Una llamada de Taiwán podría ser un conflicto entre China y EE.UU.

Cada que los medios mundiales reportan una nueva noticia del presidente electo de los Estados Unidos, Donald Trump, por lo general se hace desde la imposibilidad de saber si lo que está diciendo (o haciendo) en ese momento sea un impulso del momento o forme parte de un proyecto de país que él y su equipo haya estado proyectando desde que iniciara su campaña en junio de 2015. Ya sea “regresar” inversiones a los Estados Unidos, nombrar a personajes conflictivos en su gabinete o, en el caso que interesa en este momento, la política exterior.

La semana pasada, quien va a ser presidente de los Estados Unidos recibió una llamada de la presidenta de Taiwán, Tsi Ing-wen. La llamada es cuestión de atención internacional por varias razones. La primera (y quizá la que más ha impactado dentro de la política interna de los Estados Unidos), es porque rompe con el protocolo diplomático que los EE.UU. había establecido respecto a la isla desde que Richard Nixon reiniciara relaciones diplomáticas con el gigante asiático en 1979: esta llamada fue el primer contacto directo (del conocimiento público, al menos) que un presidente estadounidense ha tenido con representantes de Taiwán. (Vía: Reuters)

El segundo motivo, es el efecto dominó que este contacto podría tener en las relaciones entre China y los EE.UU. El gobierno central de Beijing respondió a la llamada culpando al gobierno de Taiwán de “manipular” al magnate neoyorkino: sí, el gobierno de la segunda potencia del mundo calificó al futuro presidente de los Estados Unidos como un sujeto crédulo y manipulable (un niño, prácticamente, si no se ha perdido nada en la traducción). El gobierno chino, que se ha mantenido al margen de todas las acusaciones directas que ha hecho Donald Trump a su país, consideró que este “error” se debe a la falta de experiencia en cuestiones diplomáticas, sin embargo, a través de su vocero del Ministerio del Exterior, Lu Kang, dijo que de profundizarse las relaciones con Taiwán, la “amistad” entre China y los Estados Unidos podría fracturarse irreparablemente. (Vía: The Guardian)

El tercer motivo de la importancia de esta llamada telefónica es que forma parte de una serie de “roces” diplomáticos que el presidente electo ha cometido desde el primer día de iniciado su proceso de transición: el equipo de Trump ha buscado minimizar decenas de llamas de “felicitación” que ha recibido el originario de Nueva York como sólo eso, sin embargo, éstas (las más de las veces) han ido acompañadas de tuits o “filtraciones” a la prensa de los países que llaman, lo que pone estas llamadas dentro de un contexto más complejo: desde conflictos regionales (como el acercamiento, a través, también, de una llamada, entre Trump y Pakistán, uno de los enemigos de uno de los principales aliados estadounidenses: India), pasando por los conflictos de interés de Trump (como el caso de la llamada entre Trump y Macri, que aquí reportamos), hasta el “equilibrio” mundial (el acercamiento a Rusia, pero particularmente a Putin, por ejemplo). (Vía: New York Times)

Lo que esta serie de “errores” diplomáticos tan visibles podría ocultar, según han interpretado en el Washington Post, es que no sean errores sino decisiones planeadas desde mucho antes, incluso, de que Trump fuera el candidato republicano para la presidencia: con “llamadas” así, y la insistencia del equipo completo de Trump de llamar a Tsi Ing-wen “presidenta” de Taiwán, se rompe la política de “Una China” que el gobierno de Nixon impulsara desde 1979; Trump (y su equipo) están marcando no sólo un ritmo “diferente” dentro de la política exterior de los Estados Unidos, sino que podría generar una forma completamente diferente de “leer” ésta: si el gobierno del ejército más poderoso de la historia no se preocupa ya por las formas diplomáticas, ¿lo hará con los protocolos bélicos cuando (esperemos que no) este quiebre de diplomacia termine en conflictos armados? (Vía: Washington Post)