¿El boicot es la solución para combatir las políticas económicas de Trump?

Starbucks

El nacionalismo exacerbado ha sido la reacción y la respuesta de muchos mexicanos ante los embates del presidente estadounidense Donald Trump contra México. La estrategia planteada por estos sectores sociales es simple, enfrentar el nacionalismo con nacionalismo, el proteccionismo con proteccionismo y el boicot con más boicot, es decir, se encuentran inconscientemente en el mismo nivel de quien están criticando, ya que en realidad están visualizando de manera similar los problemas sociales y políticos, pero sobre todo los económicos, solo que en un sentido inverso, dicho de otra forma, estas reacciones y las acciones derivadas de ellas son inversamente proporcionales a las de Donald Trump y sus seguidores.

Este tipo de reacciones en realidad ponen en evidencia problemas que tienen que ver con un desacoplamiento entre las observaciones, explicaciones y acciones generadas dentro del mundo de la vida cotidiana y, las formas de operatividad y de funcionalidad que tienen los grandes sistemas, observables desde formas de conocimiento mucho más especializado. Dicho de manera más específica, nos enfrentamos al problema ya analizado por autores como R. K. Merton quien distinguía que en las estructuras hay funciones manifiestas y funciones latentes; las primeras refieren a elementos objetivos observables de primera mano por los miembros de la sociedad, mientras que las funciones latentes son subyacentes a la estructura, esto quiere decir que su operatividad no es observable o reconocida por los miembros de la sociedad, sino por observaciones especializadas.

En ese sentido, podemos decir que el funcionamiento sistémico y estructural de los social opera independientemente y de forma distinta de lo que observa y diagnostica el conocimiento de sentido común, pero esto no quiere decir que esto se deba a cuestiones de ignorancia, simplemente se debe a que en sociedades altamente diferenciadas el conocimiento está socialmente distribuido. Esto significa, tal como señalaba Alfred Schütz, que el conocimiento se encuentra fragmentado en la sociedad a raíz de procesos como la división del trabajo, además de diferenciaciones culturales, institucionales y de experiencias sociales dentro del mundo de vida cotidiana, por tanto, el conocimiento científico y especializado a pesar de que se encuentra dentro de esa distribución social del conocimiento, ha generado sus propias formas de operatividad, que específicamente tienen que ver con la generación de observaciones de segundo orden.

Las acciones que buscan responder a los ataques de Trump a México a través del boicot a empresas estadounidenses incitando a que no se consuman bienes y servicios provenientes de dicho país y sustituirlo por productos hechos en México, se enfrentan a problemas como los antes mencionados. Estas medidas parten de supuestos que no necesariamente coinciden con la operatividad del sistema económico, por tanto las acciones derivadas de estas formas de protesta en realidad resultarían contraproducentes para la economía.

Recordemos que la economía en sociedades como las nuestras se encuentra altamente diferenciada en términos operativos, esto quiere decir, en primer lugar que como sistema tiene tal complejidad y tal autonomía respecto a otros sistemas que ha creado sus propios mecanismos funcionales respecto a otros sistemas, como por ejemplo el político cuyo medio de comunicación es el poder o el científico cuyo medio de comunicación es la verdad. Para decirlo de manera más específica siguiendo a Niklas Luhmann, ha generado su propio medio de comunicación socialmente generalizado, expresado en el dinero cuya codificación está asociada a pagos que generan más pagos.

En segundo lugar  podemos señalar que el funcionamiento de la economía, en consecuencia, no se encuentra delimitado por la territorialidad en términos de la configuración de los estados nación, de ahí que ya no haya un anclaje nacional en los procesos monetarios, bursátiles, productivos, logísticos, distributivos y laborales, la globalización opera nos guste o no. En ese sentido, es difícil determinar una nacionalidad particular en las grandes empresas globales, ya que el origen de la empresa puede ser estadounidense, pero puede tener accionistas brasileños, chinos y mexicanos; trabajadores filipinos y japoneses, distribuidores asociados de una empresa colombiana instalada en España, pero que al mismo tiempo también tiene accionistas franceses y alemanes; muchos insumos podrían provenir de países africanos; es decir, a raíz de la globalización económica se han difuminado las nacionalidades en los procesos productivos de bienes y servicios.

De tal forma, la estrategia de boicotear a empresas estadounidenses planteada por ciertos grupos que, desde visiones simples sobre el funcionamiento de la economía y apoyada en un discurso de corte nacionalista, aunque suena coherente y seductora de primera mano, no tiene ningún sentido, ya que de llevarse a cabo significaría prácticamente dispararnos en el pie. Esto debido a que independientemente de que empresas como Starbucks, Ford o Uber son de origen estadounidense, estas son compañías globales que al estar establecidas en nuestro país generan empleos, pagan impuestos y son parte fundamental de nuestra economía.

En consecuencia, boicotear el consumo hacia los productos y servicios de esas empresas, aunque podría afectarlos, sería de manera poco sustancial debido a la presencia y la fuerza que tienen en el mercado global, en realidad, a los que estarían afectando es a los trabajadores de dichas compañías, que paradójicamente son mexicanos. Expliquemos este problema con un ejemplo, un boicot a Starbucks no impacta de manera significativa a los accionistas de la compañía de café, sino a los franquiciatarios y trabajadores mexicanos, y sus respectivas familias, que dependen de esas actividades económicas; asimismo se afecta a los productores mexicanos de café que venden su producto a esa compañía y, por supuesto a los transportistas, también mexicanos, que distribuyen el producto.

Pero lo mismo sucede con los trabajadores de las plantas de automóviles o con los choferes de Uber, quienes también son mexicanos y serían los más afectados de que las empresas donde laboran recorten personal por pérdidas de capital, o peor aún, que salgan del país porque ya no es rentable operar en nuestro país. Es decir, el desempleo de mexicanos es la consecuencia no deseada o no visualizada de promover acciones como el boicot, es necesario entender que nuestra economía se encuentra fuertemente integrada, nos guste o no, en el sistema global, de ahí que las estrategias para combatir la cerrazón de Trump tengan que ser más complejas y no en el mismo nivel pero en sentido contrario.

Si bien es cierto que es necesario fortalecer nuestro mercado interno, esto no se logra mediante el proteccionismo y el nacionalismo, sino a través de un sistema de competencia que permita aumentar la complejidad del sistema económico en el sentido de generar operaciones diferenciadas en donde se encuentren involucrados distintos actores económicos. Dejarnos seducir por el nacionalismo y el proteccionismo económico sería seguir los pasos de Estados Unidos, a quienes tarde o temprano el sistema económico les cobrará factura por el fuerte intervencionismo que busca imponer ya que no están tomando en cuenta los daños colaterales inherentes a las decisiones que están tomando.

Véase:

R. K. Merton, Teoría y estructuras sociales.

N. Luhmann, La economía de la sociedad como sistema auotopoiético.

A. Schütz, El problema de la realidad social.

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