Tultepec, una tragedia cotidiana

“El tradicional tianguis de juguetería pirotécnica de San Pablito, está considerado como el mercado de fuegos de artificios más seguro de Latinoamérica, de acuerdo con Juan Ignacio Rodarte Cordero, director general del Instituto Mexiquense de la Pirotecnia, ‘con puestos perfectamente diseñados y con los espacios suficientes para que no se dé una conflagración en cadena en caso de un chispazo'”. (Vía: Comunicación Social Tultepec)

Ocho días antes del incendio y explosión masivas que han cobrado la vida de 31 personas, ha dejado 52 heridos y no se ha podido localizar a 12 personas, el municipio de Tultepec esperaba ansioso la llegada de miles de compradores de fuegos artificiales. 

La población es responsable de poco más de la mitad de la producción de pirotecnia en el país, y el mercado de San Pablito era uno de los más grandes, pero, también, con apenas 16 años de existencia, ha  acumulado incidentes constantes a pesar de que una y otra vez los permisos, concedidos por la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) y el Estado de México, han exigido medidas más estrictas para garantizar la seguridad de los pobladores, los locatarios y los visitantes. (Vía: Noticias MVS)

En 1997, 1998, 2005, 2010 y 2012 se han registrado incidentes en Tultepec, algunos ocurrieron en polvorines clandestinos, otros en ese mismo mercado o en fábricas con permisos en regla. Más de la mitad de la población vive de la producción de fuegos de artificio, por lo que esos mismos polvorines eran constantemente denunciados por los pobladores y las regulaciones, supuestamente, garantizaban que las condiciones en las que trabajaban eran seguras. La explosión, que llegó a ser noticia internacional, demostró que no. (Vía: Aristegui Noticias)

Aún no se tiene certeza sobre el origen del incidente, o, siquiera, si incluso lo fue, pero lo ocurrido alza preguntas urgentes sobre qué regulan los permisos otorgados por la Sedena y el Estado de México, qué, además de la experiencia comunitaria, puede garantizar la seguridad de quienes saben que trabajan con el riesgo entre las manos. Más que cancelar un trabajo que, según algunos estudios históricos se remontan hasta mediados del siglo XIX; más que insistir en que la explosión es producto de la corrupción (como ya ha aparecido en redes sociales), ¿no habrá problemas, más bien, en la forma como el Estado regula actividades riesgosas? No sólo los accidentes constantes en Tultepec, sino también las fugas de gas y crudo de Pemex o los trabajos “riesgosos”  como la seguridad privada o la posesión de armas?

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