La adicción a los likes

¿Los likes y la aprobación en las redes sociales son una droga moderna?

Definitivamente es una realidad que con la extensión del capitalismo el mercado de las drogas se diversificó y se volvió imperceptible. Son muy pocos los que hoy advierten que detrás de la inocente y reiterada revisión de sus notificaciones en las diferentes redes sociales; de su incesante pretensión por secuestrar la realidad fotografiando sus platillos, sus objetos, sus vacaciones o sus “galardones”, de su agudizada tendencia por las selfies y su gusto arraigado por compartir los check-in, se esconde una droga poderosa, la de los likes. Una droga capaz de hacer reaccionar a nuestro cerebro de manera similar a los de las personas que consumen cocaína y los que son adictos a los juegos de azar.

En el año 2013, investigadores de la Universidad Libre de Berlín —dirigidos por el psicólogo Dar Meshi— realizaron un estudio en el que pudieron asociar la sensación de aprobación social con el número de likes obtenidos en Facebook. De acuerdo a sus resultados —publicados en The journal Frontiers in Human Neuroscience, tras analizar el cerebro de 31 usuarios de Facebook notaron que la región del cerebro que procesa los estímulos gratificantes se volvía más activa cuando sus contenidos compartidos en la red obtenían “me gusta” o comentarios favorables.

El estudio dirigido por el Dr. Mish reveló que aquellos cuyo cerebro tendía a estar más excitado con las respuestas positivas a sus publicaciones, eran también los usuarios más activos de la red social. A través de este experimento, señalaba Mish, “descubrimos que podíamos predecir la intensidad en el uso de Facebook de la gente fuera del escáner, únicamente observando la respuesta de su cerebro al feed-back social positivo dentro del escáner.”

En México, durante el 2014, el Instituto Nacional de Psiquiatría y el Instituto Tecnológico de Monterrey concretaron un estudio, realizado en Puebla, que confirmaría los resultados publicados por Meshi: Cada like o emoticon genera dopamina, la hormona responsable de las estimular nuestro cerebro y causarnos sensaciones de placer. En palabras de los responsables del estudio:

Es la dopamina la que se libera con cada like, y cuando no se libera la estamos esperando, y cuando ya se liberó mucho se tiene un problema. Ya que si antes sólo se requerían 5 o7 likes para generar dopamina, ahora se esperan entre 20 ó 30 pasa sentirnos liberados.

Entre los resultados se encontró que, en buena parte, a esto debemos que los jóvenes entre 12 y 18 años sean los más propensos a desarrollar adicción a las redes sociales, pues se trata de un sector de la población cuyo cerebro no ha alcanzado la madurez necesaria para ser capaz de inhibir o controlar la producción de dopamina. A medida que el estímulo virtual crece, los “jóvenes adictos” reducen su necesidad de mantener contacto con el mundo real y físico, lo que de manera inevitable se traduce en un escaso o nulo rendimiento social. Una conclusión que no puede sorprendernos si tenemos en cuenta que la adolescencia es la etapa en que más se requiere de la aprobación de los demás y de la sensación de éxito.

Como todos buenos productores, los creadores de Facebook conocían las necesidades de sus consumidores y sobre ellas trabajaron. Uno de los tres principales inversionistas de la empresa, Peter Thiel, advirtió que en el mundo actual es cada vez más común que el valor económico sólo se encuentre en las cosas imaginarias. De modo que para Thiel el éxito de su empresa radica en poder convertir en dinero el deseo de reconocimiento. No en balde afirma que:

“Facebook parece la versión moderna de un viejo dicho referido a Tales de Mileto que ya aprovechó su conocimiento de los astros para hacerse rico alquilando molinos de aceite…”

Todos queremos ser reconocidos, la manera más sencilla y accesible para lograrlo es figurar dentro del mercado de las identidades que Facebook, y otras redes sociales, ofrecen. Ahí se puede ser quien se quiera, volverse el “otro” en términos físicos, intelectuales, emocionales y relacionales sin entrar, aparentemente, en conflicto con la realidad. Como Leonard Zelig, el personaje central de Zelig —una de las mejores películas de Woody Allen—, se puede jugar a ser un camaleón potencial, a ser potencialmente todo, y es mejor cuando dicha reputación parece ser confirmada con los pulgares arriba de nuestros contactos.

Como las drogas convencionales, los likes y las reacciones favorables a nuestras publicaciones funcionan como esa gratificación inmediata e “inofensiva” a nuestras ganas. Sin embargo, como han advertido las investigaciones al respecto, esta droga también es sumamente adictiva. El apetito de reconocimiento virtual crece a medida que el individuo se desconecta de su mundo físico. Cada vez es más frecuente observar casos en los que Facebook y otras redes sociales funcionan como dispositivos de competencia en los que la comparación con las vidas ajenas se convierte en una especie de placebo ante la insuficiencia de nuestra realidad.

En los casos extremos, ciertos especialistas advierten que esta adicción puede demandar de atención médica como cualquier otra conducta obsesiva. Aunque otros, como la reconocida psicóloga Cecile Schou Andreassen de la Universidad de Bergen, Noruega, se mantienen escépticos frente a las conclusiones cuestionando la reducida cantidad de participantes considerados para estos estudios. Al final, puede que la explicación más sencilla también sea la más cierta y que los “pulgarcitos azules” de Facebook sean sólo una de las formas más novedosas y asequibles para interactuar en una época en la que cada vez contamos con menos tiempo para relacionarnos con nuestro entorno inmediato.

Mientras las opiniones de los expertos se dividen y tú decides con cual quedarte, probablemente haya algunas cosas que quieras preguntarte: Cada que subes fotos, reflexiones o cuentas algo de tu vida personal ¿Revisas constantemente para ver si ya te cayó un like? ¿Mientras más acumules más pleno te sientes? ¿Comparas tus likes con los de tus contactos “en competencia”? Y, quizá, la más importante de todas: ¿Si no obtienes los pulgarcitos arriba que esperabas, te viene el bajón?

Finalmente, e independientemente de las respuestas, siempre tendremos el consuelo de esos contactos, más adictos que uno mismo, que en espera de que les devolvamos un like de cortesía, festejen todo aquello que queramos compartir.