¿Quién o qué está detrás del ataque del Excélsior a Gerardo Esquivel?

Los “periodicazos” no son una noticia nueva en México, aunque se han ido convirtiendo en notas aisladas. Esta vez, el periódico Excélsior y su director editorial, Pascal Beltrán del Río, se han metido en un escándalo por una serie de notas publicadas contra el Coordinador ejecutivo de Investigación del Instituto Belisario Domínguez (IBD).

La nota original, “Funcionario se cuelga de cargo en el Senado”, publicada el pasado martes 18 de julio, es algo… extraña: si bien el título no oculta ningún intento de golpe, el cuerpo del texto comienza reconociendo la labor de Esquivel, aplaudiéndole el aumento en calidad y cantidad de investigaciones que han ayudado a los Senadores a legislar más efectivamente a partir de datos que, si bien han resultado controversiales (particularmente para las agendas partidistas), han logrado llevar por buen camino las decisiones legislativas:

“Desde que Gerardo Esquivel se convirtió en el coordinador ejecutivo de Investigación del Instituto Belisario Domínguez, es innegable la presencia de este centro del Senado en diversas actividades. Organiza foros constantemente para tratar temas de coyuntura como seguridad pública, desaparición forzada de personas, corrupción, seguridad en carreteras, ciencia y tecnología. También tiene un seminario permanente, Problemas Económicos y Sociales de México, que se realiza todos los lunes y toca diferentes temas.” (Vía: Excélsior)

 

Todo lo que viene después de ese párrafo es… digamos… diferente. El periódico (porque el editor, tras la controversia, defendió la nota) acusa a Esquivel de “aprovecharse de su puesto”, salir de viaje para conferencias y congresos sin “pedir permiso” y de exigir un reembolso de casi 5 mil pesos por un congreso al que, dice, asistió por parte de otra institución que no era el IBD.

Constantemente Excélsior cita “documentos en poder de Excélsior, pero en ningún momento los cita ni incluye hipervínculos que permitan conocerlos, si éstos son públicos (como deben de ser todos los documentos del Senado excepto aquellos considerados sensibles para la seguridad nacional), éstos deberían de existir o, por lo menos, citarse.

Al día siguiente, Gerardo Esquivel tomó las redes para denunciar las acusaciones sin fundamento al medio, a través de Twitter, e hizo público que le exigió una réplica a Beltrán Pascal del Río, director editorial del periódico, pero, dijo en una serie de tuits, no recibió respuesta nunca.

Columnistas de diversos medios lanzaron escritos defendiendo el trabajo de Gerardo Esquivel, remarcando su intachable trabajo académico y preguntando a quién le incomoda el trabajo que ha realizado en el Senado: qué agendas afecta, qué intereses está tocando con sus investigaciones, a quién le beneficia el golpeteo que el IBD, y específicamente Esquivel, reciben día a día de “columnistas”.

Y es que, en el México de estos días, los periodicazos no son notas de ocho columnas ni noticias falsas (esas ocurren en tiempo de elecciones y con memes): su espacio es la columna “de opinión”, que enmascara en la defensa de ser “una opinión”, una agenda política que algunas veces es discreta y otras es groseramente obvia (cof, Ricardo Alemán, cof).

El mismo Esquivel es un columnista para El Universal, y ha utilizado su espacio para construir una crítica constante al sistema político y a la forma como utilizan a su beneficio los datos y la ignorancia de los mismos.

En un momento tan crítico como el que nos encontramos: con Trump arriba y las elecciones enfrente, necesitamos encontrar lo que los columnistas nos están queriendo decir en medio de sus “opiniones”, las agendas que benefician y los intereses que arropan.

Porque toda opinión, incluso esta, es una postura política.

Raúl Cruz Villanueva, @reteseida
Editor de Plumas Atómicas

 

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