México iguala la apuesta de Trump por el TLCAN

Apuesta

Hasta este momento el gobierno mexicano había manejado una postura conservadora ante los embates de Trump de renegociar el Tratado de Libre Comercio de América del Norte, bajo la amenaza de que saldrían del tratado si no se mejoraban las condiciones para los Estados Unidos. La estrategia ha sido clara, doblegar a México antes de iniciar las negociaciones calculando que así cederá a  las condiciones que busca imponer el gobierno estadounidense, todo esto mediante métodos de desestabilización y de generación de incertidumbre que van desde las amenazas de impuestos arancelarios a empresas estadounidenses y del mundo que tengan planes de inversión en México, hasta la retención de las remesas enviadas a México por migrantes.

Evidentemente estas estrategias sí han surtido efectos sobre México y su economía, vemos no solo que nuestra moneda se ha depreciado fuertemente frente al dólar, casi un 15% en los últimos meses, sino que las inversiones en nuestro país se encuentran detenidas o, en el peor de los casos han sido canceladas a raíz de las amenazas arancelarias del presidente Trump, tal como sucedió con Ford y la cancelación de su proyecto en San Luis Potosí. Pero Trump al parecer ya mostró su juego y la estrategia que llevará a cabo, lo que de cierta manera beneficia a México en términos de que puede construir su propia estrategia con base en lo ya evidenciado por el nuevo gobierno estadounidense.

Pero, pensemos un poco en la estrategia de Trump desde la teoría de juegos, sin duda parte de principios de juegos de “suma cero” tanto para diagnosticar problemas como para construir los métodos para su solución. Pensemos en el comercio, Trump asume que México le quita empleos e inversiones a Estados Unidos, por tanto la solución del juego es recuperar esas fichas perdidas quitándoselas a México, dicho de otra forma, Trump piensa en juegos simples en donde se gana o se pierde, de ahí que sus estrategias apunten a debilitar a su rival, asumiendo además que México es un competidor más débil al que puede doblegar fácilmente porque no tiene muchas cartas que jugar en contra de una potencia como Estados Unidos.

Aunque existe una asimetría entre nuestros países las cosas no son tan simples, de ahí que México haya tomado una postura más firme antes de iniciar las negociaciones del TLCAN, que apuntaron a igualar la apuesta lanzada por Trump desde su campaña. Independientemente de que sea o no un “bluff”, México está lanzando una estrategia que apunta hacia el principios de juegos no cooperativos, es decir, busca establecer las negociaciones a partir del principio del beneficio mutuo a través de la presuposición de que el oponente también utilizará la mejor estrategia disponible, tomando en cuenta que ambos están calculando, por supuesto sus objetivos particulares, así como las consecuencias deseadas y no deseadas involucradas en toda acción racional.

En ese sentido, el gobierno mexicano dejó atrás esa postura pasiva y de bajo perfil que mantuvo durante la campaña y el periodo de transición de Donald Trump, en donde le permitió se le permitió arremeter y amenazar a México. Pero, como hemos dicho, al parecer la estrategia ha cambiado, ya que en el momento en que se formaliza el cambio de administración y se convoca a iniciar las negociaciones de la relación bilateral, México toma una posición más horizontal hacia el nuevo gobierno estadounidense y manda un mensaje que de entrada busca anular una de las grandes amenazas de Trump, la cual tiene que ver con la hipotética salida de Estados Unidos del TLCAN.

La estrategia tiene que ver con lo declarado tanto por el canciller Luis Videgaray, como por el secretario de Economía, Ildefonso Guajardo, quienes señalaron que de no llegar a puntos favorables para México en la renegociación del acuerdo comercial de América del Norte, el país saldría del Tratado de Libre Comercio, ya que no tiene sentido alguno en permanecer en un acuerdo en donde obtengan menores beneficios de los que actualmente se tienen. De tal forma, el gobierno mexicano iguala la apuesta lanzada por Trump, lo cual manda un mensaje claro en el sentido de que el TLCAN no es un instrumento para chantajear y someter a México, por tanto las negociaciones tendrán que estar enfocadas hacia acuerdos que beneficien a las partes involucradas, dicho en términos formales, México sacó a Trump de su estrategia de juegos “suma cero” para pasarlo a un esquema de juegos no cooperativos en donde Estados Unidos podría perder si no busca llegar a un equilibrio en donde el riesgo sea menor debido a que todos los jugadores obtienen algún tipo de beneficio.

