Nuestro Futuro: educación y salud, las crisis de mañana (entrega III de IV)

En 13 años hay dos escenarios posibles: o 3 de cada 4 personas tiene una enfermedad mental o ya habremos encontrado la forma de tratarlas; o todas las personas sabrán leer y escribir y los niños y niñas que haya entonces estarán todas dentro del sistema educativo, o éste habrá quebrado bajo su propio peso de burocracia y programas obsoletos. En esta entrega de Nuestro Futuro toca hablar de dos temas que, aunque forzosamente van de la mano, es difícil pensarlos juntos: salud y educación.

Empecemos, justamente, por la razón por las que van juntas en el muy específico caso de nuestro país.

México, junto con muchos países que fueron conformados a partir del “Estado de bienestar“, la salud y la educación son una obligación del Estado, es decir, le corresponde al gobierno garantizar para cada uno de sus ciudadanos acceso a la salud (un sistema que atienda desde los problemas más comunes hasta crisis muy específicas) y le otorgue desde educación básica hasta, cosa de unos años para acá, educación media superior —preparatoria. Van de la mano, también, porque no hay forma cómo garantizar educación sin salud (y ese ha sido un problema constante en zonas rurales y urbanas marginalizadas hasta el día de hoy): un niño enfermo no puede aprender. (Vía: Crary, 24/7)

La Organización de las Naciones Unidas y la UNESCO, en sus Objetivos de Desarrollo Sustentable (2016-2030), planteó una serie de recomendaciones: 7 objetivos que todos los países firmantes deberían de cumplir para el 2030 sin un plan determinado, sin formas claras de alcanzarlos. México fue uno de los firmantes y, a un año de la firma, parece que no se ha avanzado mucho. (Vía: UNESCO)

Si bien muchos de los problemas de salud que sufrimos hoy en día son producto directo de los cambios radicales en nuestra alimentación y nuestras formas de vida (la diabetes y la obesidad, por ejemplo, son un fenómeno moderno: no más de 20 años antes no existía una epidemia como la que vivimos hoy), hay otro problema que viene de mucho más atrás y que es la base de los problemas a los que nos enfrentaremos en 10 y 15 años: la salud mental. (Vía: Davies, The Happiness Industry)

Podrá ser un “tabú” todavía hablar de depresión, ansiedad u otros trastornos, de su tratamiento y de los cuidados que requieren quienes los padecen, pero para la Organización Mundial de la Salud (OMS) es un problema real y profundo que requiere no sólo políticas públicas actuales, sino educación —sí, volvemos a la relación que tienen—, pues, justamente su estigma social empeora los millones de casos: según la Secretaría de Salud de la CDMX, el 85% de quienes padecen alguna enfermedad mental no reciben tratamiento. (Vía: El Economista)

Por otro lado, el caso de la diabetes y la obesidad puede ser enfrentado con políticas públicas y, de nuevo, educación, como fue el caso del impuesto a los productos endulzados con jarabe de alta fructosa. Si bien otro problema que hemos estado viendo venir es el envejecimiento de la población, los ejemplos de la mayoría de países europeos podrían dar luz sobre cómo enfrentar un giro en la “pirámide poblacional”: cambios en asignación presupuestal y, de nuevo, educación, son urgentes en un país que no va a tardar mucho en empezar a ver más viejos que niños. (Vía: Sin Embargo)

La educación… la educación es un problema aparte. Los objetivos de la UNESCO no dejan de ser una lista de buenos deseos:

  1. El 100% de los niños preparados para la educación primaria
  2. Educación gratuita y de calidad de, por los menos 9 años para todos los niños
  3. Alfabetización del 100%
  4. Educación competente para la competencia laboral
  5. Educación para construir sociedad y ciudadanía
  6. Evaluación docente (sí, fue idea de la UNESCO)
  7. Un gasto de entre 4 y 15% del PIB de todos los países en educación, con prioridad en grupos vulnerables. (Vía: Animal Político)

Como siempre ocurre con las listas de buenos deseos, se sabe que o son metas poco concretas o meramente inalcanzables (al menos con el actual sistema económico y político: no hay que olvidar que Cuba cumplió antes de los años 70 la mayoría de los puntos de esa lista), y, por lo mismo, ha llamado la atención a empresas, fundaciones y asociaciones civiles que, en muchos casos, buscan —directa o inderectamente— privatizar el sistema educativo del país: desde la Fundación Carlos Slim hasta “think tanks” de emprendedores suponen que es vía la iniciativa privada que se podrán alcanzar estas metas. (Vía: Sin Embargo)

En 1921, cuando fue fundada la Secretaría de Educación Pública por José Vasconcelos y el presidente Álvaro Obregón, los objetivos no eran tan diferentes a esos siete planteados casi cien años después, lo que plantea preguntar pertinentes, como:

  1. ¿Seguimos enseñando para trabajos que en 10 años serán obsoletos?
  2. El actual sistema educativo, los programas e, incluso, los mecanismos de evaluación docente, no consideran situaciones locales y regionales, ¿la universalización de “la ciudadanía” sigue siendo válida?
  3. México es de los países que más dinero invierte en educación de la OCDE, más allá de los problemas burocráticos y de corrupción, no hay señales de que eso dinero funcione: ¿no deberíamos de replantear qué pensamos y para qué pensamos la educación?

En la salud y la educación, más que pensar sobre nuestro futuro, es urgente pensar los fallos que existen en el presente: sin saber en dónde estamos parados, ¿podremos definir hacia dónde vamos?

 

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