¿Por qué vale la pena ver Una mujer fantástica?

Marina es una mujer joven, con un trabajo estable, guapa, se acaba de mudar con su pareja. Esta vida plena se pierde completamente el día de su cumpleaños, cuando Orlando, su novio, mayor que ella, muere. Desde ese punto, su historia se convierte en un recorrido por humillaciones y desencantos que empiezan desde el momento en que él muere. La única razón por la que Marina debe atravesar esta miseria en medio del duelo, es porque su carnet consigna un nombre que no es el suyo; el nombre con el que nació.

Una mujer fantástica ganó el Oscar a Mejor Película Extranjera y ha cobrado relevancia internacional por haber puesto sobre la mesa la vida de las mujeres transgénero. Sin ser una película militante, la última obra del chileno Sebastián Lelio muestra con una crudeza escalofriante el grado que pueden alcanzar las humillaciones y el maltrato que sufre este sector marginalizado de la población.

En rigor, Una mujer fantástica es una película sobre el duelo. Acompañamos a Marina desde que muere su pareja hasta los los primeros atisbos de mejoría. Sin embargo, lo que sufre y debe pasar Marina solo por ser quien es podrían mover a cualquiera hacia la compasión y la empatía.

Hay que decirlo: esta obra chilena es lenta, muy lenta. Eso puede ser tan desconcertante como exasperante para quien prefiera la rapidez del cine estadounidense. Su mérito en cuanto a ritmo reside en postergar el llanto del espectador hasta la última escena, como si toda la tensión del film se acumulara únicamente para ser liberada en la conmoción final.

Sin embargo, ni el Oscar ni los demás premios que recibió Una mujer fantástica habría llegado tan fácilmente de no ser por la actuación de Daniela Vega. Más que dramatismo, ella le imprime dignidad al personaje.

Acaso ese sería la palabra clave para leer el film: la dignidad. Quienes humillan a Marina podrán ser muy propios, podrán ser opulentos, pero distan de ser dignos, a diferencia de Marina, quien casi en todo momento se muestra muy por encima de sus contrarios.

Contraria a su título, lo que ofrece Una mujer fantástica es una desconcertante normalidad. Tristemente, ese es el trato común que reciben las personas trans en Latinoamérica por personas que creen que ser trans es no ser normal. Acaso esta película, que ya puso el tema trans sobre la mesa en Chile, pueda hacer cambiar de parecer a muchos que aún creen que las transexualidad pertenece a los libros de enfermedades y no a nuestra cotidianidad. Mientras tanto, gente como Daniela Vega aportan dignidad.