Donald Trump ha cambiado, por mucho, la forma como tenemos que interpretar cada movimiento de un político (querrámoslo o no, así es). Lo que ha sido leído en muchas ocasiones como “error”, la llamada que recibiera de la líder de Taiwán, Tsai Ing-wen, podría ser nada más que un acto ególatra (por los que es famoso), una falta absoluta de experiencia diplomática, un mal consejo por parte de algún asesor interesado más en el choque, o parte de un plan profundo para cambiar por completo la forma como Estados Unidos se relaciona, primero, con la potencia con la que ahora compite, y luego, con el mundo completo.

La llamada que pusiera en alerta al cuerpo diplomático chino ocurrió hace ya una semana y había parecido que con las duras advertencias que se lanzó desde las más altas esferas del gobierno de la República Popular China, había quedado zanjado el asunto. Pero, el domingo 11, la cadena ultraconservadora FOX News (que ha apoyado su campaña presidencial desde el principio) publicó una entrevista especial con el candidato electo. En ella, Trump dejó claro que podría no seguir al pie de la letra los acuerdos de “Una China”, que se consolidaron desde finales de la década de los 70 entre las dos potencias, entonces cordiales enemigos. (Vía: New York Times)

La condición política de Taiwán es, por decir lo mínimo, compleja. La isla forma parte de otros tantos gobiernos que han buscado insistentemente ser reconocidos como soberanos, como Palestina o Kosovo; aunque estos tres son reconocidos por organismos internacionales como el Comité Olímpico Internacional (COI) y la Federación de Fútbol Asociación (FIFA), el reconocimiento internacional como Estado soberano depende de muchas condiciones más.

Taiwán refugió en un principio al gobierno que la revolución comunista de Mao Tse Tung derrocó; desde la isla, Taipei declaró soberanía y control sobre toda China continental y, por condiciones internacionales como la Guerra Fría, fue el contacto preferido para muchos países del bloque capitalista. Mientras, en Beijing se consolidaba la República Popular y, conforme fue creciendo su influencia, fue desplazando a Taipei en el plano internacional. (Vía: The Guardian)

taiwan

La visita de Richard Nixon en 1971 a Beijing marcó definitivamente la agenda diplomática: los Estados Unidos se comprometieron a la política de “Una China”, reconociendo la soberanía de la República Popular sobre Taiwán, y, para 1979 (al menos en el plano “oficial”), Estados Unidos cortó relaciones con Taiwán, aunque siguió siendo un fuerte aliado en una zona compleja por la cercanía con varias repúblicas comunistas (Vietnam, Corea del Norte, la exURSS…). (Vía: New York Times)

Trump tocó un tema no sólo sensible sino complejo dentro de la misma identidad china y este error (o plan o bravado) podría resultar en una problemática que “se lleve entre los pies” a Taiwán, pues no en pocas ocasiones Beijing ha amenazado con utilizar su ejército para someter a la isla. Además, un representante del Ministro del Exterior anunció que, de seguir ese camino, las relaciones entre los dos países podrían cortarse definitivamente.