Desde el temblor del pasado martes, las muestras de solidaridad han sido abrumadoras. Pero el esfuerzo debe enfocarse en muchas tareas… y durante mucho tiempo.

Después del terrible sismo que sacudió la Ciudad de México, Puebla, el Estado de México y Morelos, las demostraciones de cooperación civil han sido abrumadoras. En la capital del país, particularmente, hemos visto interminables imágenes de voluntarios cargando escombros, víveres y herramientas de todo tipo.

línea de voluntarios, foto de Reforma

Sin embargo, estas muestras de solidaridad también han causado complicaciones.

La enorme cantidad de gente en ciertos puntos obligó a las autoridades a cerrar calles, conglomeraciones tuvieron que ser movilizadas por posibles derrumbes y algunos centros de acopio se encontraron desbordados.

La ayuda nunca sobra y siempre es loable; pero hay que reflexionar sobre cómo ayudar oportunamente y cuándo es mejor hacerlo. Porque esta crisis durará semanas y es necesario economizar la fuerza de todos.

Respuesta de gobierno, respuesta civil

Ante la destrucción que ocasionó el sismo del pasado martes, el gobierno federal activó el Plan MX, que integra el Plan DN-III-E, el Plan Marina, el Plan de Apoyo a la Población Civil de la Policía Federal y los planes de respuesta de PEMEX, la CFE y la CONAGUA.

Como los planes de emergencia anteriores, éste fue diseñado para coordinar los esfuerzos de las instituciones de gobierno, los cuerpos armados y la población civil. La idea es lograr una reacción eficaz ante cualquier emergencia a través de una respuesta interinstitucional coordinada y la ayuda central de todos los voluntarios.

Este plan tiene tres etapas de organización: apoyo a los damnificados, evaluación de daños y reconstrucción. Como otros planes, está pensando en el tiempo y considera más allá de los esfuerzos de respuesta inmediata. Porque hay que prever lo que se necesitará en las semanas que se avecinan.

¿Qué hacer ahora?

Por el momento, es importante buscar en dónde es necesaria la ayuda y qué tipo de ayuda es necesaria. Cada hora que pasa cambian las necesidades de los rescates y la atención a damnificados, así como los víveres y materiales necesarios para las labores de rescate.

De noche son necesarias lámparas y pilas; en caso de lluvia son necesarios impermeables, lonas y botas; cada día son más necesarias las donaciones de sangre e insumos médicos especializados; en cualquier momento serán necesarias nuevas herramientas.

Es por eso que es esencial mantenerse informados y preguntar siempre, en cada centro de acopio —y no en cada lugar afectado—, qué se necesita. Si, en un momento dado, no se necesitan manos, se puede regresar en los cambios de turno; si necesitan víveres diferentes de los que traen, pueden ir a cambiarlos y regresar.

Siempre pueden regresar y siempre sigan regresando. Pero regresen organizados a lugares en donde se necesita la ayuda: para eso, vayan a los lugares que organizan brigadas para encontrar un turno y una zona adecuada.

Hay aplicaciones específicas para buscar cómo se puede ayudar. De entrada, está la página de gobierno en la que puedes proponerte como voluntario o efectuar donaciones. También hay aplicaciones como Zello que han servido mucho para coordinar a la gente.

En varios puntos de la ciudad se han encontrado “falsos topos”, personas disfrazadas que intentan ayudar en las excavaciones sin preparación. Otros son insistentes y no acatan órdenes. Por eso es importante también no crear más confusión en las labores de rescate y, si no se necesita ayuda en un momento, siempre habrá tiempo para ayudar más adelante.

¿Qué hacer después?

Hay mucha gente dando muestras de solidaridad y será importante seguir estas iniciativas durante mucho tiempo. La primera oleada de ayuda es sólo la primera oleada.

En las siguientes semanas, serán necesarias manos para las demoliciones y la remoción de escombros; se necesitarán sangre para los heridos, refugios para los que se quedaron sin hogar y víveres para las familias que no pueden sustentarse. Se necesitarán voluntarios descansados, relevos y continua información de primera mano; se necesitarán voluntarios disciplinados, que sepan cuándo retirarse, que acaten órdenes y entiendan cuándo movilizarse.

Se tendrá que dividir la ayuda para que siga llegando a los damnificados del sismo del 7 de septiembre en Oaxaca y Chiapas. También tendremos que hacer llegar ayuda, en manos, herramientas y víveres, a todos los municipios de Morelos y Puebla que fueron afectados por el sismo más reciente.

En respuesta a las movilizaciones de organizaciones privadas y de instituciones públicas, la ciudadanía debe economizar sus fuerzas para plantearse un esfuerzo que, más allá del primer impacto, deberá ser continuo y duradero.

Y, nos guste o no, los medios de organización más masivos y la canalización de ayuda más inmediata es la del gobierno federal a través de este tipo de planes.

Por eso, es necesario considerar que, a pesar de las necesidades apremiantes, la población civil debe prepararse para asistir las labores de ayuda hasta que se logre reestablecer algún tipo de normalidad en la ciudad.

Cuando se asentó el polvo después del temblor de 1985, muchísimas personas perdieron sus hogares, su patrimonio y cualquier esperanza de regresar a la normalidad. Como consecuencia de ese día fatídico hace 32 años, mujeres y hombres quedaron desamparados. Hoy, muchos todavía viven en la calle o en situación precaria.

Es por eso que la tercera parte de cualquier plan de emergencia, la que se enfoca en un proceso de reconstrucción, es tan importante. Porque no bastará ayudar en los derrumbes sino extender la solidaridad durante días y semanas, en todos los municipios afectados, para apoyar a aquellos que perdieron algo… o todo.