El camino que tienen que seguir los migrantes centroamericanos que cruzan el país para llegar a los Estados Unidos es largo, está lleno de peligros y, en general, es una de las más graves deudas en derechos humanos que tiene pendiente el gobierno mexicano. Después de que, en 2010, se “descubriera” una fosa común con 72 cuerpos en las cercanías de San Fernando, Tamaulipas, pareciera que ya es “normal” la aparición de centenares de cuerpos, la denuncia de cientos de desaparecidos y, en general, todos los peligros que corren quienes buscan llegar a los Estados Unidos.
Pero cuando los migrantes cruzan la frontera aún no están a salvo. Históricamente, los condados fronterizos de Arizona eran los que registraban los números más altos de muertes de indocumentados, sin embargo, como reportan en conjunto Texas Observer y The Guardian, los últimos dos años ese puesto lo ocupa un solo condado de Texas a setenta millas de la frontera: Brooks, pues la Border Patrol, desde mediados de los 90, tiene un punto de revisión en la autopista que conecta las ciudades de Laredo y McAllen con San Antonio y Houston. (Vía: Texas Observer)
Case No. 13475, male age 35-56, found on 11/3/2009 in Jim Hogg County w/ wrestling mask #IHaveAName https://t.co/TFANpkN3m3 pic.twitter.com/JtclFgeZfz
— The Texas Observer (@TexasObserver) December 16, 2016
Para superar este punto, los coyotes guían a sus “pollos” por caminatas de kilómetros que pueden durar todo un día. Éste es el tramo en el que centenares de migrantes mueren cada año, son abandonados o son enterrados en fosas comunes que hacen difícil, si no imposible, su identificación. El diario texano, al trabajar su reportaje especial sobre esas muertes, tomó la decisión de realizar un proyecto para volver a otorgarles nombre a estos cuerpos sin identificación, a estos duelos sin nombre:
“Hoy, el Texas Observer lanza un proyecto que ha estado construyéndose a lo largo de un año. ‘I Have a Name/Yo Tengo Nombre’ es una empresa inusual para el Observer: la mayor parte del tiempo, nuestro trabajo es simplemente contar historias, exponer la injusticia e investigar ofensas. Esperamos que nuestras noticias sean leídas y que hagan alguna diferencia en el mundo. Tratamos de decir la verdad tal como la vemos —pero lo que ustedes hagan con ella no es, necesariamente, nuestro problema. Pero, a veces, nos vemos llamados para hacer algo más que simplemente reportar.” (Vía: Texas Observer)

“I Have a Name/Yo Tengo Nombre” fue un proyecto colaborativo: una campaña de kickstarter con miles de donadores logró ya la identificación de cuerpos de migrantes ecuatorianos, salvadoreños y mexicanos a través de fotografiar las pertenencias que los expertos forenses (o a veces los mismos ciudadanos que encuentran los cuerpos) rescatan. En contacto directo con Organizaciones no gubernamentales (ONGs) de derechos humanos y con grupos forenses, como el International Consortium for Forensic Identification (ICFI), están volviendo a nombrar a esos centenares de seres humanos que han muerto en el desierto texano. (Vía: “I Have a Name/Yo Tengo Nombre”)
Regresar el nombre a un cuerpo sin identificación no sólo debería de ser una obligación “moral” de las autoridades de un país, sino que es el referente desde el que son medidas las vidas de todos los que “gobierna”. Todos tenemos derecho a un nombre, todos tenemos derecho a ser amados, extrañados, llorados: al devolverles sus nombres a quienes no lo tienen, volvemos, todos, a ser humanos.
