Murió Huberto Batis, editor, periodista y maestro de generaciones enteras

Huberto Batis, director de suplementos culturales y revistas literarias, maestro de muchísimas generaciones en la Facultad de Filosofía y Letras e impulsor de escritores y críticos jóvenes, murió la noche de ayer, 21 de agosto, a sus 83 años.

En la generalogía de la historiografía literaria mexicana (esa obsesión de la crítica de colocar a escritores, críticos y teóricos en generaciones inamovibles y generalizables), Batis forma parte de la ‘Generación de Medio Siglo’ junto con Salvador Elizondo, Juan García Ponce, Elena Garro, Carlos Monsiváis y muchos otros autores que, por primera vez en la literatura nacional, estudiaron Letras y no Derecho en la UNAM.

La verdad, es que Batis no ‘perteneció’ a ninguna generación porque las rebasaba todas y les mentaba la madre a todas. Su trabajo, lo decía una y otra vez en artículos, ensayos y en sus clases, era leer y leer a todos: para leer, decía, es necesario publicarlos: por eso, en los suplementos que dirigió en Uno Más Uno, y las revistas, como Cuadernos del Viento y la Revista de Bellas Artes se leían siempre nombres nuevos: desde una estudiante de letras obsesionada con el cine, como Fernanda Solórzano, hasta periodistas y escritores que, luego, renegarían de Batis.

Para los que estudiamos Lengua y Literaturas Hispánicas en la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM, su clase era un rito de paso y una materia obligatoria. Literatura Mexicana, Iniciación a la Investigación y Teoría Literaria eran sus materias ‘básicas’, a veces daba unos cuantos cuantos seminarios y antes de que la fibrosis pulmonar se agravara impartía también unas materias de los últimos semestres.

En sus clases aprendías de todo… menos de lo que supuestamente trataba la materia: Huberto, entre mentadas de madre y comentarios bastante misóginos (eso no puedo obviar por más cariño que le haya tenido a su clase) te dejaba ver cómo el mundo de las Letras no era uno de ‘elevados espíritus’, sino de chismes, pleitos, celos y roces como de patio de secundaria.

Aprendimos de galeras y procesos editoriales, de conflictos sindicales y los chismes más cochinos de los escritores que más admirábamos (y que, obviamente, admirábamos ciegamente). Por 57 años enseñó todo lo que se necesita saber de la literatura mexicana: no es un altar, sino un chiquero.

Huberto Batis con el suplemento Sábado
Huberto Batis con el suplemento Sábado (Imagen: Especial)

Batis fue de los pocos, de los muy pocos, que apreciaron y respetaron en vida la obra de Elena Garro, fue el único de su generación que estuvo presente en el funeral de una de las mejores escritoras mexicanas, tal como lo escribió Rafael Cabrera.

Las confrontaciones entre Huberto y el círculo de poder de la literatura mexicana fueron constantes y de siempre, por más que siempre fue querido y respetado, prefirió siempre quedar al margen de las galas y los premios internacionales.

Para muchos de sus alumnos, Batis se nos hacía un ser inmortal aunque constantemente enfermo: me cuesta trabajo recordar todas las veces que, triste pero seguro, se despidió del grupo, de sus compañeros profesores y hasta de los burócratas de la facultad, seguro de que no sobreviviría el verano.

Finalmente, la fibrosis pulmonar se lo llevó. Puede que sea un lugar común, de esos que odiaba tanto, pero él vive en todos sus alumnos, en todos a los que impulsó en sus revistas y suplementos, en quienes entendemos que la literatura nacional, más que de libros, es de pleitos.

Hasta siempre, Huberto.

Por: Redacción PA.