¡Huye!: No siempre es a lo desconocido a lo que le tenemos miedo

Las películas de terror dependen de algo más profundo que un monstruo aterrador, más que un susto repentino o una música asfixiante: una buena película de terror necesita conocer a profundidad nuestros miedos. No todos tememos lo mismo porque no todos tenemos las mismas experiencias de vida. ¡Huye!, la primera película de Jordan Peele, plantea un giro a lo que “normalmente” llamamos “terror”: no es a lo desconocido (la muerte, el Otro), sino a lo que conocemos a lo que hay temer.

La historia de ¡Huye! es bastante sencilla: una chica blanca tiene una relación con un joven negro y, contrario a la recomendación de su mejor amigo, él irá a conocer a su familia política que, superficialmente, parecen una familia blanca normal, incluso son bastante liberales respecto al uso de drogas recreativas y, constantemente, insisten en que, de haber podido, hubieran votado por Barack Obama para un tercer periodo en la presidencia.

Peele apuesta por algo: un comentario a los Estados Unidos que, justamente, se dicen “pos-raciales” por haber votado por un presidente afroamericano. La idea de lo “pos-racial” no es tan compleja: pensar que “en estos tiempos” ya no hay racismo porque “las cosas ya no son como en los 50”, porque “ganó” la lucha por los Derechos Civiles de los 60, porque hubo un presidente negro en la Casa Blanca —cualquier parecido con el mundo “pos-feminista”, en el que el feminismo es una exageración porque “ya las cosas no están tan mal”, no es pura coincidencia, forma parte de la misma lucha. Sin embargo, como menciona Manning Marable, la victoria de Obama no significó en ningún momento que el racismo, como construcción social y política, haya sido derrotado, más bien, encontró formas de esconderse, de cambiar su discurso e, incluso, hacer mucho más difícil entender y delinear las relaciones de poder entre lo “blanco” y lo “negro”. (Vía: Marable, Beyond Black and White)

Las películas de terror tradicionales juegan con lugares y personajes ya pensados como “peligrosos”: un bosque, la noche, incluso la infancia (como el caso de Chucky, o Pesadilla en la calle del infierno) y la Mujer (así, con mayúsculas); pero en ¡Huye!, el agente del miedo es lo que, en cualquier otra circunstancia, sería llamado “lo normal”: una casa en los suburbios, una familia blanca liberal, una comunidad que, aparentemente, es unida y, de nuevo, blanca.

Chris Washington (Daniel Kaluuya) se sabe ajeno en una comunidad como esa y, por tanto, se sabe vulnerable cuando las únicas dos personas de color son “servidumbre”, el ama de llaves y el jardinero. Está en él, por tanto, la urgencia de mantenerse alerta y atento a todo lo que pase, a los más pequeños indicios de que algo esté mal; dentro de “Black Twitter” — el activismo digital que ha desbordado en activismo directo en las calles organizado, en su mayoría, por la comunidad LGBT+ afroamericana— stay woke (mantenerse despierto) es un llamado a justo eso no dejar escapar nada: agresiones, lenguaje, leyes, comentarios, todo lo que naturalice el racismo, lo normalice. Chris va a luchar constantemente por mantenerse despierto, pero hay otros planes, hay un sistema completo que dependen de que él se distraiga, duerma, calle.

Cuando se habla de que el racismo es una cuestión tanto cultural como institucional, tal como ocurre con la misoginia, nadie que no haya experimentado en el día a día esa violencia creerá que existe: la idea suena loca, ¿cómo es que una sociedad completa está configurada para invisibilizar los cuerpos, las experiencias y la voluntad de un sector completo de ella misma?, ¿cómo puede ser que, en pleno 2017, haya todavía quien vea que todos “somos iguales”?, ¡Huye!, a partir de dar un megáfono a esas voces, a esos cuerpos y a esas experiencias, pone en primer plano la voz de quienes luchan a diario con un sistema completo que normaliza la violencia ejercida contra ellos.

Desde 2014, a dos años de las elecciones que pondrían a un peligroso bufón en la Casa Blanca, la tensión racial a lo largo y ancho de los Estados Unidos se fueron organizando grupos que luego formarían el colectivo #BlackLivesMatter, en un país que se decía a sí mismo que había superado el racismo, poco más de 1000 hombres y mujeres de color fueron asesinados por policías y ciudadanos blancos que una y otra vez argumentaban “defensa propia”. ¡Huye! plantea, justamente, lo contrario: ¿qué podríamos hacer, qué otra cosa queda por hacer, cuando sistemáticamente nos asesinan y nos remplazan?

Raul Cruz V.