El gasolinazo y la exigencia del control de precios

Gasolinazo

En su teoría de sistemas, el sociólogo Talcott Parsons utilizó el concepto de “internalización” para explicar los mecanismos en que los actores sociales, a través de procesos de socialización, reproducen las estructuras del sistema social. Estas estructuras están fuertemente cimentadas en la sociedad por lo que los sujetos las reproducen por periodos prolongados de tiempo, es decir, se heredan pautas de comportamiento con base en valores, normas y expectativas de generación en generación, dotando de cierto orden y estabilidad a la sociedad.

Mencionamos esto debido a que este concepto nos podría ayudar a comprender de mejor manera el contexto mexicano, específicamente las reacciones sociales casi generalizadas respecto a ciertas transformaciones estructurales como el aumento de precios de las gasolinas. Independientemente de los errores políticos que hay detrás de estas medidas en términos de que no fueron capaces de generar operaciones comunicativas eficientes que lograran explicar de forma eficaz dichas medidas a la población, que acompañados de la baja popularidad del gobierno y del hartazgo social por las disfuncionalidades del sistema político, resultaron en reacciones muy fuertes por parte de la sociedad; también es posible observar este problema a partir de un análisis estructural en términos de los efectos que tienen las transformaciones sistémicas en los sujetos que tienen internalizadas expectativas que responden a otra configuración estructural.

Para decirlo de forma más concreta, los mexicanos han internalizado estructuras de un sistema económico de estado benefactor de tipo paternalista, por tanto las expectativas giran en torno a esperar que el estado tenga una participación activa dentro del sistema económico a través de políticas de subsidio y control de precios. Este papel del estado en realidad genera burbujas económicas de precios artificiales que no reflejan los flujos reales de precios en los mercados, ya es este el que absorbe las diferencias de valor y precio a través del gasto público.

Pero, en un entorno económico global como el actual, acompañado de un gasto público irresponsable en la última década (que incluye los subsidios a productos como los combustibles), se volvió insostenible para el estado seguir manteniendo la artificialidad de ciertos precios al consumidor, como los de las gasolinas, dicho de otra forma, la burbuja económica se reventó. Ante estas medidas el descontento social no se hizo esperar, que aprovechado  por el oportunismo político de ciertos actores, desembocó en distintas acciones de rechazo y protesta contra los incrementos de los combustibles, muchas de ellas a raíz de la desinformación.

Estas reacciones sociales pueden ser analizadas desde muchas perspectivas, como hemos dicho, influyen cuestiones políticas y económicas, sin embargo, poco se ha hablado de los fundamentos culturales en términos estructurales que se ven materializados en el contenido discursivo que tienen las protestas, es decir, en el sentido y significado de las protestas se manifiestan ciertas estructuras internalizadas de los mexicanos. Dichas estructuras tienen que ver con aspectos estructurales del estado benefactor, centralizado y paternalista que duró más de la mitad del siglo XX y cuyo epicentro era Pemex y el control estatal de los energéticos que dotaban de inmensos recursos a las arcas de la nación, que si bien trajo beneficios para el desarrollo, también generó ciertos problemas funcionales en las estructuras del estado, pensemos solo en nuestro débil sistema recaudatorio, que durante mucho tiempo fue compensado con recursos de Pemex.

Para decirlo de manera más específica, los mexicanos tenemos internalizadas expectativas respecto a que en ciertos productos de consumo, el estado debe mantener un control de los precios a la baja, los combustibles son uno de ellos, de ahí que tienda al conflicto y a tensiones estructurales que por una parte, se eleven los precios por el retiro de subsidios y, por otra, que resulta mucho peor, que el precio se establezca según las fluctuaciones del mercado. Dicho de otra forma, los mexicanos hemos internalizado los subsidios y los precios artificiales establecidos por el estado, de ahí que una transformación estructural en esos rubros tienda a la desestabilidad social ya que los sujetos no tienen los recursos normativos y axiológicos para operar en este nuevo sistema, de tal forma que se ven reducidas sus expectativas.

Estos problemas  llegaron al punto de que muchas personas, organizaciones y gobiernos buscan obtener un amparo con el fin de que se les venda gasolina al precio más bajo, o incluso al precio del año pasado. Incluso , el Gobierno de la Ciudad de México interpuso un amparo con el fin de que se estandaricen los precios en la entidad, ya que no hay argumento para que haya una regionalización al interior de la ciudad debido a que esta cuenta con infraestructura para una distribución eficiente del combustible, de ahí que sean inequitativas las variaciones de precio dentro de la ciudad. (Vía: Excélsior)

Pero, los juicios de amparo que se emitan en realidad son temporales debido a que en unos meses el precio será liberalizado y establecido por el mercado, es decir, por los distintos competidores que provean el servicio. En ese sentido, los consumidores sin duda se adaptarán a esas nuevas dinámicas sistémicas internalizando otro tipo de normas, valores y expectativas, ya que, recordemos que en lo social, todo tiende a normalizarse, además de que estas tensiones estructurales no son de tal intensidad que culminen en un colapso del sistema social, por tanto beben ser observadas como fenómenos coyunturales.

Véase: Talcott Parsons, El Sistema Social.