Sinaloa envuelta en enfrentamientos y el gobernador en el estadio viendo beisbol

Desde este domingo 5, Culiacán, la capital de Sinaloa, y sus poblaciones aledañas, han sido el epicentro de una serie de ataques entre grupos armados. Doce personas fallecidas en medio de una ola de violencia que los sinaloenses no veían desde el 2008, con la llegada del Ejército para enfrentar al Cártel de Sinaloa.

Mientras algunos ataques, como el ocurrido la madrugada del martes, fueron organizados, la mayoría han sido enfrentamientos aleatorios. El gobernador, Quirino Ordaz Coppel, acaba de entrar en funciones, con poco más de un mes en la Casa de Gobierno, su respuesta ha sido, cuando menos, insensible: pide “tiempo y paciencia” a una población que sabe en carne propia del miedo a una bala perdida. (Vía: Animal Político)


Los recuerdos de lo ocurrido a lo largo del 2008 reaparecieron en una comunidad que, en medio de los enfrentamientos, fue la sede de la Serie del Caribe de beisbol. El martes, al mismo tiempo que el equipo mexicano jugaba contra Puerto Rico por el título, otro enfrentamiento se estaba desarrollando en Villa Juárez, Navolato, donde una joven embarazada murió por una bala perdida y, junto con ella, otras tres personas -aunque varios testigos apuntan que fueron cinco los caídos. A través de mensajes de Whatsapp y otras redes sociales, se regaron los videos y testimonios de lo ocurrido y, antes de que terminara el partido, la gente vació el estadio donde el gobernador, sonriente, parecía que no sabía (o no le importaba) la violencia que había tomado a su estado. (Vía: Ríodoce)

El único comunicado oficial del gobierno de Ordaz Coppel ha sido que, a pesar de los enfrentamientos (y de la paranoia generalizada en la población), no se cancelan las clases, pues, según la cuenta oficial de Twitter del gobierno, se trata de “información falsa”. A pesar de ello, 148 escuelas cerraron sus puertas el miércoles, ante lo que el subsecretario de Educación Básica del estado informó que no se tomarían represalias contra las instituciones que lo decidieron así.

Los cambios en la penalización de la marihuana en los Estados Unidos y la deportación de Joaquín, “El Chapo”, Guzmán, además del desgaste de las fuerzas armadas por el evidente fracaso de la militarización de la seguridad pública, son, para Adrián López Ortiz, director de Periódicos Noroeste, los principales responsables del repunte de la violencia:

“Por otro lado, la militarización tiene diversos efectos por atender. Sin los cables naturales del crimen organizado con la policía, los grupos delictivos pierden capacidad para coordinarse y atacar a sus enemigos de manera efectiva, lo que genera caos. Además, se sabe que de cara a la legalización de la mariguana en California y otros estados de la Unión Americana, el Cartel de Sinaloa ha empezado a diversificarse hacia la producción y comercialización de heroína y metanfetaminas, lo que hace que la mariguana empiece a ser más importante desde el punto de vista del narcomenudeo local. Por eso las pugnas entre grupos locales se tornan más violentas, ahora el territorio cuenta no solo como ruta comercial sino como mercado interno.” (Vía: Sin Embargo)

Sin evidencia de que la presencia de las fuerzas armadas sea una medida efectiva contra la violencia del crimen organizado, con un repunte claro en el número de asesinatos y crímenes mayores en el año pasado y lo que va de éste, ¿cuál será el punto de quiebre para que los gobiernos federal y estatales se den cuenta de que urge otra estrategia?

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