Trump cancela DACA, deja a 800 mil sin saber si serán deportados a un país que no conocen

Hoy en la mañana, Jeff Sessions, todavía fiscal general de los Estados Unidos anunció un par de medidas que confirmaron el temor de que el Acta de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA, por sus siglas en inglés) será rescindida pronto por Donald Trump.

  1. El Departamento de Defensa, a su mando, y el de Seguridad Nacional ya no aceptarán solicitudes para DACA de los jóvenes migrantes que busquen protección de la orden ejecutiva firmada por Barack Obama en 2012.
  2. Los beneficiarios cuyos permisos por DACA tengan una caducidad de menos de seis meses podrán pedir una renovación (estos se validan cada dos años), pero, para los que no tienen que renovar en ese lapso, se abre la posibilidad de que sean deportados tan pronto como en marzo de 2018. (Vía: New York Times)

Sessions, quien a lo largo de su carrera como congresista se distinguió como un republicano xenófobo y racista, fue de los principales impulsores del fin de DACA desde la administración de Obama, cuando era senador por Alabama.

Entonces, se acusaba al presidente de extralimitarse y firmar una orden “sin trabajar junto con” las cámaras legislativas, mismas que en repetidas ocasiones bloquearon, incluso, la discusión de la ley DREAMER (la misma por la que, hoy, conocemos a los beneficiarios de DACA como “Dreamers”). (Vía: The Guardian)

Hoy, con el anuncio de Sessions y la insistencia de Trump de limpiarse las manos del problema, deja a 800 mil personas en una situación tan precaria como peligrosa para su vida cotidiana como para la misma política interna de los Estados Unidos.

En muchas ocasiones, Trump insistió en que los Dreamers no serían deportados, que no tenían nada que temer y que DACA no correría peligro en su administración, a pesar de que el discurso racista y xenófobo con el que se impulsó como candidato republicano hacía todo para poner nerviosos a cada uno de los 800 mil.

En el discurso (que quizá lo más correcto sería llamarlo “anuncio”) de Sessions se mezclaron dos lenguajes que, en teoría, deberían de ser excluyentes: por un lado, la xenofobia que lo marca a él y a la administración de Trump, y, por el otro, un muy breve intento de conciliar con los que, a partir de mañana, serán tratados “como cualquier otro ilegal en el país”.

Mientras decía que no se les está equiparando con delincuentes o “sujetos peligrosos”, insistía en las acusaciones que la derecha le lanza a todos los “extranjeros ilegales” (“illegal aliens”): roban trabajos, son delincuentes -o amenazan con serlo- y ponen en peligro a “decenas de miles” de verdaderos ciudadanos estadounidenses. (Vía: New York Times)

La decisión de Trump de cancelar DACA, y de hacerlo a través de tuits, quizá sea la política más costosa a su imagen pública, en una presidencia marcada por fallos, errores y costos. El líder republicano en el Congreso, Paul Ryan y otros altos mandos de su propio partido ya han comentado la terrible idea que esto sería, mientras que en varios puntos del país ya están organizándose protestas in promptu.

En Denver, por ejemplo, en la Universidad de Colorado, cientos de estudiantes salieron de sus salones para hacer una manifestación en su campus para protestar la decisión de Trump y de su fiscal general.

DACA era una medida para proteger a los menores que fueron llevados junto con sus padres a los Estados Unidos, y por años, aún entre los debates más ríspidos en el Capitolio, se defendió el ejemplo de los Dreamers como el “inmigrante ideal” (lo que en sí mismo genera muchos problemas, pero por ahora no entremos en profundidades). Hoy, dos xenófobos que no son capaces de ver la imagen más amplia de lo que están por hacer, destruyeron uno de los “baluartes” del ideal estadounidense: la equidad de oportunidades.

Al menos, los 13 millones de migrantes legales e indocumentados que siguen viviendo en Estados Unidos saben quién es quien, de verdad, construyó el país que, hoy, está amenazándolos.

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