Ser policía en México no es fácil, ser mujer policía en México es casi imposible: bajos salarios, desconfianza de la sociedad civil, acoso y abusos sexuales y ser forzados a realizar trabajos que nada tienen que ver con la labor policíaca. Esa es tan sólo una muestra de la vida diaria de un policía mexicano.

La fuerza policíaca es el objetivo de mucho de nuestro repudio al gobierno completo: son, más que los políticos, quienes “representan” al Estado en nuestra vida cotidiana y, desde nuestro lado de las cosas, forman parte de una maquinaria corrupta, oscura y que, pareciera, sólo se hizo para fregarnos día con día.

Supuestamente existe algo llamado el Sistema de Desarrollo Policial (Sidepol), algo semejante a lo que (de una forma u otra) se intenta implementar con la carrera docente: un programa de carrera para las policías municipales, estatales y federales que brinde formación, actualización y seguimiento al trabajo y la carrera de los elementos policíacos. Sin embargo, en la vida diaria de las policías eso simplemente no existe. (Vía: Comisión Nacional de Seguridad)

Según datos del estudio “Índice de Desarrollo Policial”, realizado por la organización Causa en Común, las cosas no están nada, pero nada bien dentro de las instituciones policiacas y es, en buena medida, por una cuestión de política, más que de “corrupción”.

45% de los elementos policíacos reciben un sueldo inferior a los 10 mil pesos mensuales, 68% no conoce los mecanismos para solicitar ascensos o aumentos, un tercio acepta que identifican a sospechosos solamente a partir de su imagen o su vestimenta y cuatro de cada diez acepta que dentro de su institución hay corrupción rampante. (Vía: Animal Político)

Aún con un sueldo bajo, los mismos policías tienen que pagar uniformes, botas, gasolina, papelería para sus reportes e informes, reparaciones de sus patrullas e, incluso, sus chalecos antibalas.

Entre el 5 y el 30% declararon que son utilizados como mandaderos de jefes o autoridades locales, que en lugar de vigilar, tienen que reparar autos, destapar coladeras, ir al banco o hacer mandados para los familiares de sus mandos.

16% de la fuerza policiaca ha sufrido acoso o abuso sexual de parte de compañeros o mandos y desconocen los mecanismos para presentar una denuncia. Es por eso que casos como el que se está desarrollando en Tlalnepantla, en el que una oficial de tránsito levantó una denuncia contra su mando, Jaime Martínez Barrera, subdirector de Tránsito y Vialidad, son necesarias pero, lamentablemente, excepciones. (Vía: Reforma)

Dice el presidente Enrique Peña Nieto que ustedes se la pasan haciendo bullying a las instituciones del país y luego se ponen a exigirles. ¿Por qué son así, queridos lectores?

Posted by Plumas Atómicas on Monday, November 13, 2017

La policía, las policías, deberían de ser organismos que atiendan, sirvan y protejan a la ciudadanía, pero para hacerlo necesitan ser atendidos y servidos, también, por quienes hacen y ejecutan legislación y políticas públicas. El  presidente apenas ayer, se quejaba de que los medios y la sociedad le hacemos “bullying” las instituciones, sin embargo, pareciera que se equivocó de buscapleitos: quien le hace bullying, y de forma constante, a las instituciones, son las mismas autoridades.