China está a punto de volverse el país comunista más longevo, ¿qué tanto ha cambiado en estos años?

En unos cuantos años China se convertirá en el país comunista más longevo de la historia, superando los 74 años que duró la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas (URSS). El sistema chino ha sobrevivido porque ha sabido mutar a partir de una especie de adaptación a las transformaciones de los contextos globales sin renunciar al control absoluto al interior de su país, es decir, China es todo menos un resquicio trasnochado de la Guerra Fría, tal y como lo son Cuba y Corea del Norte.

De 1949 a la fecha China pasó de ser un país mayormente rural a ser la segunda economía más grande del mundo según las cifras más recientes del Foro Económico Mundial. Esto fue posible gracias a que, desde los años 80, China rompió con los modelos de planificación tradicionales de los sistemas comunistas, los cuales por una suerte de ortodoxia ideológica, dejaban de lado la operatividad factual del mercado, pensando que la colectivización y la estatización de los medios de producción acabaría por eliminar las fluctuaciones del mercado; esto acabó creando burbujas que distorsionaron la economía y generaron fuertes crisis económicas.

Durante el gobierno de Deng Xiaoping en los años 80, a quien podríamos atribuirle la creación de China tal como la conocemos en la actualidad, se implementó desde el estado un modelo económico adaptado a las condiciones y los funcionamientos de los mercados, es por eso, que la economía china, por lo menos al exterior, se ha vuelto literalmente una economía capitalista más.

Sin embargo, el hecho de que China esté integrado al mercado global, no quiere decir que su sistema económico opere de la misma forma que el de las economías capitalistas, ya que en el caso chino es el estado el que al final tiene el control de la economía, de hecho al interior China es proteccionista. Para decirlo de otra forma, la adaptación al funcionamiento del mercado, así como su participación en él, son parte de una política de estado.

A pesar de esta aparente apertura en lo económico, en lo político China sigue teniendo las características de un régimen comunista en donde el estado y el Partido Comunista son una misma cosa, solo recordemos que la consolidación del régimen costó la vida de 65 millones de personas. (Stéphane Courtois, El libro negro del comunismo)

De hecho, en China tenemos los ejemplos clásicos de todo sistema comunista: la educación, los medios de comunicación, la religión y el arte están controlados por el estado y son utilizados como formas de adoctrinamiento y de propaganda ideológica, prohibición y represión de la disidencia política, estructuras políticas verticales burocratizadas y controladas por un Comité Central, no reconocimiento de los derechos humanos, entre otras cosas.

Como podemos ver, el modelo chino no deja de ser comunista como tal, por tanto su hibridación consiste solo en la apertura al mercado global. Pero eso no es cosa menor, y parece ser que ha sido bastante efectivo, ya que en las últimas tres décadas, China sacó de la pobreza a 800 millones de personas y su objetivo es que en 2020 la pobreza en zonas rurales sea de 0; esto lo ha logrado a partir de un promedio de crecimiento anual de entre el 5 y el 7%. (Vía: El País)

Dado todo esto podríamos preguntar ¿Cuánto ha cambiado China? La respuesta es que económicamente ha cambiado mucho, pero políticamente queda todavía mucho a deber, no solo en términos de libertades, sino de la organización de su sistema político controlado por las cúpulas del Comité Central y el Politburó. Solo observemos el recién inaugurado XIX Congreso del Partido Comunista Chino, en donde el presidente, Xi Jinping, seguramente extenderá su mandato cinco años más, tiempo que para muchos analistas le permitirá controlar la estructura del partido para gobernar de facto por más tiempo. (Vía: El País)

Finalmente, China se ha vuelto un actor preponderante del escenario global, sobre todo con el repliegue de los Estados Unidos desde que Donald Trump llegó a la presidencia. Lo irónico de este asunto es que, actualmente, la China comunista se ha vuelto abiertamente un promotor del libre mercado, mientras que el país capitalista por excelencia se volvió un defensor a ultranza del proteccionismo económico. (Vía: El Financiero)