Donald Trump está por provocar otro conflicto diplomático de dimensiones apenas calculables al reconocer a Jerusalén como la capital de Israel.

Aunque expertos, diplomáticos y consejeros internacionales habían advertido el peligro que esta decisión, el gobierno de los Estados Unidos dejaría de reconocer a Tel Aviv como capital oficial del país de Medio Oriente para reconocer como capital oficial la disputada ciudad de Jerusalén.

Recordemos que Jerusalén es una ciudad en disputa cuya importancia simbólica, cultural e histórica representa buena parte de las tensiones que ha mantenido el gobierno de Israel con sus vecinos a lo largo de la historia.

Entre los que se unieron a las advertencias en contra de la precipitada decisión de Trump están tanto la Unión Europea, como el presidente de Francia, Emmanuel Macron (el original, no el que toma café con Guadalupe Loaeza, señora que por cierto apuñaló una piñata de Trump en su cumple).

Del otro lado, del lado de la súplicas y las amenazas, están los países musulmanes que vende una afrenta en la decisión del gobierno de los Estados Unidos.

Sin embargo, la efectividad de esta medida no sería inmediata, pues trasladar la embajada norteamericana de Tel Aviv a la ciudad de Jerusalén podría tardar años. Se sabe que de momento todo el personal diplomático de los Estados Unidos residente en Israel tiene estrictamente prohibido viajar a la ciudad que desde hace décadas en una encrucijada geopolítica.

Tanto el líder palestino Mahmud Abas como Abdalá II, rey de Jordania, fueron notificados de la decisión de Donald Trump por medio de un cable diplomático. Según fuentes diplomáticas, los motivos de Trump serían “dar reconocimiento a un hecho práctico”; para el gobierno de los Estados Unidos, Jerusalén ya es de facto la capital. (Vía: El País)

Por supuesto, los riesgos de esta decisión son enormes, pues apelan a una herida que ha cargando Palestina desde el siglo pasado. En su momento, Palestina había pasado de reclamar una administración internacional de la ciudad a exigir que se les permitiera ocupar una mitad de la ciudad.

Sin embargo, desde la Guerra de los Seis Días, Israel tomó el control total de una ciudad multicultural que solo administrativamente pertenece a Israel pero cuya identidad es reclamada por muchos.