Comey declarará ante Senado sobre Trump: aquí te platicamos qué dirá

La crisis constitucional que se avecina en los Estados Unidos ya parece más una telenovela barata (o una versión muy chafa de El Padrino). El que fuera director del FBI, James Comey, ha aceptado declarar públicamente frente a un comité bicameral que está investigando la posible colusión de Rusia con el equipo de campaña de Donald Trump. El presidente del comité, el demócrata Richard Burr, le exigió algo a Comey: hacer una declaración por escrito y permitir que ésta se publicara un día antes. Ya salió, ya la leímos: te la platicamos.

Todo en la administración Trump, hasta el momento, se ha desarrollado tal como los comediantes políticos lo habían pronosticado: una Casa Blanca sin pies ni cabeza, que es evidente que no tiene ni idea de lo que está haciendo y que, fiel a su discurso en la campaña, no cuida las formas (ni le preocupa el costo que hacerlo podría tener para millones de personas).

La declaración de Comey confirma lo que medios como el New York TimesWashington PostThe Guardian habían estado reportando sobre lo que ocurría “detrás de cámaras” en la Casa Blanca: un presidente que, al no preocuparse en lo más mínimo por las formas y los protocolos construye él mismo las trampas en las que va cayendo: desde su uso desmedido de Twitter, hasta las llamadas telefónicas, sus invitaciones a comer y sus comentarios a diplomáticos, representantes y operadores políticos.

El FBI es una agencia de investigación independiente del poder ejecutivo pero que responde directamente al Departamento de Justicia, su autonomía es vital cuando investiga al gobierno (pero peligrosa cuando investiga a los ciudadanos). De ahí la preocupación de Comey y las agencias de inteligencia cuando, a lo largo de varios memos dirigidos a los altos mandos del FBI, el exdirector relataba los encuentros con el presidente, en los que le “sugería”, le “pedía”, “esperaba” que Comey abandonara toda investigación referente a su exasesor militar, Michael Flynn. (Vía: Washington Post)

En otras presidencias (como con Bill Clinton en 1996 y Richard Nixon a lo largo de 1974), la mera sugerencia de esto a cualquier autoridad o comité que revisara algún caso que involucrara a la Casa Blanca fue motivo de un proceso de desafuero (impeachment); por obstrucción del proceso judicial fueron juzgados: Clinton salió ileso, pero Nixon prefirió renunciar antes de que toda la información sobre él se hiciera pública.

Esta vez, la declaración de Comey y la más que probable investigación penal sobre la campaña de Trump podría llevarlo a una circunstancia semejante… Siempre y cuando el partido republicano reconozca, quizá no el daño que su presidente le ocasiona a la imagen internacional de los Estados Unidos, al menos que seguir apoyándolo puede costarles votos (y, por tanto, dinero). (Vía: The Guardian)

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