Con estas declaraciones, México deja claro que la salida o permanencia de Estados Unidos en el TLCAN no es una moneda de cambio para cualquier tipo de negociación de la relación bilateral ya que la apuesta está igualada y cualquiera de los dos jugadores podría tomar la determinación de salir en cualquier momento. De tal manera, Estados Unidos tendrá que jugar con otra estrategia que evidentemente le de menores rendimientos, ya que tendrá que ceder a que su oponente, en este caso México, obtenga otro tipo de beneficios.

¿Qué cartas tiene México a la mano para negociar con Estados Unidos? si bien no son muchas, hay algunas que sí podrían afectar a Estados Unidos directamente. Entre las más importantes están por ejemplo, un posible arancel a productos de Estados Unidos destinados estratégicamente para la exportación, tal como es el maíz, específicamente esta medida afectaría al llamado “Midwest”, que paradójicamente es uno de los grandes bastiones de Trump y cuya principal actividad económica es la agricultura, que en muchos de los casos está enfocada a la producción de maíz que luego es exportado a México; en ese sentido, un impuesto arancelario a sus productos mermaría considerablemente sus utilidades y volvería a sus productos menos competitivos en el mercado, resultando en un efecto contraproducente a lo prometido por Trump.

En cuestiones de seguridad, por citar otro ejemplo, México podría tomar una posición de no colaboración con la seguridad regional, es decir, romper con la coordinación institucional en materia de seguridad con Estados Unidos. En este escenario, el gobierno estadounidense tendría que enfrentar por sí mismo y, limitado a su propio territorio, con problemas complejos de seguridad que involucran a regiones “transfronterizas”, piénsese en el combate al crimen organizado o al terrorismo.

Pero también las consecuencias no deseadas de sus acciones podrían jugar en su contra, ya que los constantes embates contra México en materia comercial han debilitado al peso frente al dólar, esto acompañado de que el dólar además se ha apreciado fuertemente en los mercados cambiarios prácticamente frente a todas las divisas, podría traer consecuencias contraproducentes a largo plazo para sus planes de reincentivar la industria y las inversiones de su país. Esto a causa de un principio muy simple, un dólar fuerte en los mercados implica que Estados Unidos sea poco atractivo para las inversiones debido al alto costo que representa invertir en ese mercado; en cambio, al tener una divisa más barata en una economía estable como la mexicana, vuelve al país un destino más atractivo para la inversión; parece ser que Trump, siendo empresario, olvida uno de los principios básicos del capitalismo, el cual parte de la constante búsqueda de optimización de costos con el fin de obtener mayores utilidades, principio básico de obtención de ganancia.

Al parecer la estrategia mexicana ha funcionado en un primer momento, ya que el día de hoy a pesar de que Trump confirmó la construcción del muro fronterizo con México, hubo un cambio de discurso que apuntó a una mayor colaboración con México en términos de cooperación y de la obtención de beneficios mutuos en distintos ámbitos, incluyendo por supuesto el económico. Lo riesgoso aquí es que Trump no opera dentro de la normalidad, ha demostrado ser impredecible, por tanto, si las estrategias del juego apuntan a que el oponente solo opera a partir de principios de racionalidad instrumental, dejando de lado la dimensión emocional, altamente volátil, estamos perdidos.

Es innegable que el desafío que el desafío que enfrentará México es mayúsculo, pero también es cierto que estos hechos han sacado al país de su zona de confort, que debe resultar en despertar de ese estado de aletargamiento producto de las ventajas de tener a uno de los mercados más grandes del mundo ubicado en nuestra frontera norte. Sin duda es momento no solo de enfocarnos hacia otros mercados del mundo para intercambiar mercancías y para atraer inversiones; sino también de fortalecer y hacer más competitivo nuestro olvidado mercado interno, ya que su subdesarrollo es una de las principales causas que han producido los altos niveles de dependencia que tenemos con la economía estadounidense y de las que actualmente estamos cobrando factura.

Véase: (El Universal)

John Nash, Non-Cooperative games.