Partido de ultraderecha podría ganar la presidencia en Austria

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“Los hombres hacen su propia historia, pero no la hacen a su libre arbitrio, bajo circunstancias elegidos por ellos mismos, sino bajo aquellas circunstancias con que se encuentran directamente, que existen y les han sido legadas por el pasado. La tradición de todas las generaciones muertas oprime como una pesadilla el cerebro de los vivos. Y cuando éstos aparentan dedicarse precisamente a transformarse y a transformar las cosas, a crear algo nunca visto, en estas épocas de crisis revolucionaria es precisamente cuando conjuran temerosos en su auxilio los espíritus del pasado, toman prestados sus nombres, sus consignas de guerra, su ropaje, para, con este disfraz de vejez venerable y este lenguaje prestado, representar la nueva escena de la historia universal.”

K. Marx, El 18 Brumario de Luis Bonaparte.

Parecería una jugarreta irónica del “eterno retorno”, pero la crisis de la democracia liberal se intensifica, el avance del populismo de corte nacionalista, de izquierda y de derecha, cada vez cobra mayor fuerza. Parece ser que el rechazo a la globalización, al sistema económico, a la democracia y por supuesto a la “otredad”, es un fenómeno que va tomando fuerza en el mundo occidental y que está siendo aprovechado por movimientos políticos que retoman esas emociones para ganar poder político, a través de la estrategia de la construcción de enemigos concretos (Karl Schmitt), entendidos de manera simple como los culpables de la situación que se vive.

Esos enemigos pueden ser de distinta índole, para la ultra-derecha los enemigos son los migrantes y por supuesto el sistema político liberal imperante que ha solapado su llegada, su apuesta económica está dirigida a modelos de fortalecimiento de la economía nacional que traiga de vuelta el auge de la clase media. Para la izquierda el enemigo es de clase social, el empresario nacional y extranjero son construidos como los culpables de todos los males sociales, por supuesto en complicidad con el sistema político liberal que opera solo para favorecer la injusticia, de ahí que su visión económica apunte a que el estado retome el control total de la economía, favoreciendo también la economía nacional.

Dos puntos de vista que en apariencia son contrarios, pero que en esencia buscan obtener el mismo resultado, que es retornar a un estado fuerte de corte paternalista que vele por los intereses de la nación, que no es otra cosa que los intereses de esa mayoría abstracta que es el “pueblo”. Dichos movimientos políticos utilizan la ideología (de derecha o de izquierda) como medio y no como fin, es decir, la utilizan demagógicamente para apelar a aspectos emocionales de las masas, esto quiere decir que utilizan las mismas formas de operatividad política, solo que dichas formas son llenadas con contenidos distintos, no es coincidencia el paralelismo histórico entre el fascismo y el comunismo como sistemas totalitarios anti liberales, o de sus caricaturas actuales, pensemos en Le Penn en Francia y Podemos en España.

Pero, el caso austriaco es paradigmático, el Partido de la Libertad está en la antesala de ganar la presidencia, dicha agrupación política fue formada en los años 50 por ex miembros del Partido Nazi, es decir, es un partido fundado desde doctrinas nacionalistas y antisemitas que a lo largo del tiempo ha añadido nuevos enemigos como los migrantes y los musulmanes, enemigos que se pueden mezclar en un solo concepto. Nobert Hofer, podría ganar este domingo las elecciones presidenciales, siendo el primer presidente europeo de extrema derecha desde la Segunda Guerra Mundial.

En realidad estas elecciones son la repetición de la segunda vuelta de los comicios llevados a cabo el pasado mayo y que fueron cancelados por irregularidades en el voto por correo, en donde Hofer derrotó a una coalición de los partidos de centro-izquierda y centro-derecha, pero fue superado por el independiente Alexander Van der Bellen, apenas por 30 mil votos. A pesar de que el presidente en Austria no está investido de grandes poderes, sí tiene algunos que pueden tener impacto político, ya que puede nombrar o remover ministros y convocar a elecciones parlamentarias.

A pesar de esto, el impacto simbólico de que un neonazi llegue al poder, resulta clarificador para comprender el contexto actual de la política en el mundo occidental, en donde parece ser que el populismo y la demagogia dejaron de ser un fantasma para convertirse en una realidad política. Además, esto podría desencadenar otros hechos y darle fuerza a movimientos nacionalistas en la región, recordemos que Francia, Italia y España corren el peligro de sucumbir ante esas opciones políticas. (Vía: Expansión)

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