¿Por qué creemos que está ‘bien’ prohibir la entrada de niños y padres a espacios públicos?

Un complejo de la cadena Cinépolis en Campeche puso una restricción algo inusual. En la taquilla de su sección VIP se podía leer un letrero en el que indicaba que se prohibía la venta a personas con niños de cero a tres años.

Según la página de Facebook “Campechanidades“, el sitio que subió a redes la imagen en primer lugar, esta medida podía ser exclusiva para la sección VIP del cine, pero, en realidad, se trata del cumplimiento al reglamento cívico de la Ciudad de Campeche. En el artículo 67 de su “Reglamento de espectáculos públicos para el municipio de Campeche” indica que:

“Queda estrictamente prohibida la venta de boletos a personas que lleven consigo a niños menores de tres años a funciones teatrales y cinematográficas.” (Vía: Gobierno de Campeche)

En ese reglamento y apenas unas cuantas palabras después, se informa que la venta de boletos se deja “a juicio del expendedor” en casos de personas bajo la influencia de alcohol y drogas o que “padezcan alguna enfermedad contagiosa”. Aplica para todo el estado, sin embargo, pareciera ser la primera vez que se aplica de forma tan pública. (Vía: Verne)

Vamos por partes: según el gobierno de Campeche, entonces, los niños, los borrachos y los enfermos no pueden participar de eventos públicos (o asistir a funciones con público, para ser más exactos); peor aún, según los legisladores campechanos, son exactamente lo mismo los tres para el orden y la seguridad públicas.

Como era de esperarse, en redes no se tardaron los juicios para la medida que, creían, era tomada de forma unilateral por ese cine. Gente que creía que la medida era necesaria porque “los niños no dejan disfrutar la película” o que “no entendían lo difícil que es dejarlos con alguien”.

Sin duda hay padres que tienen muy poca madre y llevan a bebés a películas de terror o a la última de Transformers y algo de razón han de tener los que dicen que no dejan disfrutar a nadie, ¿pero aislar a los cuidadores, tutores o padres de esos niños es la única medida posible?

Nuestra generación, esta de los “millenials”, se queja (y mucho) de los niños pequeños. Ya estamos repitiendo ese mismo juicio que los “señores ñeñe” aplican con nosotros: “en mis tiempos…” No queremos hijos o no sabemos qué hacer con ellos frente a la incertidumbre laboral, económica y social en la que vivimos.

En cierta medida sí los tratamos como una enfermedad: que se queden encerrados los que tienen el virus, que no nos molesten en los supermercados, en los parques, en los camiones, en los espacios públicos y que quienes los tienen, aprendan que, además de criarlos y mantenerlos, tienen que soportar todos los señalamientos, ataques y burlas que se hará de ellos por, justamente, la forma como los educan.

Sin embargo, las personas que somos, los gustos que tenemos y la forma como aprendimos a relacionarnos con el mundo vino no sólo de nuestros padres y nuestra familia cercana, sino del contacto y la inmersión en la sociedad. Para bien, para mal y para peor construimos y fuimos construidos por las comunidades que nos recibieron.

No tendríamos, entonces, que sorprendernos cuando esos niños, aislados del mundo, rompen constantemente las reglas que no conocen cuando no hay espacios libres para socializar, cuando la principal carga formativa de los hijos está únicamente en unos padres agotados por la doble o triple carga laboral que implica la maternidad contemporánea.

Actualmente, el espacio público se está convirtiendo en diferentes formas de propiedad privada: cines y centros comerciales son los espacios “públicos” por antonomasia en los que, a través del consumo y las reglas de lo privado, se establecen relaciones afectivas y personales. Incluso el gobierno, como en este caso, legisla sobre ellos.

¿Que el cine está en todo su derecho de prohibir la entrada a niños? Definitivamente, al final del día, el espacio es de su propiedad… ¿que el gobierno del estado está en su derecho de prohibir la entrada a niños y a quienes los acompañan? Eso es otra historia completamente diferente.

Raúl Cruz V.