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Lo que no sabemos de José Guadalupe Posada

Aunque José Guadalupe Posada es de los mejores grabadores de México, gran parte de su historia se desconoce
A pesar de ser uno de los mejores grabadores de México, Posada murió sin ningún tipo de reconocimiento

Es prácticamente imposible hablar del Día de Muertos sin mencionar a su principal representante, José Guadalupe Posada. El retrato de la Catrina que inició Posada se ha visto replicado en la historia del arte mexicano pues sentó las bases para el grabado del país. Sin embargo, se conoce muy poco de su vida. 

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De hecho, la propia fecha de su nacimiento sigue siendo cuestionada. El historiador Héctor R. Olea no logró encontrar en el Archivo Parroquial de Aguascalientes su fe de bautismo, por lo que el 2 de febrero de 1852 sigue puesto en duda. Igualmente, se conoce muy poco sobre su vida antes de los veinte años.

Se dice que era hijo de campesinos y que descubrió su vocación cuando comenzó a trabajar con su tío, como ayudante en una alfarería. Posteriormente, habría acompañado a su hermano mayor a dar clases y durante la duración de éstas, para no aburrirse, copiaba estampas religiosas o imágenes que se encontraban al reverso de las cartas de la baraja.

Trabajó como aprendiz de litógrafo en el Taller de Trinidad Pedroso donde hacía ilustraciones para el periódico independiente El Jicoso. Se cree que a sus veinte años ya era reconocido por sus caricaturas de funcionarios públicos de Aguascalientes. Cuando Pedroso decide mudar su taller a Guanajuato, Posada lo acompañó en 1870.

Años después se mudó a León, donde se casó con María de Jesús Varela. Según registros, la pareja no tuvo ningún hijo, aunque Posada sí tuvo un hijo fuera del matrimonio, que murió joven. Se cree que llegó a la Ciudad de México en 1880, pero los registros de su obra efectiva inician hasta 1882.

Fue durante su trabajo en la capital que Posada ilustró el corrido El Níquel (que criticaba el gobierno del general Manuel González). Esta ilustración fue tan famosa que Posada comenzó a trabajar con corridos y con cultura popular. 

En la capital, su taller primero estuvo instalado en la calle Santa Teresa y, posteriormente, se movió a la calle Santa Inés. En un reportaje de El Universal, Carlos Villasana y Angélica Navarrete acudieron a la calle de Moneda, donde hubiera estado el taller de Posada. En el exterior hay una placa conmemorativa que fue instalada por la UNAM a los 50 años de su fallecimiento. 

Posada se dedicó a ilustrar la cotidianidad mexicana. Al representar a los ciudadanos como calaveras, no hacía distinción por clase social o raza, contrario a las políticas del momento. En su época, varias personas eran analfabetas, por lo que sus ilustraciones les permitían conocer la situación del país.

La Catrina de Guadalupe Posada.

Posada no fue el primero en trabajar el tema de la muerte, se cree que estuvo en cierta forma influenciado por Fray Joaquín Bolaños, La portentosa vida de la muerte, en la que ésta ya es vista como un personaje. Sin embargo, su caracterización ha trascendido hasta el día de hoy.

A pesar de ser uno de los mejores grabadores de México, reconocido por muralistas como Orozco y Rivera, Posada murió sin ningún tipo de reconocimiento. Su cuerpo descansa en la fosa común del Panteón de Dolores. Su legado, sin embargo, sigue vivo.