones protagónicas; y no solo en español. Su afortunado crossover de música flamenca y trap fue seguido por un exitoso crossover hacia el mundo anglosajón, donde Rosalía ha sido recibida con el entusiasmo semejante al que hace 20 años se profesó hacia Café Tacvba en tierras gringas.

En ese sentido, El mal querer es un obra rotunda que, por fortuna, contó con una dedicación enorme luego de su lanzamiento. Hay discos geniales cuya promoción impide el reconocimiento debido y hay discos que son puro hype injustificado. Acaso en unos años recordaremos el lanzamiento de El mal querer como la vez en que todas las reseñas entusiastas fueron exactas y todos los vítores tenían plena justificación porque estábamos ante un disco monumental.

 

@edegortari

Por: Redacción PA.