Porque la originalidad es todo: Meade repartirá monederos electrónicos durante campaña

La originalidad está de moda dentro del proceso electoral de 2018. Todo, porque primero José Antonio Meade refriteó un spot de Justin Trudeau para comenzar su precampaña; después porque Anaya se semi-voló una ponencia; y ahora porque Meade está recuperando las campañas priístas más recientes.

Comenzamos a darnos cuenta de esto, cuando ayer anunció su estrategia para generar confianza en el electorado y dar constancia de su compromiso y todo será mediante firmar compromisos, así como Peña Nieto cuando se lanzó para gobernador y presidente. Ahora, para complementar ésto lanzó una nueva propuesta que tendrá otra vieja y confiable: los monederos electrónicos. (Vía: El Financiero)

Los compromisos que haga Don Pepe Meade (que se pronuncia Mit) vendrán acompañados de una linda tarjeta con un poco de dinero, para que cada ciudadano tenga los recursos para que cada uno logre los sueños que tenga y le mande al Registro Nacional de Necesidades de Cada Persona (lo que sea que esto signifique o pueda hacer).

“Este certificado es el certificado de un nuevo compromiso entre tú y yo, un compromiso que voy a honrar cuando, con tu apoyo, ganemos juntos la presidencia de la República. Este documento es mi pacto contigo, en el que establezco mi firma y pongo mi palabra garantizándote que atenderé lo que has perdido” (Vía: Sin Embargo)

Claro, estas tarjetitas tienen una firma falsa de Meade (o sea, no de su puño y letra) que, ciertamente, no tiene precisamente validez, si es lo que alguno se preguntaba. Lo que sí tiene, o debería tener, validez es su compromiso firmado con cada uno, que para llevarlo a cabo tendrá el complemento de unos pesitos que siempre son bien recibidos por casi todos.

Esta práctica se está haciendo común durante las campañas electorales, y no solo de parte del PRI (tenemos el ejemplo del PRD en Coyoacán, dentro de la CDMX). No existe, en realidad, gran problema en su uso, pero este representa una gran disyuntiva para las autoridades electorales, porque está justo en la línea entre el llamar al voto, coaccionarlo y comprarlo.

Foto: Rashide Frías / Cuartoscuro

Brevemente, para que sea considerado delito electoral esto, tendría que haber de por medio coacción mediante el uso de la fuerza o la suplantación de identidad o el robo de los documentos electorales para realizar el voto. De lo contrario, no existe una prueba fehaciente que pueda comprobar que, efectivamente, esto compra un voto, porque finalmente la decisión la tiene el votante dentro de la casilla.

Ahora, es evidente que el uso de recursos para llamar al voto a través del beneficio económico inmediato corresponde a una realidad social y cultural en México, en la que los procesos de elección popular son vistos, por muchos, como una oportunidad para conseguir cosas a cambio de la mera promesa (nunca sabremos si se hace efectiva) de votar por alguien o de no hacerlo.

Foto: Proceso

Por otro lado, que el PRI atienda siempre a esta forma de proceder nos da una idea de que sí funciona, o al menos parece ser esa la constante en los otros cuatro procesos en los que sucedió: Peña Nieto con sus tarjetas de Soriana en 2012; Eruviel Ávila con “La Efectiva” en el Estado de México; y finalmente Alfredo del Mazo con la Tarjeta Rosa dentro del mismo Estado.