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Attack on Titan: Lecciones de fascismo y muros

La obra de Hajime Isayama tiene una clara influencia de Alemania y el nazismo
(Imagen: Studio Wit)

Se preguntarán, ¿qué hace Plumas Atómicas hablando de anime y manga? Pues considerando que hoy se cumplen 30 años de la caída del Muro de Berlín y considerando la temática de Attack on Titan, es el momento ideal de analizar un poco la historia que Hajime Isayama nos empezó  a contar en 2009. Y es que Shingeki no Kyojin es una historia que nos deja importantes lecciones sobre fascismo y muros.

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Trataré de no dar muchos spoilers, pero es inevitable que se haga referencia a ciertos hechos que tal vez algunos no hayan visto o leído, por lo que sugiero que, si no están al tanto del manga de Attack on Titan -o no quieren saber algunos detalles- se detengan ahora.

Attack on Titan

Si siguen aquí, sabrán que Attack on Titan es un manga -y anime- que nos cuenta la historia del personaje principal, Eren Yager, quien vive con sus seres queridos en Shingashina, una ciudad adyacente a la Muralla María, la más externa de los tres muros que protegen a la humanidad de los temibles titanes que devoran humanos y que, supuestamente, mataron al resto de la humanidad cien años antes del inicio de la historia.

(Imagen: Kodansha)

La premisa de Attack on Titan gira alrededor del deseo de venganza de Eren, después de que la Muralla María cayó y su madre fue devorada por un titán. Se enlista en el ejército y jura acabar con todos y cada uno de los titanes. Lo que no sabe es que nada es como cree y que, más allá de los muros que rodean su ciudad, hay un mundo. Un mundo duro y cruel.

Precisamente, es ese mundo más allá de la Isla Paradis -dónde están las ciudades amuralladas- lo que nos remite a la historia de Alemania de principios del siglo XX. Particularmente, la relacionada con el nazismo.

Alemania nazi y antisemitismo

Una de las principales controversias en las que se ha visto envuelto Attack on Titan y Hajime Isyama, son las acusaciones del supuesto apoyo al imperialismo japonés. Uno de los personajes, Dot Pixis, está inspirado en el general japonés Akiyama Yoshifuru, que es considerado un héroe en Japón. Isayama ha admitido que para él, el general es una figura admirable, por sus acciones en la Primera Guerra Sino-Japonesa, Yoshifuru fue responsable de innumerables atrocidades contra Corea y China durante las ocupaciones japonesas de principios del siglo XX.

(Imagen: Studio Wit)

Esto ha valido que el manga de Attack on Titan haya sido prohibido en China y que Isayama se haya involucrado en un debate en Twitter, en dónde negaba las atrocidades de guerra cometidas por los japoneses. Esto hace que el militarismo presente en Attack on Titan sea interpretado como una especie de loa al imperialismos japonés, aunque, más bien, está más cercano a la Alemania nazi.

Cuando Eren por fin descubre el contenido de los diarios de su padre, que estaban escondidos en el sótano de su casa, conocemos la historia de los eldianos: tras gobernar el mundo usando el poder de los titanes -devastando la nación de Marley en el proceso- un rey se avergonzó de lo hecho por su pueblo y orquestó una guerra civil que permitió que Marley se hiciera del control de los titanes. Los marleyanos sometieron a los eldianos que no se refugiaron el la Isla Paradis (cuya memoria fue alterada para no recordar la historia verdadera). Los obligan a usar brazaletes de identificación con símbolos de estrella y son tratados como ciudadanos de segunda clase. Cómo hicieran los nazis con los judíos.

(Imagen: Kodansha)

Hubo indignación cuando se reveló lo que había ocurrido marleyanos y eldianos. Acusaron a Attack on Titan de ser antisemita y fascista, considerando que los eldianos eran los villanos de la historia… pero esto no es así. Porque si algo caracteriza a Shingeki no Kyojin es que no hay “buenos” o “malos”. Sólo hay gente que busca sobrevivir en un mundo retorcido, cruel y muy humano.

Sí, los eldianos son una raza que creó un ejército de titanes para satisfacer sus necesidades expansionistas y de poder. Pero lo mayerlanos ahora usan a esos mismos titanes para controlar el mundo a su antojo. Usan a los eldianos como armas, y, a través de propaganda, los convencen que la única manera de alcanzar la paz es derrotando a los seres que están dentro de los muros.

Muros y más allá

Curiosamente, la caída de los muros en Attack on Titan implicaba un riesgo para la gente que vivía dentro de ellos. Al recluirse ahí, buscaban preservar su vida, su ideología y  evitar cualquier contacto con el mundo exterior. Es una especie de analogía de lo que pasó en la misma Alemania, cuando fue dividida con  el Muro de Berlín. La división buscaba proteger la zona de influencia, una “muralla protectora antifascista”. En Shingeki no Kyojin, los muros, de alguna manera, sirven para protegerse del fascismo manifestado por Marley y preservarse así mismos. 

(Imagen: Kodansha)

La gente dentro de las tres murallas, eran completamente ignorantes de lo que ocurría fuera de esas paredes que los rodeaban. Saben que hay una amenaza, pero no saben realmente que ocurre más allá de esas limitaciones. Son personas que ignoran lo que pasa más allá de esa fronteras. Gente que carece de la información para realmente comprender porque tienen que vivir de esa manera. 

(Imagen: Kodansha)

Tras salir de los muros, tras salir de la Isla Paradis y ver el mundo, los personaje de Attack on Titan se han dado cuenta que el mundo es mucho más complejo – y maquiavélico- de lo que suponían. Han visto que la libertad no necesariamente cumple con lo que promete y ponen en tela de juicio si la humanidad alguna vez terminará con el ciclo interminable de  racismo, xenofobia, odio, ambición y sed de poder que ha marcado su historia.

Attack on Titan, sin  duda, es un reflejo de lo que ha sido la historia de la humanidad. Ahora, nos falta ver como Hajime Isayama decide terminar estar historia, pero no cabe duda que este manga -y anime que terminará tras cuatro temporadas- nos deja mucho espacio para la reflexión sobre nuestra propia historia y las lecciones que seguimos sin aprender.