Las automotrices y la guerra comercial de Trump contra México

Trump

La economía para el presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, no funciona a partir de la competencia sino a través de la violencia política que busca boicotear otras economías a través de estrategias como las amenazas y el chantaje hacia distintas compañías que operan a nivel global. Como campeón del populismo contemporáneo, Trump piensa la economía de manera básica y simple de ahí que las soluciones que propone para sanear y hacer crecer la economía estadounidense sean totalmente absurdas.

Estas ideas simplistas sobre la economía no solo eran una estrategia de campaña para apelar a aspectos emocionales del electorado, sino también son ideas genuinas del propio Trump, es decir, él cree en verdad que México se roba los empleos de Estados Unidos y que el calentamiento global es un invento de China para disminuir la capacidad industrial de sus competidores, sí, en efecto, es un completo ignorante. Es decir, Trump busca operar su gobierno no solo a partir de una serie de creencias falsas y prejuicios, sino también a través de atacar a los enemigos que él mismo construyó, entre ellos se encuentra por supuesto México.

De tal forma, incluso antes de iniciar formalmente su gobierno Trump ha iniciado una especie de guerra comercial contra México, apuntando sus baterías contra la industria automotriz, la cual es una de las más fuertes y con mayor crecimiento en inversiones de nuestro país. La estrategia es simple, lanzar una serie de amenazas relacionadas a cobros de altos impuestos arancelarios contra cualquier compañía automotriz que planee invertir en México, esto significa que no solo ha condicionado a compañías norteamericanas como Ford, GM o Chrysler, sino también a automotrices de otras partes del mundo como las japonesas Toyota y Nissan. 

Sin duda es un absurdo ya que contra toda lógica económica, Trump no busca atraer nuevas inversiones a través de volver a Estados Unidos un lugar más competitivo y atractivo para los mercados, sino a través de amenazas de subir impuestos arancelarios a quien no invierta en su país. Hay que decir que México se ha vuelto un mercado más atractivo para los inversionistas automotrices debido a que reducen considerablemente los costos de producción y facilitan la logística de exportación no solo debido al Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLC) sino también porque México es un país con una de las mejores redes de tratados de libre comercio en el mundo, de ahí que sea hasta 20% más barato producir automóviles aquí, que en Estados Unidos.

Pero las amenazas de Trump han tenido efectos, el principal tiene que ver la cancelación de la inversión de Ford en México por 1.2 mil millones de dólares para la construcción de una planta en San Luis Potosí destinada a la producción de autos compactos, en cambio invertirá 700 millones de dólares para ampliar su planta en Michigan la cual generará 700 empleos en Estados Unidos. Según la compañía estadounidense, esta decisión no tiene nada que ver con las declaraciones de Trump sino a un análisis del mercado que apunta un detrimento en las ventas de autos compactos; es posible poner en duda dichas declaraciones debido a que tampoco han desmentido del todo las declaraciones de Trump al respecto, en donde se colgó la medalla de la determinación tomada por Ford.

Asimismo, la compañía Chrysler anunció que retirará sus inversiones de México si Donald Trump cumple sus promesas y eleva los impuestos arancelarios para autos fabricados en México. Actualmente la compañía tiene ocho plantas en México, cinco en Saltillo y tres en Toluca, en las que se producen al año casi medio millón de automóviles, de los cuales el 94% tienen como destino América del Norte. 

Pero hay otras empresas que no se han dejado intimidar por Trump y sus absurdas políticas, tales como la japonesa Toyota, quien ha contestado a las amenazas con tacto político señalando que las inversiones en México, específicamente la planta que están construyendo en Guanajuato no afectará los empleos que actualmente tienen en Estados Unidos. General Motors por su parte, trasladará a México la producción de más de sus modelos a pesar de las amenazas directas de Trump contra ellos en donde señaló que de seguir mudando su producción a México, se le cobrará un impuesto arancelario de más del 30%. Por último, Nissan reiteró que la empresa no retirará sus planes de inversión en México pese a las amenazas de Trump, señaló que los que se necesitan son fronteras abiertas para beneficiar el crecimiento económico.

¿Pero en realidad podría Trump cobrar aleatoriamente aranceles a productos producidos en México? Hay que aclarar que dichas medidas no se pueden llevar a cabo por decreto, ya que en primer lugar deben de ser aprobadas por el congreso de los Estados Unidos. En segundo lugar violaría ciertos estatutos del TLCAN lo cual tendría consecuencias legales contra el gobierno de los Estados Unidos, y, por último, habría presión del sector empresarial que se ve beneficiado del libre comercio con México, ya que la producción en nuestro país resulta mucho más atractiva en términos de valor-costo.

Por otro lado, todo este tema de los empleos en Estados Unidos están cargados de demagogia, ya que en realidad la economía norteamericana, como toda economía desarrollada se está transformando de manera radical a partir del desarrollo tecnológico en los sectores de transformación y por supuesto con la terciarización de la economía. Tal como señala Paul Krugman en su artículo “The age of fake policy” publicada en The New York Times, la tasa de desempleo de Estados Unidos se encuentra entre las más bajas del mundo con un 4,7%, además al día se pierden 75 mil empleos, pero se generan otros 75 mil, es decir los empleos perdidos de los que habla Trump en realidad no existen.

En ese sentido, lo que muestra la salida de la industria de transformación de Estados Unidos está relacionado a un cambio de paradigma económico y no a la simpleza de pensar que son los mexicanos los que se están robando los empleos derivados de la salida de esas industrias. Es decir, la economía norteamericana se está transformando y está dejando atrás la concentración del sector de transformación debido a que resulta muy costoso producir en países con niveles salariales tan altos, dejar esa producción, tal y como planea Trump, derivaría en un alza generalizada de esos bienes debido al alto costo de producción, además, de esas industrias tienden cada vez más a la automatización por lo que invariablemente se perderán empleos.

Toda esta necedad de defender mercados cerrados llevará invariablemente a una fuerte depresión económica, el populismo no ha entendido que el sistema económico global llegó para quedarse, no hay vuelta atrás en las transformaciones sistémicas de las cadenas productivas y de la operatividad del sistema financiero y monetario. La demagogia y el populismo creen que la solución está en la intervención estatal en la economía que lleva consigo políticas económicas simplistas, pero muy atractivas para el conocimiento de sentido común, tales como cerrar las fronteras para el libre comercio, aumentar el gasto público y otorgar subsidios de manera irresponsable, que traen como consecuencia un colapso del sistema económico que trae una reacción en cadena hacia el sistema político y social, pero no solo en términos endógenos, sino que también exógenos, ya que estamos hablando de un sistema económico global. (Vía: El Financiero)

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