Con un libro de Ramón Xirau aprendimos más que en tres años de prepa

La noche de ayer murió Ramón Xirau, poeta, filósofo e investigador emérito de la Universidad Nacional Autónoma de México. Nacido en Barcelona, llegó a México como exiliado en 1939, luego de la Guerra Civil española; su trabajo como académico, poeta y profesor está en cada obra, estuvo en cada clase y acompaña a los miles que logramos aprender algo de filosofía con su Introducción a la historia de la filosofía.

Además de sus muchas publicaciones de poesía (y ya que estamos por iniciar cursos en un par de semanas), la Introducción de Xirau es, quizá, el texto que resume y reluce su trabajo intelectual y político: la filosofía no es un cúmulo de textos oscuros e incomprensibles, sino una parte esencial de nuestra propia condición humana, explicarla, entenderla y transmitirla es tanto un deber ético como una tarea política; justo así comienza su libro:

Los hombres empezaron por saber que el hombre tenía historia; los cristianos afirmaron que nuestra vida en esta tierra -vida de paso- es un transcurso histórico en el cual cada instante es una decisión radical entre la salvación eterna y la eterna condena. Hemos aprendido después que no sólo el hombre, sino todos los seres vivos proceden en una historia que es creciente desarrollo, creciente complejidad, creciente evolución hacia más conciencia; hemos aprendido, por fin, que no sólo la vida, no sólo el hombre son seres históricos. (Vía: Xirau, Introducción…)

La filosofía espanta a muchos: por lo general tuvimos terribles profesores en la preparatoria que, o pasaban todas las clases armando silogismos o que creían que su materia era momento para tener una crisis de personalidad (o que entendían por “filosofía” consejos “prácticos” para la vida); otros, también los había, que pensaban que con dejar leer El mundo de Sofía, sus alumnos ya entenderían todo lo que había que entender desde el sofismo hasta la filosofía de Chomsky.

La Introducción, sí, es un libro gordo, pero es, también, un libro amable para los que lo leen: Xirau nunca intentó tener la última palabra en los debates abiertos de la época (el libro se escribió en 1964 y se fue actualizando, edición tras edición, hasta su última, en 2011), sino, más bien, mostrar que las verdades siempre son medias, que ni Pascal, ni Nietzsche, ni Santo Tomás ni él mismo podrán definir la forma cómo los que vamos leyendo su Introducción aprendimos a distinguirlos y aliarnos con ellos.

La forma como escribimos de filosofía es la forma como la pensamos, y cómo pensamos, para Xirau, era un diálogo siempre abierto, como apuntó alguna vez Adolfo Castañón. Más que un libro de texto, de esos que se vuelven tediosos por querer ser “divertidos”, el de Xirau nos invita, directamente a platicar con él, con el libro y con su autor, sin pantomimas ridículas de mala película de Hollywood (sí, sí, sigo hablando de El Mundo de Sofía, de Jostein Gardeer).

Ramón Xirau murió a los 93 años, sin embargo, su ausencia será sólo a medias, como tiende a ser con los autores que dejan tras de sí, y junto con nosotros, una obra que nos da la mano.

Raúl Cruz V.

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