Google también tiene su cuota de racistas y misóginos: un documento interno lo revela

Un ingeniero de sistemas en Google escribió un “manifiesto” anti-diversidad (racial y de género) de 3 mil palabras, alrededor de 10 páginas, en el que argumenta que son diferencias “biológicas” las que impiden a las mujeres y minorías raciales formar parte de la industria tecnológica. El documento se hizo viral dentro de Google y se ha convertido en la última evidencia de una profunda cultura de discriminación y sexismo dentro de la industria digital.

La semana pasada, ese documento comenzó a circular como un archivo abierto dentro de las redes internas de Google, y, conforme se iba viralizando, las reacciones de los empleados empezaron a aparecer en sus redes sociales; ya que Google tiene activas muchas medidas para impedir filtraciones, en el internet nadie sabía a qué tipo de texto se referían hasta que la revista de tecnología Gizmodo publicó el texto en su totalidad. (Vía: Gizmodo)

En el mundo Trump, o, más bien, en el mundo que permitió que Donald Trump llegara a la presidencia de los Estados Unidos, que alguien se queje del “racismo invertido”, la “heterofobia” o la “misandría” no es novedad: hay toda una Casa Blanca llena de gente que de verdad cree que eso existe, y que está luchando contra fantasmas que, simplemente, refuerzan instituciones, leyes y “normalidades” que  siguen oprimiendo a millones.

Lo verdaderamente sorprendente (parecería) es que eso ocurra dentro de las compañías de tecnología, que una y otra vez se han pensado a sí mismas como oasis progresistas donde “rompen” las reglas laborales, las “ideas del pasado” y están llenas de innovadores… Pero, dentro de esas empresas tenemos a Uber y a Tinder, que se han enfrentado año con año a demandas de acoso sexual, de abuso laboral y de trabajo no remunerado y, al hacerlo, han demostrado que ese “oasis” no es más que otra reiteración del mismo patrón laboral de siempre. (Vía: The Guardian)

Este anónimo ingeniero de sistemas, con suficiente paciencia como para escribir 10 cuartillas de comentarios racistas y misóginos, fue, quizá, diferente de sus muchos compañeros que pensaban como él pues, justamente, lo hizo público, y cientos de empleados dentro de Google apoyaron sus ideas. 

No valen la pena sus palabras: un berrinche de racismo y misoginia victimizante hay hasta en los comentarios de esta página (si no, lea, querido lector, nuestra sección #SeDiceAtómico) lo que sí importa, porque es una respuesta institucional, es el comunicado que lanzara Danielle Brown, vicepresidenta de Diversidad, Integridad by Gobernanza, quien no tiene más que un par de semanas en el más que nuevo cargo:

Una parte de construir un ambiente abierto e inclusivo significa abrazar una cultura en la que aquellos con perspectivas alternativas (incluyendo diferentes posturas políticas) se sientan seguros cuando comparten sus opiniones. Pero ese discurso tiene que ir de la mano de nuestros principios de equidad de empleo, que se encuentra en nuestro Código de Conducta, políticas y leyes anti-discriminación. (Vía: Motherboard)

El principal problema con el manifiesto racista y misógino es, justamente, la respuesta oficial de Google: mire, creemos que todos tienen derecho a decir ‘lo que piensan’, aún si lo que piensan es que sus compañeras no son iguales, aún si lo que piensan es restarle derechos a gente que trabaja con ellos.

En su libro En defensa de la intolerancia, el filósofo esloveno Slavoj Žižek apunta que es la misma idea de la tolerancia multicultural la que desactiva la carga política de la lucha por equidad: ya que todos somos iguales (porque tenemos leyes que así lo dicen), lo que digamos, lo que pensemos y por lo que luchemos, no importando qué tan retrógrado, agresivo o fascista sea. (Vía: Žižek, En defensa de la intolerancia)

La derecha en el mundo, desde Brexit, pasando por Trump y el Consejo Mexicano de la Familia argumentan desde el multiculturalismo, desde la retórica feminista y sus conceptos para construir su discurso: son ahora los blancos, heterosexuales cisgénero quienes son ofendidos, quienes son discriminados por esa agenda que lo quiere todo: en el caso muy particular de Google, “bajar la barra” en pos de una “cuota”.

La “meritocracia” (esa falacia que de verdad cree que sea “el esfuerzo de cada uno” lo que debería de ser evaluado… como si no hubiera un contexto que determine hasta dónde llegará ese esfuerzo) ha sido, hasta hoy, el engaño que ha salvado a Silicon Valley de una oleada de demandas, sin embargo, cuando ocurren eventos como los de la semana pasada en una de las mayores firmas de tecnología, quizá no queda más que preguntarse si de verdad son ellos los que “nos van a salvar” de la ignorancia de Trump.

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