TIME declara a Trump la “Persona del Año”

La revista Time lleva casi cien años eligiendo a una persona que, a lo largo del año, ha reunido en sí la atención mediática y alrededor de quien se discutió constantemente, como dice la editora en jefa de la revista, Nancy Gibbs, “para bien o para mal”. A lo largo de 90 años, este nombramiento se ha dado a personajes tan polémicos como Adolf Hitler y Yosef Stalin. Ahora, siguiendo una tradición en año de elecciones, la revista decidió dedicarle el título al presidente electo, Donald Trump.

Si bien la noticia no es algo que sorprenda (es imposible negar el impacto del neoyorkino en este año y los venideros), los motivos por los que la revista decantó su elección hacia él es algo que vale la pena revisar: más que la persona, más que los escándalos en campaña y los errores y traspiés que ha cometido en las semanas posteriores de la elección. El título de “persona del año” se le está dando por la situación de encono profundo que supo utilizar: el enojo de una clase media desquebrajada y la alienación de una clase política (de ambos partidos) que se ha alejado de su base electoral.

En dos textos que explican el porqué de la decisión, el firmado por la editora en jefe cierra con:

“Por recordarle a los Estados Unidos que la demagogia se alimenta de la desesperación y que la verdad sólo es tan poderosa como la confianza puesta en aquellos que la dicen, por empoderar a un electorado escondido al poner en el centro su furia y transmitir en vivo sus miedos, y por enmarcar la política del mañana en la destrucción de la de ayer, Donald Trump es la Persona del Año 2016 para TIME.” (Vía: Time)

El otro artículo es un análisis largo no de las políticas de Donald Trump, sino de las condiciones que, en la política, economía y el discurso público mismo, fueron la preparación para su llegada a la Casa Blanca, de los mecanismos retóricos y políticos de los que se valió para aprovechar esas condiciones, pero, sobre todo, de que esta victoria no vino “de la nada”, sino que se fue construyendo de a poco, desde hace años: desde el lema de campaña de Barack Obama en 2008, las fallas del sistema económico durante la crisis, hasta la espectacularidad de la vida política actual, todos fueron construyendo el camino que nos ha colocado a unas semanas de que el presidente electo Donald Trump tome posesión de la Casa Blanca.

Una de las contradicciones más fuertes de Trump ha sido que su propio estilo de vida sea tan ostentoso mientras se dice “la voz” de los millones de estadounidenses pobres. La contradicción no se le escapa y, en la entrevista que acompaña estos textos, Trump dice que a él no le deja de sorprender, pero que “lo aman y él los ama”, e incluso “representa a los trabajadores del mundo”.

Time no pierde en remarcar que quizá lo que podría caracterizar a la presidencia de Trump será la “improvisación”: frente a un público, el magnate libera cualquier restricción de lógica, diplomacia o política pública y, sabiendo leer a quienes lo están escuchando, promete y ataca sin otra preocupación más que su público. El caso ejemplar de esto fue la promesa en campaña de impedir el cierre de la planta de aires acondicionados Carrier en Indianápolis, In., porque sería trasladada a Monterrey, N.L. En la entrevista con Time, el mismo presidente electo aseguró que no recordaba esa promesa, y fue hasta que vio un reportaje en la televisión sobre los trabajadores de esa fábrica que “tuvo que hacer algo” y (de nuevo, todo viniendo de su propia voz) amenazó a la compañía, le prometió recortes de impuestos y regulaciones ambientales y laborales con tal de que se quedaran en Estados Unidos.

Michael Scherer, el autor del texto crítico de Trump, remarca la visión de “hombre de ventas” del republicano, que gran parte de sus declaraciones cuadran con el personaje que ha trazado desde hace años y que, hoy, está por ser el presidente 45 de los Estados Unidos, a partir de “performance”, como el que durante la plática sobre Carrier, mandara llamar a quien será su jefe de asesores, Reince Priebus, para que “hiciera una lista de todas las compañías que han anunciado que se irán”, cuando a través de comunicados y el mismo Twitter del presidente electo, se sabe que llevan semanas poniéndose en contacto con esas compañías.

La revista Time sabe que su elección es polémica y sabe, como lo han sabido los medios desde que Trump lanzara su candidatura en junio de 2015, que es un gran gancho de venta. Gibbs deja en manos de Trump la posibilidad de que sea su trabajo desde la Casa Blanca el que acerque a un país que, como nunca en su historia moderna, ha estado tan dividido políticamente como ahora.  Trump, según Time, es el “presidente de los Estados Divididos de América“, como en muy pocas ocasiones, un slogan puede ser tan certero en su crítica.

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