¿Por qué seguimos llamando ‘fobia’ al lenguaje de odio?

¿Por qué será que ciertos discursos de odio son catalogados como “fobias”? Una fobia es un miedo inconsciente a algo: las arañas, los payasos, las alturas… Esos miedos tienen una pequeña parte de explicación “biológica”: huimos de lo que sabemos que podría dañarnos, frente a lo que corremos peligro. El odio, en cambio, es un proceso profundamente racional, pues necesitamos explicarnos por qué aquello que odiamos merece ese capital afectivo, por qué no, simplemente, nos “cae mal”. Entonces, ¿por qué el odio a la comunidad LGBTTTQIA o a la comunidad musulmana es una “fobia”?

 

Tratar de dialogar con quien asegura que el Islam, el feminismo o “la ideología de género” es “un cáncer” no sólo resulta cansado, sino imposible: no hay forma en la que la persona en cuestión acepte ver que, por ejemplo, los hombres y mujeres trans no son “enfermos” ni que la “biología” es una verdad monolítica, que los miles de millones de practicantes del Islam no son “extremistas” y que más del 85% de los atentados terroristas ocurren en países de mayoría musulmana… (Vía: Hufftington Post)

El atentado del miércoles en Londres generó, como era de esperarse, una oleada de odio contra la comunidad musulmana (la londinense y la que habita en redes). Una imagen, tomada por el fotógrafo de AP, Jami Lorriman, donde se muestra a una mujer usando un hijab que camina a lado de una de las víctimas, se convirtió en el “botón de muestra” de una supuesta insensibilidad “islámica” frente al dolor o la muerte. Y sólo bastaba acercar la vista a la cara de la mujer y ver su shock, ver otras imágenes y ver a otras personas (blancas) pasar frente al mismo herido que ya estaba siendo atendido… (Vía: Verne)

 

El lenguaje importa: la forma como hablamos se nutre y alimenta cómo es que entendemos la realidad y lo que proyectamos cuando, al mismo tiempo, la leemos. Si seguimos tratando a estos discursos de odio como “fobias”, hacemos dos cosas: comparar el Islam y a la comunidad LGBTTTQIA con arañas y alturas y peligros “reales” y, por el otro, minimizamos el impacto que, en la vida cotidiana de estas minorías, tienen estos discursos de odio.

No, el Islam no son las alturas. No, una persona trans no es una araña.

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