Meade a priístas: ‘a chingarle para ganar’

José Antonio Meade, el ciudadano que abandera al PRI para la presidencia, está comenzando a concretar su metamorfosis partidista. Aunque desde un principio dijo que no sería así, ahora que despertamos, el dinosaurio está en él.

En un evento en Jalisco, donde refrendó su compromiso con el partido y su gente, se sacó su declaración más priísta hasta el momento, en la que destacaron dos cosas: no va a dejar de hablar de AMLO y que los discursos priístas son rancios como la leche cortada.

“Ya sabemos qué no queremos para el país. No queremos a un Andrés Manuel López Obrador que se pelea con los empleos, que se pelea con la educación. Desde aquí le decimos: Andrés Manuel, ¡vas a volver a perder!” (Vía: Excélsior)

También hizo un llamado, como todo gran líder priísta, a que la gente que sigue al partido se una como el gran ejército de Sauron que es, para defender su posición como la organización política más vieja de la que tenemos recuerdo en México.

“¿Cuento con ustedes como un ejército que no va a descansar, que le va a chingar todos los días hasta que ganemos el primero de julio?” (Vía: Milenio)

Por supuesto, es necesario que entre en ese papel de candidato, de abanderado, porque sinceramente su presencia no despierta mucha simpatía y eso lo tiene, en este momento, en el tercero lugar de las preferencias electorales, donde las opciones debajo de él son dos independientes de dudosa procedencia.

Las promesas de campaña y su plataforma política por ahora son del mismo territorio que las de sus competidores: la propaganda más superficial. Es necesario para todos ellos, primero, asegurar el voto de sus adeptos más cercanos, que representan sus aspiraciones más certeras de llamar a los demás al voto.

Por otro lado, era evidente que esto no iba a ser posible sin que Meade, el que se dice de ningún partido, se transformara en un militante de dicho partido. Sobre todo, si consideramos que en ningún momento su candidatura ha sido vista con ojos bonitos por el electorado, para el que es, más que nada, un desconocido.

Ahora, el PRI vive en él como las dudas en su declaración 3 de 3 (que eso también resulta harto priísta).